Cómo proteger la salud de los adolescentes en las ciudades
Nerea tiene 14 años y vive en Bilbao, ciudad que le encanta y por la que empieza a patrullar con soltura en las Bilbaobizis y en el metro. Entrena dos veces por semana con su equipo de voleibol y le encanta jugar los fines de semana. No ha empezado con el gimnasio, pero le tiene ganas. En las fiestas de los barrios de Bilbao ya ha tomado kalimotxo con sus amigas y algunas fuman vapers de colores y sabores tropicales. Come mucho y bien, pero en casa, eso sí, porque la comida de su cole es recalentada y malísima.
Hugo tiene 17 años y vive en Madrid. Le encanta, no para nunca, le gusta caminar por su barrio, pero sobre todo ir en Bicimad y al parque o con los amigos, de un lugar a otro. Va al gimnasio cuatro días a la semana desde hace tres años. Le gusta incluso más que el fútbol, que le tenía enganchado desde los nueve, cuando ganó la liga de Madrid Sur en su categoría. A Hugo le caen broncas una semana sí y otra también porque está enganchado al móvil. Quizá su madre tiene razón, pero siempre acaba dándole un poco más de tiempo de uso. Le fascinan un par de influencers de gimnasio y los batidos y productos que toman para estar más fuertes. Le encanta salir, y la verdad es que le gusta mucho bailar, aunque antes le daba mucho corte. A veces bailan cuando hacen botellón los fines de semana. El fin de semana pasado estuvieron hasta las cuatro bailando y fue fantástico. Lo malo fue que su amiga Andrea se cogió una borrachera horrible a las ocho de la tarde después de beber vodka con limón y fumar marihuana. Le sentó fatal y acabaron llamando a la ambulancia y a sus padres.
¿Dónde nos gusta pasar el tiempo cuando somos adolescentes? ¿Con quién nos gusta, o gustaba, estar? ¿Hasta qué hora? ¿Haciendo qué? ¿Cuándo dejamos de ser niños y pasamos a ser adolescentes? ¿Y cuándo pasamos a ser jóvenes? ¿Esto es igual en el campo que en la ciudad? ¿Es igual ser adolescente en Bilbao que en Bogotá o en Berlín? La adolescencia es una etapa, un proceso vital, que pasamos en nuestros barrios y ciudades y sobre la que se nos sigue escapando mucha información.
Adolescentes como Nerea y Hugo nos importan mucho; sin embargo, desconocemos mucho de su día a día, de su estado de salud y en cierta forma les ignoramos. Hoy en día son demográficamente pocos, no votan y la mayoría no tiene mucho dinero para gastar.
En el mundo de la investigación también les hemos ignorado muchas veces. No hay tantas revistas de investigación ni congresos sobre salud y adolescencia. Hay más de pediatría, por supuesto, muchas más de enfermedades adultas: diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares o cáncer.
Pero parece que hay esperanza. La conferencia europea de salud pública de este año 2026 ha recibido un número récord de propuestas científicas y las tres primeras temáticas han sido salud mental, salud en la adolescencia y salud en la infancia.
¿Qué es la adolescencia?
La adolescencia es una etapa muy relevante en el desarrollo de un individuo, que se caracteriza por una serie de transformaciones tanto físicas como emocionales y sociales. Para poder entender la salud de los adolescentes en nuestras ciudades, empecemos por definir adolescencia. Curiosamente, la definición más aceptada es la de la OMS y es la que utilizan otras organizaciones como Unicef. La adolescencia discurre entre los 10 y los 19 años de edad, y esta definición varía según factores individuales y culturales. La adolescencia no es una cuestión de edad, sino un proceso de desarrollo en el que se distinguen tres fases: Adolescencia temprana, que abarca desde el inicio de la pubertad, alrededor de los 10 o 12 años, hasta aproximadamente los 14. En esta primera etapa experimentamos cambios físicos significativos, como el crecimiento acelerado, el desarrollo de características sexuales secundarias y la maduración hormonal que desencadenan una serie de emociones y conflictos internos. La adolescencia media se extiende aproximadamente desde los 15 hasta los 17 años. Esta es la etapa de consolidación de la identidad y toma de decisiones más autónomas. La última fase sería la adolescencia tardía, en la que nos preparamos para la transición a la edad adulta, asumiendo mayores responsabilidades y desafíos.
