Carl Schmitt se cuela en los grandes discursos de Bruselas
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”. La presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, arranca con Charles Dickens su poderoso discurso sobre el Estado de la Unión: la UE está “más fuerte que nunca”, sostiene, y a la vez “en uno de los momentos más frágiles de su historia”, rodeada de peligros, con todo tipo de riesgos al acecho. Con una guerra en el vecindario que afecta a su seguridad y otra en Oriente Próximo que pone la economía patas arriba; con Estados Unidos, Rusia y China enseñando los dientes; con ataques híbridos en sus fronteras nororientales, en Ceuta, hasta en el aeropuerto de Leipzig, en el centro de la mismísima Alemania. Los grandes discursos sirven para tomar la temperatura del proyecto europeo. Y hay una mezcla de pesimismo e incertidumbre en la narrativa de Von der Leyen, pero también hay búsqueda de soluciones, con media docena de anuncios que se repiten, siempre, en estas ocasiones para dar respuesta a los principales desafíos. Von der Leyen se agarra a ese guion, pero tiene un problema de credibilidad: su hoja de servicios es pobre en su segunda legislatura; los discursos de los últimos años estaban tan cargados de anuncios cascabeleros como el de hoy, pero el grado de cumplimiento es bajo. Y aun así, eso es casi lo de menos. En el crescendo narrativo de la Eurocámara, en una bella y otoñal Estrasburgo, Von der Leyen se asoma a la crisis de Ceuta y a la migración. Y ahí endurece su retórica: anuncia un Marco Europeo de Respuesta de Emergencia ante futuras crisis migratorias; ante futuras Ceuta. Ese título anodino esconde una dentadura muy afilada: Von der Leyen explica en el Parlamento Europeo que la avalancha de Ceuta, que considera un ataque híbrido, obliga a Bruselas a rediseñar sus herramientas de gestión de la migración, “especialmente en situaciones de emergencia”. “Europa necesita proteger sus fronteras en todo momento. Especialmente en escenarios en los que hay movimientos masivos que se usan como arma”.
Y ahí llega la novedad. En medio de ese tipo de escenarios de pesadilla, la Comisión Europea anuncia que permitirá la “flexibilización temporal de los procedimientos normativos” cuando se cumplan determinados criterios y por tiempo limitado. Por ahí Von der Leyen deja de lado a Dickens y se agarra a Carl Schmitt, a la retórica de la excepcionalidad y de la urgencia: en situaciones excepcionales, Europa es partidaria de suspender los procedimientos de asilo, siempre que Bruselas pase de las musas al teatro y convierta esas frases en normas y reglamentos. Eso no es un endurecimiento del discurso migratorio, eso son ya palabras mayores.
Schmitt se cuela en las instituciones europeas desde hace tiempo, según el pensador Zaki Laïdi. La UE se construyó dando la espalda a las ideas de Schmitt, un politólogo capital durante el nazismo. El proyecto europeo tiene una raíz kantiana: es una enmienda a la totalidad de la lógica amigo-enemigo y un proyecto normativo, donde el poder blando y el Estado de derecho están (o estaban) por encima de todo. Pero resulta que el mundo es cada vez más schmittiano. Y Europa ha ido dejando atrás el poder blando para hablar de poder a secas, con continuas apelaciones a la soberanía europea, a la autonomía estratégica: una metamorfosis hasta cierto punto lógica en una geopolítica cada vez más caníbal en la que el aliado histórico, Estados Unidos, se convierte en adversario, y Rusia guerrea en Ucrania y protagoniza un acelerón de ataques híbridos en todo el continente. El endurecimiento de Europa es evidente en varias agendas, pero sobre todo en la defensa y en la política migratoria. El giro a la derecha es también cada vez más claro, con partidos etnonacionalistas al alza en todo el territorio europeo, desde Escandinavia hasta España, incluso en las antiguas potencias del Eje: AfD acaba de ganar en un land del Este alemán, y Meloni gobierna en Italia.
