Carlos Saladrigas, empresario: “Recomendamos que se haga un Plan Marshall para Cuba”
“¡Qué barato nos quiere comprar el nuevo Carlos Saladrigas!”, escribió Fidel Castro en 2008, con 81 años, cuando ya había cedido el poder político por obligación a su hermano Raúl y se dedicaba a despachar frenéticamente sus Reflexiones en medios estatales. Según Castro, Saladrigas, un exitoso empresario cubanoamericano del sur de Florida, pretendía adueñarse de Cuba “con el dinero de Miami”. A Saladrigas le sorprendió la afirmación: la isla siempre había sido, más bien, un gasto para su bolsillo. “Comprar barato nunca ha sido mi objetivo”, asegura. “Mi fin nunca ha sido ganar dinero en Cuba”.
Saladrigas nació en 1948, en el entonces acomodado barrio de Miramar, en La Habana. Su padre, un abogado que trabajaba para el Ministerio de Educación. Su madre, la dueña de una tienda de moda que importaba vestidos. Un año después del inicio de la Revolución, su madre le dijo que se iría solo del país con una de las llamadas “visas waivers”, una autorización especial del Gobierno estadounidense que permitió la llegada de 14.000 niños cubanos en lo que se conoce como la Operación Pedro Pan, un pasaje oscuro en el que hubo menores que nunca se reencontraron con sus familiares, otros a quienes se les perdió el rastro o algunos que fueron víctimas de abuso sexual. En agosto de 1961, el niño Saladrigas llegó a Florida.
“Esa decisión la tomó mi madre, mi padre no quería. Estaba convencido, como lo estuvo aquí por muchos años, de que los americanos no iban a permitir el comunismo en Cuba y que iban a hacer algo”, cuenta ahora Saladrigas desde su casa en Miami. “Había rumores de que en Cuba iban a quitar la patria potestad. Hoy día no se sabe si esos rumores fueron iniciados por la CIA o por el propio Gobierno de Cuba, pero cualquier escenario era posible. Eso amedrentó a muchos padres y mi madre tomó el riesgo de mandarme sin saber cuándo nos íbamos a volver a reunir. Yo tengo cuatro hijos, y cada vez que uno cumplía los 12 años, mi esposa y yo hablábamos de este tema. ¿Haríamos lo mismo o no lo haríamos? Hasta el día de hoy nunca he podido darme una respuesta”.
Al año siguiente, arribaron los padres de Saladrigas. El dinero apenas alcanzaba. Dejó sus estudios de nivel secundario; los retomó en las noches. Comenzó la carrera de Administración de Empresas. Asistió a la Escuela de Negocios de Harvard. Trabajó en firmas de contabilidad, en bienes raíces, y fue contratado por la multinacional PepsiCo. Luego dejó la vida corporativa, fundó en 1984 The Vincam Group, una empresa pionera en el sector de la administración de recursos humanos, que, antes de venderla en 2000, fue considerada la compañía hispana más grande de su tipo en Estados Unidos. Desde entonces, Saladrigas ha fundado otras tres compañías y luego las ha puesto a la venta. Aquel niño Pedro Pan se hizo un capitalista.
“Soy capitalista porque creo que, generalmente, cuando la solución de un problema de un país puede venir de los mercados, los mercados ofrecen la mejor solución. Pero no todos los problemas de un país encuentran solución en los mercados; ese es el error de muchos”, dice. “Por eso creo que uno de los grandes errores del capitalismo americano ha sido llevar la lógica del mercado demasiado lejos, hacia sectores que no le pertenecen al mercado, sino al Estado”.
Hoy Saladrigas se dedica a asesorar, trazar estrategias y acompañar negocios. Mucho de su tiempo lo invierte en pensar Cuba, junto al Cuba Study Group, la organización que cofundó para impulsar el crecimiento del sector privado en la isla. Llegado a este punto, a sus 78 años, Saladrigas ha podido discernir lo que considera una verdad: que si a algo le teme el Gobierno de Cuba, es al dinero.
