Política

Crimen de Tauste: las 72 horas que llevaron a Carlota y su novio a prisión acusados de matar a los padres de ella

Carlota actuó de forma extraña desde que se conoció el asesinato de sus padres. Cuando tres familiares acudieron a su vivienda en Zaragoza a darle la noticia, el domingo 9 de agosto, ofreció unas explicaciones confusas sobre por qué no había ido a la comida del día anterior, en la que se supone que iba a coincidir con ellos. Además, llevaba gafas de sol cuando no eran necesarias y se le notaban heridas y golpes en la cara y un brazo. Uno de esos familiares le recomendó ir a urgencias y eso hizo. Al día siguiente, fue detenida junto a su pareja, Luis Carlos Rivera, por su presunta participación en el homicidio de Javier Sánchez, de 67 años, y Esther Latorre, de 66, un caso que ha supuesto un terremoto entre quienes los conocieron y también en el mundo sindical, agrario, político y activista del que formaban parte. La salud mental de Carlota será clave a la hora de dirimir su responsabilidad en el crimen.

Javier y Esther, destacados miembros de la Unión de Ganaderos y Agricultores de Aragón, fueron hallados muertos por heridas de cuchillo. Él estaba en la cama, en el piso superior; ella, en el descansillo. La investigación apunta a que primero falleció él, mientras que su mujer trató de bajar las escaleras para huir. Fuentes cercanas al caso creen que las heridas que sus familiares vieron a Carlota se pudieron producir en un forcejeo en ese momento.

Los testimonios de los vecinos y la autopsia sitúan el momento de la muerte en la madrugada del sábado 8 de agosto. Los cuerpos fueron encontrados por un cuñado de la pareja unas horas más tarde, después de que las víctimas faltaran a una comida por el cumpleaños de Esther que habían programado ese día. La última vez que se les vio en el pueblo fue el viernes por la noche, en una cena en la que la pareja se retiró sobre la una de la madrugada. Dos horas más tarde, el hombre se conectaba al móvil por última vez. Los vecinos aseguran haber oído un grito media hora después. Una de las hipótesis es que Carlota, de 40 años, y Luis Carlos Rivera, colombiano de 31, los estaban esperando en la vivienda. Unas cámaras de videovigilancia del domicilio registraron la llegada de los dos detenidos al pueblo el viernes por la tarde y su marcha el sábado por la mañana.

Cuando la noticia de la detención empezó a correr de móvil en móvil, acababan de cerrarse las puertas del velatorio del matrimonio, ubicado a solo unos metros de la casa de la pareja, el lugar del crimen. Los vecinos que fueron a ofrecer sus respetos ya habían vuelto a casa y los familiares acababan de marcharse. La hija mayor, Carlota, no había acudido.

En ese momento, muchos dieron por hecho que un acontecimiento así iba a suponer un golpe especialmente desestabilizante para ella, que según fuentes cercanas al caso padece esquizofrenia. Pero los familiares más cercanos seguían preocupados por la reacción de Carlota del día anterior y también por la noticia que les había dado en ese encuentro: les anunció que estaba embarazada de tres meses. Los investigadores sospechan que este y otros asuntos legales pudieron ser los detonantes de la tragedia.

En una investigación policial, el porqué no importa tanto como el quién y el cómo. La autoría y la premeditación las demuestran las pruebas. Por eso los agentes de Criminalística de la Guardia Civil han estado tres días recabando pruebas en la casa de Javier y Esther y han agotado las 72 horas que la ley permite tener a los detenidos en el calabozo antes de pasar ante el juez. Esto sucedió este jueves, en Ejea de los Caballeros (Zaragoza, 17.129 habitantes), a cuyo juzgado llegaron los detenidos a las nueve de la mañana. La jueza puso delante de los dos abogados de la defensa 300 folios de atestado para que pudieran estudiarlos durante unas horas antes de la vista en la que se decidiría si Carlota y Luis Carlos ingresaban en la cárcel. En esa vista, la jueza los mandó a prisión provisional. Ellos guardaron silencio. Las principales pruebas que tuvo en cuenta fueron las cámaras que los registraron al llegar al pueblo, así como la actividad de sus móviles.