Ese es el contexto en el que Ceuta protagoniza un acelerón brutal, en el contenido y en las formas de la política migratoria europea. La entrada de 80.000 personas en Ceuta en los días finales de julio conmocionó a toda España, pero también a toda la Unión, con una carta de 22 países criticando con dureza la política migratoria del Gobierno español. La reacción inicial de Von der Leyen fue tildar de “inaceptable” esa situación, aunque días después felicitó a España y a Marruecos por la gestión de la crisis, que sigue lejos de estar resuelta. Ceuta se ha colado esta mañana en su discurso: “Todas nuestras fronteras exteriores son fronteras europeas. Quiero dirigirme específicamente a la gente de España: la frontera de Ceuta es una frontera europea. Porque Ceuta es España. Y Europa va a estar ahí con vosotros”. En esa frase deja un mensaje para los ceutíes y los españoles, y otro claramente para Marruecos. Pero en la frase siguiente abre la puerta a la excepcionalidad: Schmitt redivivo.
Schmitt creía que el verdadero soberano es el que decide cuándo una situación es excepcional o no. Bruselas se arroga aquí esa decisión, aunque hay que ver cómo aterriza ese discurso en la regulación. Esa “flexibilización temporal de los procedimientos” se hará siempre “respetando las reglas”, según Von der Leyen. “Pero nunca haremos concesiones en nuestras fronteras”, ha añadido en un tono cortante.
Las fuentes consultadas explican que la idea general es poder actuar con rapidez en situaciones de crisis excepcionales como la de Ceuta: de nuevo la retórica de la excepcionalidad y de la urgencia. Es curioso, y casi paradójico, porque la propia Von der Leyen ha destacado en su discurso que las llegadas irregulares a Europa han caído un 55% en los dos últimos años. Pero en las políticas más sensibles, y la migratoria lo es en este otoño de 2026, las percepciones son más importantes que los hechos. Y es evidente que las imágenes de Ceuta han calado muy hondo en Bruselas y en el imaginario europeo.
El reglamento aprobado en la Eurocámara no permite la suspensión del asilo strictu sensu, pero sí de algunos procedimientos, asegura Gemma Pinyol, investigadora de la Pompeu Fabra. Es posible retrasar el registro de solicitudes hasta cuatro semanas, según dicha norma. Y alargar el procedimiento en frontera hasta seis semanas adicionales. Se pueden modificar temporalmente determinados procedimientos dependiendo de la magnitud de la crisis. Y la norma alude a derogaciones en materia de responsabilidad de los Estados miembros: con carácter general, eso exige la evaluación de la Comisión y la autorización del Consejo.
A juzgar por el discurso de Von der Leyen, la evaluación de Bruselas será fácil de pasar; además, los portavoces de la Comisión han explicado públicamente que todos los que entraron en Ceuta deben ser devueltos a Marruecos, a pesar de que las leyes españolas y europeas y las sentencias del Supremo prohíben devolver a los menores y a los solicitantes de asilo internacional. Y a juzgar por la carta de los 22 patrocinada por Meloni y la socialdemócrata danesa Mette Frederiksen, la autorización del Consejo tampoco será un problema. España no tiene un solo mecanismo legal que permita suspender las solicitudes de asilo o actuar de forma distinta con los menores, pero Bruselas acaba de abrir la puerta de par en par a esa posibilidad. Von der Leyen pronunció en su discurso una frase magnífica que resume el nuevo realismo político imperante en Bruselas: “Las palabras son importantes, pero los hechos valen más”. La jefa de la Comisión no citó fuentes, pero el autor de esa frase es Mark Reguev, considerado una de las figuras más duras, polarizantes y controvertidas de la diplomacia israelí de las últimas décadas. De Dickens a Schmitt hasta llegar a Reguev: todo un viaje al fin de la noche.