“Es decir, a nosotros, al exilio, el mismo exilio que ellos crearon”, asegura el empresario. “Aunque individualmente ha sido duro, el exilio cubano como grupo ha sido exitoso en el ámbito artístico, el académico, el empresarial. Eso se debe, en parte, a nuestro ADN como cubanos. Por eso mi optimismo sobre el futuro de Cuba se basa única y exclusivamente en lo que yo veo de ese pueblo”, explica. “El exilio también ha sido muy generoso en estrechar la mano al pueblo cubano en todo sentido. Y eso es parte del éxito, el hecho de que no nos hemos olvidado de Cuba”.
Después de más de medio siglo de levantar un muro ideológico entre los de dentro y los de fuera de la isla, el Gobierno cubano, en la cúspide de su crisis, ha pedido a sus exiliados un viaje de retorno que permita resucitar con dólares el cuerpo agónico del país. Cuando en junio anunciaron un paquete de medidas como antesala para liberalizar su economía, Miguel Díaz-Canel dijo: “A quien quiera construir con Cuba sin pretender imponer nada, le decimos con el corazón en la mano: aquí está tu casa, y aquí tienes la puerta abierta. Porque a esta patria, en esta hora, no le sobra ningún buen cubano”.
Pregunta. ¿Usted sería uno de esos cubanos dispuestos a ir a invertir en Cuba?
Respuesta. Los cubanos que teníamos ese sentimiento profundo hacia Cuba, ya nos estamos poniendo bastante viejos. Hay un sector de la comunidad que hace 20 años, o con Barack Obama, hubiera estado dispuesto a ir a montar negocios en Cuba. Pero ya muchas personas tienen lo que llaman un horizonte de inversión. Cuando tú tienes 30 años, tu horizonte de inversión es largo. Cuando tú tienes 78, es corto. Ya no veo las inversiones mías allí a largo plazo, porque en algún punto no voy a estar.
P. ¿Y con qué podría contar Cuba ahora?
R. Contamos con toda la inversión familiar que existe aquí, que es grande e importante, y con muchos cubanos más jóvenes, que están muy interesados en buscar nuevas oportunidades de negocio en Cuba. Pero ya no es lo que hubiera sido hace 30 años, porque hay toda una generación ligada emocionalmente a Cuba, que es la que más éxitos logró económicamente, porque lleva más tiempo acá. A ese grupo es al que menos le interesa la nueva aventura de irse a la isla. En el caso de Venezuela, ¿cuántos venezolanos tú conoces que se han ido a invertir allá? Nadie que esté aquí ya establecido se va a ir a vivir en Cuba. Entonces tú no puedes correr un negocio allí si no te asocias con alguien. Por eso es que nosotros siempre pensamos que la importancia no es ir a invertir, sino coinvertir con cubanos en Cuba. Pero tiene que haber un cambio. Ahora es insostenible.
P. ¿Qué garantías tiene un empresario que quiera invertir en la isla hoy?
R. Prácticamente nada. Esta idea de que el exilio es el punto más lógico para hacer la salvación económica de Cuba, la hemos postulado desde hace años. Seguimos pensando que el exilio va a ser la fuerza motriz fundamental de la recuperación económica. No la única, pero una fuerza motriz muy importante. Hay dos sectores dentro del exilio que son muy esenciales. El sector familiar, que envía remesas significativas. Todo ese capital puede usarse para crecer empresas pequeñas en Cuba. El otro capital que tiene el exilio ya es un capital más formal, donde tú inviertes después de un análisis de inversión, después de que tú evalúas los riesgos. Ese capital necesita más formalidad en el país. Y esa formalidad no la va a tener Cuba hasta que tenga un clima macroeconómico y un sistema bancario serio, una moneda seria y leyes serias que respeten la propiedad privada. Que si tú tienes una disputa con el Gobierno, puedas llevarlos a tribunales independientes. Y nada de eso están haciendo.