“Que estuvieran en el pueblo no indica nada, iban regularmente. Y las antenas de móvil no los posicionan en la casa”, asegura Sergio Piracés, abogado de Luis Carlos. El letrado incide en que la investigación está en un momento muy inicial y que ahora mismo ni siquiera apunta a alguno de los dos como autor material. Los dos acusados estarán representados por diferentes letrados, “por si en algún momento hubiera intereses incompatibles”.

La detención de Carlota y Luis Carlos se produjo en Zaragoza. El entorno trata de digerir ahora este vendaval y se prepara para la disección vital que supone una investigación judicial. La salud mental de la detenida será, con toda seguridad, una pieza clave para dirimir su grado de responsabilidad penal.

“Si Javier estuviese vivo, estaría en el juzgado acompañando a su hija”, asegura un amigo de la familia. Esta frase aúna la disposición que tuvo siempre el padre para ayudar a Carlota y luchar por ella. El matrimonio se caracterizaba por pelear hasta por las causas más perdidas y esa filosofía aplicaron también en su casa. Nunca le dieron la espalda a su hija mayor, a pesar de las desavenencias que habían tenido durante gran parte de su vida. Sin ir más lejos, les habían cedido a ella y a su pareja un piso del que eran dueños en Zaragoza y Javier también se había volcado en ayudar a su yerno Luis Carlos para que regularizase su situación en España y encontrase trabajo. El matrimonio tenía otra hija, menor que Carlota.

Según sus allegados, Carlota y Luis Carlos habían empezado su relación apenas hace unos meses, en torno a marzo. Javier y Esther habían acogido a este nuevo novio como a uno más de la familia, según fuentes del entorno del matrimonio. Les parecía que había aportado a la hija un periodo de relativa estabilidad. De vez en cuando, la joven pareja pasaba jornadas en el huerto que la familia tenía en Tauste, un pueblo de 6.838 habitantes, y era el propio Javier el que los llevaba y los traía de Zaragoza.

La semana anterior al crimen, Esther y Javier habían recibido en casa a una pareja de amigos, que se quedó a cenar y dormir una noche en la vivienda. A ese encuentro también asistieron Carlota y su novio. Según fuentes cercanas a la investigación, la cena transcurrió con normalidad, aunque los amigos sí percibieron después un comportamiento extraño en la hija y el yerno.

En el homenaje que los allegados dedicaron al matrimonio, un compañero de Vida Campesina ―un movimiento internacional en defensa de los agricultores y ganaderos―, recordó que Javier había recorrido buena parte del mundo para luchar por los derechos de la gente del campo. “Si no hablaba el idioma, se hacía entender”, dijo. Otro colega, este de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (Uaga), José Antonio Miguel, reseñó las dotes negociadoras de Javier: “Si lo tenías al lado, estabas tranquilo; si estaba en frente… jodido”.

Ángeles Ramón, amiga de Esther, recordó en esa cita que la mujer “hizo del feminismo su bandera”, y Lola García, otra de sus íntimas, contó que cada semana daba clases de conversación a niños migrantes del pueblo. “Y me consta que las madres estaban encantadas con ella”, señaló. Carlos Alegre, primer alcalde de Tauste en democracia mientras Esther fue concejal, recordó su participación en la creación de la primera Casa de la Cultura que se levantó en España tras la dictadura. El mismo lugar que, 50 años después, acogió su acto de despedida, presidido por una foto del matrimonio levantando los brazos mientras sonaba Somos, de José Antonio Labordeta, una canción de lucha social por la igualdad y la libertad que es todo un himno en Aragón.


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