Y en el día a día de nuestras sociedades, ¿cómo cuidamos a nuestros adolescentes? En cuanto a los servicios sanitarios, llega un momento en el que pasan de sus consultas de pediatría, atendidas por personal de enfermería y medicina, con una mayoría de pacientes mucho más pequeños que ellos, a consultas de adultos donde la edad media de los pacientes puede ser los 70 años.
Durante esta etapa de transformaciones físicas, emocionales y sociales, normalmente pasamos del colegio al instituto y de este a la enseñanza superior. De forma paralela a estos cambios constantes en el sistema educativo, los adolescentes pasan de ser menores de edad protegidos por sus padres a alcanzar la mayoría de edad legal, enfrentándose a una autonomía que les permite, por ejemplo, conducir y consumir alcohol y tabaco libremente.
Adolescencia y salud
¿Qué sabemos de los problemas de salud de nuestros adolescentes en el mundo? Un artículo de revisión publicado en 2024 en la revista Journal of Adolescent Health, una de las más prestigiosas en esta área de investigación, estudió la evolución de la salud adolescente a nivel global desde 2010. Este estudio es muy interesante porque nos saca necesariamente de nuestra familia, nuestra ciudad y país para pensar en términos globales y mostró mejoras importantes en varios indicadores de salud adolescente:
- Descenso del tabaquismo en muchos países con la advertencia de vigilar el consumo de vapeadores y cigarrillos electrónicos.
- Reducción de algunas enfermedades infecciosas gracias a la vacunación y a las mejoras de la atención sanitaria.
- Mayor acceso a la educación sexual y servicios de salud reproductiva.
- Aumento de la supervivencia infantil y juvenil en varias regiones del mundo.
Los autores destacaron que estos progresos han sido desiguales y que quedan grandes retos como:
- El aumento de los problemas de salud mental, especialmente ansiedad, depresión y suicidio.
- El incremento del sobrepeso y la obesidad.
- Las desigualdades sociales y económicas que afectan a adolescentes vulnerables.
- La violencia, los conflictos armados y el cambio climático como amenazas para la salud.
- Persistencia de embarazos adolescentes y dificultades en el acceso equitativo a servicios de salud sexual y reproductiva.
El estudio también destacó cómo la pandemia de covid agravó muchos problemas existentes, afectando la educación, la salud mental y las relaciones sociales de los adolescentes.
Esta panorámica de la situación de la salud en la población adolescente a nivel global sirve de base a la estrategia Un comienzo saludable para una vida saludable: estrategia para la salud y el bienestar de la infancia y la adolescencia en Europa 2026-2030 que la OMS Europa adoptó por unanimidad en 2025. Se estableció para cada país europeo una hoja de ruta para informar y promover políticas basadas en la equidad y la colaboración multisectorial que protejan y mejoren la salud adolescente. La estrategia pone especial énfasis en la participación de las y los adolescentes en la elaboración de políticas.
El plan de la OMS Europa para España, país con una población adolescente de cinco millones, destaca retos como la obesidad, el sedentarismo, el acceso desigual a servicios sanitarios, el impacto del entorno digital en su salud y el aumento de enfermedades infecciosas. La inclusión explícita del bienestar digital y la seguridad en entornos virtuales como determinantes de salud, equiparándolos a factores tradicionales como la nutrición o la actividad física, merece una reflexión profunda sobre cómo influyen las redes sociales e influencers en, por ejemplo, la alimentación, la actividad física, el consumo de alcohol o el vapeo en los más jóvenes.
La adolescencia puede ser complicada, pero también una edad fantástica y creativa. Es la etapa en la que vamos forjando la identidad de las personas adultas que seremos. Y en nuestras ciudades debemos ofrecer espacios y servicios para que esos adolescentes puedan socializarse de la manera más saludable y positiva posible, para que se alimenten de manera saludable, para que hagan deporte, para que alcancen el mayor bienestar mental posible, y que lo puedan hacer todas y todos.
Por eso es importante pensar la ciudad en términos de los espacios que tiene la adolescencia para desarrollarse plenamente. ¿Cuántas actividades y espacios públicos hay para ellas y ellos en nuestros barrios y ciudades? ¿Son espacios en los que pasar su tiempo de ocio y sentirse a gusto? ¿Tenemos lugares en los que puedan decidir qué hacer sin dirigismos adultos? ¿Van todas y todos? Y sobre todo, ¿van los que más lo necesitan?
Si entendemos la adolescencia como un proceso clave en nuestro desarrollo, y más del 80 % de la población de Europa y de América Latina vivimos en ciudades, debemos investigar, escuchar y ofrecer espacios para proteger nuestra futura salud urbana.