P. Entonces, el cambio político es la primera garantía para cualquier inversor que vea en Cuba una oportunidad de negocios…
R. Sin cambios políticos no hay seriedad ni credibilidad de las medidas. El año pasado le incautaron todas las cuentas bancarias en moneda extranjera a los vietnamitas, a sus socios privilegiados. ¿Qué credibilidad puede tener este gobierno? Ninguna.
P. Tras el anuncio del nuevo paquete de cambios, se habló de que Cuba finalmente se abría al capitalismo. ¿En qué medida esto es una realidad?
R. Todavía el Gobierno ni tan siquiera ha hablado de un cambio a nivel político, ni creemos que se vaya a hablar. ¿Está abriéndose Cuba a qué? Están tomando medidas que, aunque en su gran mayoría podemos criticar, son necesarias y buenas. Medidas que debieron haber tomado hace 20 o 30 años. Pero me da la impresión de que ellos mismos no tienen capacidad para manejar los cambios porque quieren controlarlo todo. Esa es la primera impresión que me da. La segunda es que las medidas están destinadas a fracasar.
P. ¿Por qué?
R. Porque a Cuba ya se le acabó la cuerda. Todos los días estamos peor. Se necesitan medidas muy profundas, rápidas y constantes para abrir. Cuba no puede levantarse sola en este momento. No tiene la capacidad. Sin un cambio significativo en el poder judicial, de manera que haya un poder judicial verdaderamente independiente de lo político, no funciona. Sin cambios fundamentales en la estructura del sistema, cambios constitucionales que claramente digan que Cuba se va a abrir, que ya el monopolio de un partido político se tiene que acabar, nada funciona. A su vez, si Estados Unidos no levanta las sanciones económicas, Cuba no levantará la cabeza.
P. ¿Cuánta responsabilidad tiene Washington en que cualquier reforma pueda florecer?
R. Las sanciones del embargo, más todas aquellas adicionales que hay, tienen un impacto acumulativo devastador sobre una economía de mercado. Aunque el embargo limitó, no acabó con Cuba mientras Cuba no fue una economía de mercado. Pero ahora que Cuba tiene otra necesidad, porque no tiene otra opción que abrirse al mercado, esto te mata porque no hay inversión. No entra dinero. Lo que yo no entiendo de la Administración [Trump] es su falta de claridad respecto a cuáles son sus expectativas. Por otra parte, los cubanos están jugando un jueguito de tratar de hacer lo menos posible o lo menos importante y de dejar lo más difícil para después, a ver qué pasa después de noviembre, si las elecciones y la guerra de Irán distraen demasiado. Ese es un factor que está complicando todo. No sé cuánto va a poder este pueblo aguantar más. Vemos que han pasado cinco o seis meses desde que la Administración puso el cerco petrolero hasta hoy, y la ayuda que ha anunciado el Gobierno americano para un pueblo que está muriéndose de hambre es una gota en un cubo de agua.
P. ¿Qué pudiéramos esperar para Cuba de la Administración Trump?
R. Yo valoro mucho la soberanía cubana y la independencia. Nuestro pueblo ha derramado mucha sangre por ello. Las cosas que oigo de parte de Trump, si son serias, me preocupan enormemente. Palabras como: “Yo voy a ser el presidente de Cuba”, o “Cuba es mía cuando yo quiera”. Esas cosas me llegan hasta lo más profundo de mi corazón. Me duele escucharlas. Yo no quiero que Washington sea el que solucione los problemas cubanos. Lo tenemos que solucionar nosotros, en pleno ejercicio de nuestra autonomía. Por otra parte, aplaudo que se le haya puesto presión a un régimen que se ha negado a cambiar. Obama les presentó el cambio en bandeja de plata y no lo quisieron aprovechar. Es casi un escenario esquizofrénico porque yo creo que hay una gran oportunidad de una negociación seria y sincera que nos lleve a soluciones. Pero esto requiere que los líderes cubanos estén dispuestos.
