Crimen de Tauste: la investigación se centra en esclarecer el papel de la hija y su novio en el homicidio y en cómo llegaron a la casa
A las 3.27 de la madrugada de este sábado 8 de agosto, un vecino de Tauste (Zaragoza, 6.800 habitantes) se levantó al baño. Oyó unos gritos provenientes de la casa de al lado. “¡Javier! ¡Javier!”. Media hora antes, a las 2.54, ese Javier se había conectado por última vez a su WhatsApp. Todo apunta a que la muerte le llegó a él y a su esposa Esther entre esa última conexión y el grito que escuchó su vecino. Sus cuerpos fueron hallados unas horas más tarde, al atardecer, asesinados a cuchilladas. Él se encontraba en la habitación y ella en las escaleras. Pronto todo el mundo supo que habían matado a Javier Sánchez y Esther Latorre, un conocido matrimonio de dirigentes agrícolas, muy comprometidos en lo social y con una constante actividad por el pacifismo.
Su hija mayor, Carlota, y su novio, Luis Carlos R. fueron detenidos este lunes a mediodía por la Guardia Civil, acusados del crimen. La investigación apunta a que la pareja había acudido a la vivienda de los padres de ella para hablar de un tema personal y que este pudo ser el origen de la tragedia. La escena del crimen indica, en principio, que Javier fue sorprendido mientras dormía en su habitación y que Esther empezó a bajar las escaleras, pero no pudo llegar hasta el final. Pero todavía quedan muchos interrogantes. Carlota y Luis Carlos no tenían coche y los dos vehículos del matrimonio estaban aparcados delante de la vivienda, por lo que queda por aclarar cómo llegaron a la casa, si se habían visto antes o los estaban esperando en el interior y cómo se marcharon después.
Javier, de 66 años, era un hombre de gustos sencillos. Lo que más le satisfacía era darse un baño en la piscina municipal y sentarse, aún goteando, en el bar a tomarse una cerveza. “Que sí, que es el mayor placer del mundo”, le solía decir su esposa, Esther, de 64, acostumbrada a oírle repetir la misma reflexión. El matrimonio acababa de volver a su pueblo la semana pasada de un viaje por el norte de España. Allí, Javier había sido feliz una vez más con un pequeño placer: dormir tapado en verano. La última vez que se les vio en el pueblo fue el viernes por la noche, cuando cenaron con dos amigos, y se retiraron a casa sobre la una de la madrugada. Este sábado 8 de agosto habían quedado de nuevo con otros amigos a comer en esa piscina a la que Javier le gustaba tanto ir. Por eso, cuando la pareja no apareció y tampoco respondió al teléfono en toda la jornada, sus amigos se extrañaron tremendamente.
Al atardecer, la hermana de Javier, Marga, y su marido, José Miguel, acudieron a la vivienda del matrimonio a ver si se encontraban bien. Cuando vieron los dos coches en la puerta y una luz encendida cuando todavía no había oscurecido, se temieron lo peor. Marga no quiso ni entrar, fue su esposo el que encontró una escena que no podrá “olvidar nunca”, tal y como dijo él mismo. Los dos tenían puñaladas en la parte superior del cuerpo, según la autopsia realizada este domingo. Después del hallazgo, José Miguel fue junto a su hijo a dar la noticia a Carlota, que reside en Zaragoza. Allí le vieron algunas heridas y rojeces. La investigación se centró en ellos y el posicionamiento de los móviles ha podido ser clave para situarlos en el lugar del crimen a la hora de los hechos.
La detención se anunció pocos minutos después del cierre del velatorio de la pareja. Sus allegados sabían que ese desenlace era una posibilidad, pero no acababan de creérselo. El shock del crimen dio lugar al impacto de saber que los responsables de la tragedia estaban en el seno familiar.
