De la Espriella asume el costo de la falta de empalme: enfrenta el terremoto sin director propio en la gestión de desastres
El presidente Abelardo de la Espriella esperaba arrancar su Gobierno esta semana junto a las fuerzas militares para cumplir con su promesa de mano dura, pero el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia le obligó a cambiar su agenda. Aunque días atrás anunció a su elegido para dirigir la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y de Desastres (UNGRD), la entidad encargada de reaccionar rápidamente para mover equipos y recursos ante terremotos u otras calamidades, no lo ha nombrado oficialmente. A la hora de la emergencia, seguía al mando Javier Pava, un experto y amigo cercano del ahora expresidente Gustavo Petro. El petrista fue quien dio la cara ante los medios en los primeros momentos de la emergencia, en un símbolo de los problemas administrativos que enfrenta De la Espriella tras una transición tan difícil que no tuvo reuniones de empalme —proceso de transición— en las entidades.
En julio, el nuevo mandatario anunció que su elegido para ese cargo es el geólogo antioqueño David Tamayo, quien tiene estudios en gestión de desastres y experiencia en el tema, pues trabajó en la Unidad Municipal de Gestión del Riesgo del municipio de Sabaneta, en el área metropolitana de Medellín. De la Espriella hizo el anuncio justo después de reunirse con el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, y el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, y como parte de un acercamiento al departamento más rico del país, bastión de la derecha. Hasta el momento, la Presidencia no ha emitido el decreto de nombramiento de Tamayo, quien, por lo tanto, no puede aún tomar posesión del cargo, y Pava ha anunciado que dejará su puesto en la noche de este martes. La UNGRD está al borde de quedar en la interinidad.
No es todo. Tamayo llegaría con el enorme reto de preparar a Colombia para el esperado fenómeno de El Niño. La haría a pesar de nunca reunirse, ni él, ni miembros de su futuro equipo, con la administración saliente de la entidad. Los gobiernos entrante y saliente, en las antípodas ideológicas y fuertes críticos del otro, chocaron por la lógica y significado de esos encuentros, hasta el punto de no realizarlos.
“El problema de no hacer empalme es que no saben lo que reciben, no saben qué está funcionando, no saben si reciben la entidad como una tacita de té o si todo les va a parecer una porquería”, dice Carlos Carrillo, director de la UNGRD de marzo de 2024 a junio de 2026, durante el Gobierno Petro. “Es muy duro para el nuevo director. La UNGRD es una entidad enorme, casi ingobernable, y muy reactiva: debe estar respondiendo todos los días a algo, porque todos los días pasa algo, y eso hace difícil solucionar los problemas estructurales. Otro de los grandes desafíos es que hay un cartel de la corrupción enquistado ahí, que responde a congresistas y clanes políticos”, añade el político de izquierda.
El reto de la corrupción no es menor, pues el mayor escándalo del Gobierno Petro ocurrió en esa entidad antes de Carrillo. La dirigía Olmedo López, viejo aliado del expresidente Petro. Justamente, cuando De la Espriella anunció a Tamayo le pidió “limpiar ese nido de bandidos que se tomó esa institución”.
Carrillo cuenta que, en los dos meses que lleva Pava en la UNGRD, se fueron los subdirectores de la entidad, además de otros funcionarios que no son de carrera. Con el equipo directivo ya desmantelado, Tamayo enfrentará una cuesta aún más empinada para entender el estado de la institución y poner en marcha los programas urgentes tras un terremoto que deja por lo menos dos centenares de muertos y daños materiales y económicos aún por calcular.
“Tuve la impresión de que están improvisando, porque no siguen los protocolos”, añade Carrillo, quien es crítico del nuevo Ejecutivo. “Eso de dividirse el país por regiones no se hace, pues todo se centra en el PMU de Bogotá, por eso se llama Puesto de Mando Unificado. Vi una primera foto con muchas corbatas cuando habló el presidente, cuando allí debía aparecer más bien la Fuerza Aerospacial Colombiana, el comandante de la brigada de atención de desastres del Ejército, las cabezas de la Defensa Civil, los Bomberos, la Cruz Roja”, explica.
En ese primer comunicado desde el PMU de Bogotá, acompañaban al mandatario su vicepresidente, José Manuel Restrepo, y sus ministros del Interior y de Vivienda. También estaba Carlos Ríos, director del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (DAPRE), uno de los cargos más importantes del Ejecutivo. Ríos fue gerente de la campaña de De la Espriella y justo antes dirigió el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo y de Desastres de Antioquia, de la mano del uribista Rendón. Ese es un punto positivo para De la Espriella: la mano derecha del presidente entiende el reto de la entidad que asume los terremotos, y puede tomar la delantera.
En todo caso, al reto de la falta de empalme se ha sumado el de la ubicación geográfica del presidente. De la Espriella estaba en Barranquilla en la mañana del lunes, cuando ocurrió el desastre, prueba de su intención de gobernar desde fuera de la capital. Su agenda del día pasaba por visitar el departamento caribeño de La Guajira, pero debió cancelar esa agenda para viajar a Bogotá para reunirse presencialmente con los directores, ministros y las cabezas de otras instituciones necesarias, para activarse en medio de una emergencia. Es allí, en las oficinas de la UNGRD en Bogotá, donde está la sala de crisis nacional que centraliza la información de los consejos departamentales de gestión de riesgo, y donde el Gobierno debe aterrizar. Desde dónde debería organizar la comunicación de la emergencia, las ayudas necesarias, las cifras del desastre. Más de 24 horas después del sismo, no hay aún una cifra unificada y comunicada de forma pública sobre ello, más allá de los discursos puntuales del presidente frente a las cámaras.