P. Usted se ha referido a que Cuba primero necesita un periodo de estabilización, para luego seguir a uno de reconstrucción. ¿Cómo se implementarían?
R. El periodo de estabilización es desde el día que comiencen los cambios hasta el punto donde Cuba se convierta en investment grade para el sector privado. Esto quiere decir que el sector privado ya se sienta con la comodidad y la seguridad de poder invertir. Ese va a ser el periodo más difícil, porque nadie va a invertir grandemente durante ese tiempo. Mientras tanto, hay que mantener escuelas, hospitales, hay que alimentar al pueblo, hay que crear un sistema impositivo, establecer un sistema bancario y una economía, defender el peso, darle fuerza a la moneda cubana. Son cosas que tienen que suceder en esos primeros tres, cuatro, cinco años como máximo. Espero que no se tarde más, porque si las medidas son lentas, es el pueblo el que seguirá pasando hambre.
P. ¿Y después?
R. Cuando ya Cuba está estabilizada, empieza a llegar inversión extranjera, se empiezan a hacer grandes empresas, a poner fábricas, la gente tiene trabajo, Cuba tiene producción agrícola. El sistema eléctrico se estabiliza, se estabiliza el Gobierno. Ya en ese momento se puede, al final del periodo de estabilización, tener elecciones libres. Se establece un nuevo Gobierno. Tiene que haber una nueva Constitución y hace falta que ese proceso constitutivo sea participativo del pueblo. Tiene que haber apertura. No puede hacerse en secreto. La transparencia es lo más importante para Cuba en su futuro y tenemos que lograrla. Una de las cosas que nosotros hemos recomendado y seguimos recomendando es que se haga un tipo de Plan Marshall para Cuba.
P. ¿Cómo sería esa propuesta de Plan Marshall sin perder la soberanía?
R. Tiene que ser un pacto donde Cuba se comprometa a hacer estos cambios, mantener su independencia, pero Estados Unidos debe eliminar todas las sanciones a través de una orden ejecutiva por un periodo de dos o tres años, hasta que Cuba implemente estas medidas. En ese momento se prepara un Plan Marshall para Cuba, donde se le puede prestar dinero a un plazo muy largo, que pueda pagar después o incluso pueda perdonarse. Donde ese dinero se use para restaurar la red eléctrica, sostener las escuelas, el orden público, los hospitales, todas las actividades que necesita el país. Y entonces el sector privado va a adquirir un auge extraordinario. Las pymes van a crecer. Cuba va a empezar a producir comida. Ahí es donde empieza la sanación y la estabilización del país. Para Estados Unidos sería la mejor inversión, como lo fue en Japón después de la guerra. Tenemos que aprender a entender nuestra soberanía como algo distinto a lo que quizás visionaba José Martí. Martí le tenía terror a la integración económica, pero la integración económica hoy en día es casi inevitable.
P. ¿Habría algo del sistema cubano que fuera rescatable en ese país futuro?
R. Hay dos sectores que tienen que ser rescatados porque tienen mucha importancia: la salud y la educación, y que sean accesibles a toda la población. Nadie entiende lo que es el socialismo, ni en Cuba ni en Miami. Sin embargo, hay muchísimos países en Europa donde el socialismo ha dado unos resultados extraordinarios, pero son socialismos dentro del mercado. Como yo dije en La Habana hace muchos años: Cuba ha sido muy eficiente y muy buena en la administración de la pobreza, pero ha sido desastrosa en la creación de la riqueza, y si no hay riqueza, no se puede resolver la pobreza. Estamos en un nuevo arranque con una gran oportunidad de crear algo mejor. Podemos destilar un sistema bueno para Cuba, que tenga toda la fuerza de los mercados, pero a la vez tenga el humanismo que queremos que Cuba tenga.
