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Arabia Saudí lanza un ataque coordinado con Estados Unidos contra milicias proiraníes en Irak



Arabia Saudí ha dado en la madrugada de este miércoles un paso inédito sumarse a la guerra contra Irán con un ataque conjunto con Estados Unidos contra milicias proiraníes en Irak, una arremetida que complica aun más el horizonte de la frágil tregua de hecho decretada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 24 de julio. Teherán ya ha dado prácticamente por rota esa nueva pausa en los bombardeos al reconocer en esta misma jornada haber lanzado el martes misiles balísticos contra bases de Washington en Jordania, según han confirmado los tres países.

La de esta madrugada ha sido la primera vez en los cinco meses que dura ese conflicto armado que la gran potencia suní de Oriente Próximo ejecuta con el ejército estadounidense un bombardeo contra esos grupos armados, agrupados bajo la denominación de Fuerzas de Movilización Popular (FMP). Un comunicado de esa entidad poco definida que sirve de paraguas a varias milicias asegura que 20 de sus militantes han muerto y 32 han resultados heridos en los bombardeos que han tenido como objetivo varias de sus bases en Irak.

Estos bombardeos son también la primera ocasión en la que Riad reconoce haber golpeado a esas milicias en territorio iraquí, si bien el pasado 13 de mayo, varias fuentes regionales aseguraron a la agencia Reuters que aviones de combate saudíes habían bombardeado sin que trascendiera públicamente objetivos en Irak, vinculados a esos grupos, armados y entrenados por la Guardia Revolucionaria iraní.

Con esta arremetida coordinada con Washington, Arabia Saudí responde a los supuestos intentos de atacar sus instalaciones petroleras por parte de esas milicias, que niegan su autoría, durante las últimas 72 horas. Así lo ha confirmado un comunicado del Ministerio de Defensa saudí que asegura que los bombardeos son su represalia “a los recientes ataques con drones”, contra esas infraestructuras, y que las defensas aéreas saudíes habían “interceptado y destruido” varios de esos aparatos no tripulados, “que habían intentado atacar instalaciones petroleras en las regiones de la Provincia Oriental y Riad”.

La nota prosigue señalando que esas aeronaves fueron “lanzadas desde territorio iraquí” y que los ataques los llevaron a cabo “milicias terroristas alineadas con Irán”. “El Reino [saudí[ subraya que no busca una escalada, pero que responderá a cualquier agresión que sufra”, continúa el comunicado. Las milicias respaldadas por Teherán habían negado antes estar detrás de los ataques contra las instalaciones energéticas saudíes.

El Mando Central de Estados Unidos, del que depende Oriente Próximo, ha definido, por su parte, esos ataques conjuntos con Riad como bombardeos “de precisión” contra “múltiples instalaciones de logística y armamento terroristas”, en respuesta a varias docenas de “ataques aéreos” llevados a cabo en la región por grupos “terroristas alineados con Irán” en Irak

El tono del comunicado saudí y, sobre todo, los ataques por sí mismos, trazan una línea roja, cuyo destinatario final es Teherán, ante los intentos de bombardear instalaciones energéticas saudíes, especialmente las petrolíferas, el hidrocarburo en cuyo origen está la prosperidad del Estado saudí.

Arabia Saudí era, antes del inicio de esos bombardeos, el primer exportador mundial de crudo. Su subsuelo atesora el 20% de las reservas mundiales de esa materia prima, cuyas exportaciones se han visto muy mermadas por el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz. Sin embargo, en el conjunto del Golfo Pérsico, Riad es uno de los países que ha salido mejor parado de cierre de esa vía marítima por la que transitaba, antes de la guerra, el 20% del crudo mundial.

A diferencia de otras petromonarquías de Oriente Próximo, Riad sí dispone de una alternativa a Ormuz. Es el mar Rojo, por donde ha estado sacando desde marzo algo menos de la mitad de su producción habitual, cuatro millones de barriles de alrededor de 10 millones de barriles diarios. El martes, al día siguiente de que Riad asegurara haber interceptado los drones supuestamente lanzados desde territorio iraquí, los rebeldes hutíes de Yemen, que controlan la costa de ese país en el mar Rojo, declararon en un comunicado que habían atacado de nuevo con misiles balísticos un petrolero saudí en esas aguas.

El jueves de la semana anterior, los milicianos yemenías atacaron, también por primera vez desde el inicio de la guerra contra la República Islámica, dos buques saudíes. Tres días antes, estos milicianos con los que Riad estuvo en guerra entre 2014 y 2002, habían decretado un bloqueo naval con efecto inmediato sobre los petroleros de Arabia Saudí por el estrecho de Bab el Mandeb. Ese paso marítimo da acceso al océano Índico desde el mar Rojo.

Aunque se desconoce si los ataques desde Yemen e Irak estuvieron coordinados o no, la posibilidad de que las milicias proiraníes iraquíes y los hutíes sumen fuerzas contra Arabia Saudí parece haber colmado la paciencia de Riad.

Los ataques de esta madrugada han sido un “paso significativo de los saudíes para golpear conjuntamente [con Washington] sitios de milicias en Irak”, resalta en la red social X Victoria J. Taylor, directora de la iniciativa para Irak del centro de estudios Atlantic Council. Son también, prosigue esta exanalista del Departamento de Estado de EE UU, “una señal de que los Estados del Golfo están perdiendo la paciencia con la incapacidad del gobierno iraquí para controlar” a las milicias proiraníes.

Visita anulaba

Este mismo jueves el primer ministro iraquí, Ali Al Zaidi, ha anulado una visita oficial a Arabia Saudí, que debía comenzar con una reunión en Yeda con el príncipe heredero y hombre fuerte saudí, Mohammed bin Salman. El Gobierno que preside ha convocado una reunión de emergencia para abordar los ataques en su territorio.

Este ataque aumenta la presión que Al Zaidi ya sufría por el creciente hartazgo de las petromonarquías del golfo Pérsico ante la incapacidad que muestra Bagdad de controlar a unas milicias que, solo de manera formal, están bajo su autoridad. Al Zaidi se ha comprometido a desarmar a esos grupos antes de finales de septiembre, pero en Irak son muchas las voces que le acusan de ser tan incapaz de ello como su precedesor, Mohammed Shiaa al Sudani, a quien Washington retiró su apoyo por ese mismo motivo.

Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel, desataron la guerra contra Irán, Riad no había respondido conjuntamente con Washington a los sucesivos ataques de represalía iraní contra su territorio, so pretexto de que el reino saudí alberga bases estadounidenses. Este bombardeo coordinado en Irak sitúa a la gran potencia suní de manera mucho más clara en el bando estadounidense, uno de los dos enemigos, junto con Israel, de Irán. Es también el primer ataque llevado a cabo por Estados Unidos contra intereses o aliado iraníes desde que el pasado 24 de julio, el presidente Trump ordenara detener los bombardeos contra la República Islámica.

La tregua de hecho que rige desde entonces detuvo las hostilidades que ambos países habían reanudado tras dar por roto, dos semanas antes, el memorando de entendimiento que pausó la guerra el 17 de junio. Tras el reconocimiento de Irán del ataque de esta martes con misiles balísticos contra bases de EE UU en Jordania, esa frágil pausa se asoma a su posible final. El bombardeo iraní no ha sido además una represalia por un ataque previo de Estados Unidos o Israel, una novedad que el analista Hamidreza Azizi vincula en la red social X con la visita del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a la Casa Blanca del martes. Teherán sigue marcando músculo en un conflicto bélico del que considera está saliendo vencedor.



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