“A la Sierra ni se acerquen”: la guerra se fracciona en Sinaloa y arrecia la violencia en Mazatlán
“A la sierra ni se acerquen, estamos llenos de gente armada y es peligroso porque la lucha continua en los pueblos de abajo”, reza el mensaje de un hombre de los altos de la sierra de Concordia, al sur de Sinaloa, a sus familiares que se marcharon desplazados a Mazatlán. El sur de Sinaloa se ha convertido en una zona de riesgo constante. Los reportes de las autoridades ahora apuntan incesantemente hacia esa región donde se encuentra el bastión turístico del Estado: Mazatlán. El puerto es llamado la Perla del Pacífico, un mote que se ha ganado por ser uno de los destinos turísticos de mayor auge en los últimos 30 años, pero hoy está viviendo una crisis de violencia importante.
Solo en la primera semana de agosto se reportaron de manera oficial hasta 32 eventos violentos. De ellos, se confirmó el asesinato de 14 personas –casi todos hombres–, y ocho personas heridas. De esas últimas, tres son policías estatales que fueron atacados con drones en el libramiento Mazatlán-Culiacán, a la altura del poblado El Chilillo.
Esta es la violencia que se conoce porque hay reportes públicos en notas de prensa, de la Fiscalía General del Estado, la Marina, el Ejército y hechos verificados. Hay otros que no forman parte de las estadísticas, como lo que contaba el hombre a sus familiares desplazados en Mazatlán. El sur de Sinaloa se ha vuelto la zona de mayor atención en el último mes. Hacia allá se fue la violencia que arreciaba en otros municipios, con mayor fuerza en Culiacán.
La violencia se fue al sur
“Desde que detuvieron al ‘Texas’ está más tranquilo”, dice Teresa Navia, una periodista especializada en la nota roja, sobre el descenso de la violencia en Culiacán, capital del Estado. “Hay días que no tengo que salir a cubrir hechos, y eso no pasaba”, agrega.
El 8 de julio fue anunciado por el gabinete de seguridad que Cristhian Guadalupe Pérez Pérez, alias El Texas o El 01, identificado como el jefe de plaza de la facción de Los Chapitos en Culiacán, había muerto en un raro operativo: Elementos del Ejército Mexicano (Defensa) y la Secretaría de Seguridad Pública del estado cercaron las torres de departamentos Paralela, en la colonia Humaya. Primero se dio a conocer que hubo detenidos y, más tarde, que también había un muerto. Las imágenes circularon en grupos de WhatsApp y Telegram. No había ningún disparo, ninguna herida, nada de sangre, solo un hombre que yacía muerto dentro del departamento.
Al día siguiente, el secretario de Seguridad Pública en Sinaloa, el general Sinuhé Téllez López, dijo algo que se habían privado sus dos antecesores: “Esperamos que bajen los homicidios con este evento”. El gabinete de seguridad señaló a Pérez Pérez como el principal operador de violencia en la capital de Sinaloa para Los Chapitos, donde se libra un conflicto entre La Chapiza y La Mayiza.
Esta ciudad ha sido el lugar donde han ocurrido ocho de cada diez asesinatos y desapariciones en los últimos dos años. Datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) sobre homicidios dolosos revelan que solo en 2025 hubo hasta 1.805 asesinatos en Sinaloa –hasta 150 casos más que los que reportó la Fiscalía General del Estado–. Fue la entidad con el aumento más drástico en ese año, pues mientras en el país se reportaba una reducción del 18 por ciento, Sinaloa incrementó hasta en un 75 por ciento comparado con el año anterior.
Y sí, Culiacán sigue con episodios de violencia, como el asesinato del influencer César Gastélum, asesinado y videograbado mientras hacía una transmisión a las afueras de un restaurante de comida rápida, apenas a 200 metros del edificio de la Fiscalía General del Estado. Fue un caso que captó la atención dentro y fuera del Estado, pero ese mismo día fueron localizadas cuatro personas asesinadas en Mazatlán, entre ellas un hombre y una mujer que fueron localizadas por un colectivo de búsqueda de personas que buscan desaparecidos en ese municipio.
“Ambos tenían las manos esposadas”, dijo una de las buscadoras mientras mostraba fotografías de los cuerpos que habrían sido dejados ahí al menos una semana atrás, “ya estaban descompuestos”.
La violencia se desplaza hacia el sur
No hay ningún reporte o informe oficial que describa qué pasa en Sinaloa a casi dos años de que comenzara la confrontación en el Estado, pero los testimonios de víctimas y pobladores ayudan a reconstruir cómo se ha modificado la geografía y el acomodo de los grupos criminales.
Luego del asesinato de El Texas se redujeron los asesinatos en Culiacán, pero un par de meses atrás se documentaban desplazamientos en Tepuche, al norte de Culiacán, un pueblo que fue atacado desde el mes de febrero con drones y bombas que eran dejadas caer sobre las casas y quienes las habitaban.
“Aventaron bombas hasta en la gasolinera y un día tiraron una cabeza en la plazuela con un dron”, dijo un joven que fue desplazado del pueblo, afirmando que quienes atacaban buscaban a quienes apoyaban a uno de los bandos, “preguntaban por la gente de los chapos y por eso todos ya mejor se voltearon”.
Se volvió común escuchar a pobladores y víctimas hablar de “los volteados”. En sus palabras, es cambiarse de bando, de un grupo a otro. Se trata de sobrevivir en sus lugares de origen sin irse.
