Ciudad de México profesionaliza los instaladores de gas y electricidad en un intento de reducir accidentes domésticos
Los accidentes pueden ocurrir en cualquier momento. Y los hogares no son la excepción. En la capital del país, donde viven más de nueve millones de habitantes, las casi tres millones de viviendas particulares que hay también esconden amenazas que ponen en riesgo la vida de las personas. El último recordatorio de la fragilidad de estos espacios íntimos ha sido la explosión este jueves en el Estado vecino de Cuernavaca, en la que estuvo involucrada una pipa de gas que, según informes preliminares de las autoridades, abastecía una casa. El incidente ha dejado 22 heridos -tres de gravedad- y 34 domicilios afectados.
Una mala instalación puede derivar en un accidente. El Gobierno de la Ciudad de México ha lanzado el primer padrón de instaladores de gas y electricidad, certificados por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) en Azcapotzalco.
El primer superintendente Juan Manuel Pérez, director del Heroico Cuerpo de Bomberos de la capital, explica a EL PAÍS que, en 24 horas, la dependencia atiende un promedio de más de 170 reportes, incluyendo el rescate de personas y animales, inundaciones, caídas de árboles, entre otros. De esa cifra, más del 20% está relacionado con un hidrocarburo. “El gas forma parte de la emergencia número uno”, afirma. El análisis de esta estadística es lo que los llevó a lanzar un curso dirigido a los instaladores de electricidad y gas en la Ciudad de México con el objetivo inicial de reducir el número de incidencias, un esfuerzo enfocado en la prevención de accidentes, sobre todo, en el almacenaje de material peligroso en los hogares.
La convocatoria, que fue lanzada a finales del año pasado, acumuló 350 inscripciones. De ese número, 25 personas (23 hombres y 2 mujeres) conforman la primera generación capacitada por la UAM Azcapotzalco y el Heroico Cuerpo de Bomberos. Durante 45 horas, divididas en dos semanas, los estudiantes, a quienes se les pidió tener al menos tres años de experiencia comprobable en instalaciones de gas o electricidad, cubrieron una amplia variedad de temas. Desde los principios básicos de la composición del gas, el cálculo del número de conexiones en una casa, la identificación de riesgos y la selección de materiales adecuados para evitar fallas, hasta la interpretación de las condiciones de campo, las pruebas de hermeticidad y el control de la presión del combustible.
Para Aarón Castillo, de 32 años, y uno de los participantes, la propuesta es “interesante y muy buena” para capacitar a la gente que ya está trabajando en ese campo. “Me parece que puede ser una gran solución para las fugas de gas”, subraya. Jessica Domínguez, otra graduada del programa, resalta la atención otorgada a los prestadores de este servicio: “Es un gusto y un orgullo que sí haya quien los reconozca y los prepare para poder hacer las instalaciones de calidad”.
Todos los estudiantes fueron puestos a prueba con exámenes y ejercicios prácticos. Bryan Rodríguez, de 35 años, describe una de las simulaciones en las que conectaron un aparato electrodoméstico: “Teníamos que hacerlo desde cero. Desde cortar el tubo, hacer el diagrama, el isométrico, el listado de todo lo que se necesita, el cálculo de qué tubo íbamos a utilizar, los conductos, el porqué, justificarlo, ejecutar y después verificar que todo lo que habíamos hecho era correcto”.
Los perfiles de las personas que fueron capacitadas eran amplios, desde personas con tres años de experiencia hasta otros con más de 20. La formación académica también era variada. Mientras algunos contaban con el conocimiento práctico de años de trabajo, otros tenían también las credenciales académicas. Anselmo Romero, de 48 años, destaca el intercambio de aprendizajes entre alumnos y docentes en el curso. “La capacitación era para que nosotros aportáramos también experiencia, que no se juzgara a los demás por no saber y que aportáramos más ideas”, cuenta.
Para Miguel Gallardo, de 52 años, una de las contribuciones más valiosas de la iniciativa está en la vinculación con el Heroico Cuerpo de Bomberos. “Nos despertaron la conciencia de tener buenas prácticas […] y de realizar un buen trabajo para evitar todos los riesgos”, manifiesta. Juan Damasco, de 43 años, coincide: “En estos temas de gas y electricidad, no hay errores pequeños. Está el riesgo de las personas. [La capacitación] nos garantiza que hagamos bien las cosas”.
Las instalaciones incorrectas de gas y electricidad abundan en la Ciudad de México, una realidad aceptada por los mismos instaladores. Ingrid Villegas, que forma parte de la primera generación certificada, lo confirma con una anécdota: “Tuvimos un caso de una casa [en la] que tuvimos que hacer completamente el cambio de la antena eléctrica. El tubo que les pusieron era muy justo, no pusieron bien las tracciones de la luz, y lo que provocó es que la pastilla hiciera corto”.
Más allá del desembolso que los propietarios tuvieron que hacer para arreglar la mala instalación, también está el peligro al que quedaron expuestas las personas a consecuencia de un accidente como este, que terminó con un pequeño incendio. Otro alumno del programa, Isaac Alvarado, de 31 años, comparte: “Yo no veía la magnitud del problema hasta que estuve ahí. No sabía el número de muertes o accidentes ni qué tan mal están las instalaciones de todas las casas”.
El programa Bomberos en Casa, lanzado hace un año y medio, también es parte de la estrategia de prevención que impulsa el Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México. A través de un mensaje de WhatsApp al número 55 7514 4189, cualquier persona en la capital puede pedir una visita gratuita para la revisión de toda su instalación de gas o electricidad. Al final, recibirá un documento en el que se asentarán algunas recomendaciones y, si se detecta alguna fuga, se atenderá en ese momento.
Para el primer superintendente Pérez, los objetivos del padrón se extienden a la creación de sinergias y confianza entre los individuos que conforman una comunidad. “Ojalá todo el mundo sepamos revisar nuestras instalaciones de gas, nuestras instalaciones eléctricas y que podamos hablar de esto como una forma de prevención de manera muy cotidiana”, declara. Pero también a la profesionalización de un servicio ligado a todos, como sostiene Romero: “Nosotros salvamos vidas por nuestro trabajo, salvamos vidas porque evitamos accidentes. Salvamos nuestra propia vida, salvamos la vida del usuario y salvamos la vida del bombero porque, cuando hay un evento, ellos tienen que ir a rescatarnos”.