Javier y Esther no eran un matrimonio cualquiera. Javier había sido secretario general de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA) durante 12 años. En su haber constan decenas de éxitos sindicales, el último de ellos, mejoras para los agricultores en la construcción de una autovía. Esther había encabezado la lucha de las mujeres del campo y además se había presentado a la alcaldía de Tauste por Izquierda Unida.
Bea Viñas, técnica del sindicato, muestra una de las pocas fotos que conservan de todos los miembros de UAGA de la zona juntos. En ella se ve sonriente a la pareja. Javier, con su boina característica. “Siempre se la iba olvidando”, rememora Viñas. Esther, a un lado de la pancarta. “Ella luchó muchísimo por la titularidad compartida de las explotaciones, porque los hombres eran los únicos dueños de los negocios y las mujeres trabajaban en ellas, pero la pensión que les quedaba después era mínima”, explica José María Alcubierre, actual secretario general de UAGA.
La Guardia Civil abrió varias vías de investigación para ir descartando hipótesis. Una de ellas fue la de un robo con violencia, pero esta vía quedó descartada pronto porque no faltaban en la vivienda objetos de valor y la entrada no había sido forzada. La zona en la que vivía el matrimonio está a las afueras del pueblo y su casa pertenecía a una promoción de viviendas bajas con jardín trasero en la que residían varios miembros de UAGA. El área es muy tranquila y no se habían registrado robos ni otros incidentes nunca. Los agentes tampoco hallaron en la trayectoria activista y política de la pareja a ninguna persona con suficientes motivos como para hacer algo así.
La investigación se centró en dos caminos. Un inquilino que habían tenido recientemente en un piso que alquilaban en el centro de Tauste, por un lado, y el entorno familiar, por otro. Ese antiguo inquilino había tratado de forzar la puerta de la vivienda propiedad de Javier y Esther hacía un par de meses y se había enfrentado con el hombre. La Guardia Civil había tenido que acudir al lugar de la disputa a realizar un atestado. Sin embargo, esa vía no fructificó puesto que no había ninguna prueba que lo situara en el lugar del crimen. Entonces todo se enfocó en la hija mayor, Carlota, y en su pareja Luis Carlos R., con el que llevaba saliendo apenas unos meses.
Según apuntan diversas fuentes cercanas a la familia, la hija, de unos 30 años, que había viviendo un tiempo en Andalucía, sufría problemas mentales y en el pasado había tenido algunas discusiones con sus padres. Últimamente, según cuentan estas mismas fuentes, Javier y Esther estaban contentos con la nueva relación de su hija porque la veían “más estable”. De hecho, Javier había ayudado a su yerno con temas legales y era habitual que fuera a recogerlos a Zaragoza para que pasaran el rato en el pueblo. La hija y su novio fueron detenidos en su domicilio. El matrimonio deja otra hija residente en Irlanda, que recibió la noticia de la detención ya en Tauste.
El análisis de la escena del crimen durará tres días, según apuntan fuentes cercanas al caso. Este lunes, los agentes de criminalística habían levantado una carpa con una mesa frente a la vivienda. De ella salían constantemente los guardias civiles encargados del análisis con objetos que analizaban sobre una mesa. En la puerta había también un paragüero con bastones y otros objetos que los investigadores habían sacado del domicilio. Está previsto que se haga próximamente una reconstrucción de los hechos con los dos detenidos.
“Les encantaba disfrutar de la vida, de las cosas pequeñas, les gustaba mucho juntarse para celebrar cualquier cosa”, señala Estrella Moraga, secretaria provincial de UAGA Zaragoza y amiga personal del matrimonio. Javier se había jubilado recientemente y a Esther le faltaba poco. “Tenemos una cita pendiente”, le había dicho el hombre a la técnica del sindicato, Bea Viñas, unos días antes de morir. La cita era un vermú para el que se juntaban los miembros del sindicato coincidiendo con las fiestas del cercano municipio de Ejea de los Caballeros. Un encuentro que nunca podrán celebrar.