Los reacomodos
En San Ignacio, un municipio al sur, pasó lo mismo. Durante más de un año fue territorio en disputa, con ataques con drones, quema de casas, despojo de tierras, balaceras y desapariciones en La Caña, Contra Estaca, Pueblo Viejo, Las Azoteas, Casa de Tejas, El Candelero, Rincón del Guayabito, La Lechuguilla, Las Sabilas, Los Brasiles, Tenchoquelite, Tepehuajes, Los Plátanos, Las Mulas, Las Lajas, El Cantón, Tolosa, El Chaco, Vado Hondo, San Juan, Los Humayes, Tacuitapa y El Capule. Son pueblos fantasma.
Pero ahí ha cambiado algo que no ha sido explicado de manera formal por autoridades. Los reportes de violencia disminuyeron, aunque por los pueblos se pasean hombres armados, algunos en cuatrimotos y otros más en camionetas 4×4.
“Se voltearon a la Mayiza”, explican pobladores. Incluso dan nombres de supuestos líderes, como René Bastidas, quien también es conocido como El 00. “El René fue el que se volteó, es el que tenía toda la violencia aquí y llegó a un acuerdo. Ahora todos son de los mismos”.
Aunque no en todos los municipios pasa lo mismo.
En Concordia los hechos violentos se incrementaron tras la detención de Gabriel Nicolás Martínez Larios, El Gabito, señalado como responsable de los altos niveles de violencia en municipios como Escuinapa, Rosario, Concordia y Mazatlán en favor de operaciones de Los Chapitos, sobre todo casos relacionados con desaparición de personas, fosas clandestinas, bloqueos, asesinatos, desplazamientos forzados, el control ilegal de minas y trasiego de drogas.
A él y su hermano, de nombre Óscar Luciano Martínez Larios, conocido como El Casco, se les involucró como responsables de la desaparición y asesinato de 10 empleados mineros de la empresa Vizsla Silver, quienes fueron privados de su libertad el 23 de febrero en La Clementina, un complejo residencial donde la empresa canadiense tenía un campamento para los empleados.
Apenas el 2 de junio ocurrió la detención y los pueblos de Concordia se convirtieron en una zona compleja.
“Estamos literalmente vigilados por la gente armada, ya se establecieron dentro de cuatro pueblos, en casas que estaban solas. Pareciera que hubiera un acuerdo con la gente que está posesionada de la sierra. Porque andan muy tranquilos y antes se ocultaban, ahora no. Hasta han tomado casas de las mejores y ahí están muy tranquilos”, dijeron pobladores de los altos de Concordia, de pueblos como Potrerillos, Chirimoyos, El Palmito, La Guayabera y Pánuco.
En Escuinapa la situación cambia, ahí hay un impasse desde la detención de Misael Guerrero Pérez, El Güero Pin, presunto jefe de plaza de Los Chapitos en el sur de Sinaloa. Fue arrestado el 25 de junio junto con Hilario Javier Martínez Gómez, quien había sido director de la Policía Municipal, pero en ese momento fungía como su escolta.
Ese municipio había sido un foco de problemas relacionados con ataques con drones, desplazamiento en Isla del Bosque, El Palmito, Tecualilla y El Camarón. Luego esos ataques pasaron a la cabecera municipal, que desde octubre de 2025 hasta junio de 2026 fue zona impasible por ataques con drones, incluyendo a las instalaciones de la Policía Municipal y el campamento del Ejército que se queda en el gimnasio municipal. Ahí aún quedan vestigios de un ataque que ocurrió el 9 de febrero, con un hoyo que sigue sin repararse en el techo del gimnasio.
“Desde que detuvieron al Güero sí hay asesinatos, pero son muy puntuales”, afirmó una pobladora que accedió a entrevista. “Se han quedado en Tecualilla, desde ahí están vigilando y esperando a que se vaya el Ejército”, agregó otro poblador de Escuinapa.
Los pobladores tratan de tener explicaciones, piensan más en que el grupo que dominaba está débil y que el Ejército detiene a Los Cabrera, un grupo criminal que habría ingresado desde Durango.
“Mientras estén los del Ejército, no entran”, dijo un poblador consultado, haciendo referencia que hay puestos militares en las entradas y salidas de Escuinapa, recorriendo las calles de la cabecera municipal, haciendo recorridos en zonas pesqueras y en los huertos de mango que son las principales actividades económicas de esta región.
Mazatlán, un caso aparte
El Estado y la Federación comprenden a Mazatlán como un lugar que debe cuidarse. El puerto es el principal destino turístico de Sinaloa y el segundo de la región noroeste de México. Ahí hay un crecimiento inmobiliario enorme, con torres construyéndose sobre el Malecón y con la ciudad expandiéndose hacia el norte con fraccionamientos y más torres. Es un boom inmobiliario que data de 2017, justificado con el incremento de turistas nacionales y con un mercado internacional de viajeros de Canadá y Estados Unidos que han apostado sus años de retiro en este lugar. Y eso es lo que se está cuidando.
Se han enviado más de 6.000 elementos del Ejército, Guardia Nacional, Marina y de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana para colocarse alrededor de la zona turística. Hay militares que se ven caminando sobre el malecón, otros apostados con sus camionetas en la Zona Dorada, algunos en puestos militares en zonas estratégicas como Cerritos.
Durante el último mes ha funcionado esa estrategia a medias, porque en la zona turística –donde están los bañistas, los que van a los centros nocturnos, restaurantes, los que se pasean sobre el Centro Histórico y se toman fotos con los atardeceres– han sido asesinadas cuatro personas.
Fuera de esa zona están las colonias populares, el territorio de donde provienen los trabajadores de los hoteles, torres de departamentos, los restaurantes y centros nocturnos, ahí es donde están los muertos.



