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La escalada rusa alimenta el debate en el flanco oriental de la OTAN sobre la capacidad de respuesta aliada

Rusia aumenta la presión en el confín oriental de Europa. Moscú pone a prueba casi a diario la capacidad de respuesta de Occidente y ensancha los límites de la zona gris, el espacio de conflicto por debajo de la guerra abierta. Polonia alerta insistentemente de que este otoño el Kremlin subirá la apuesta, mientras los bálticos —Estonia, Letonia y Lituania— tratan de evitar el alarmismo y se defienden de quienes les consideran condenados a ser víctimas de una aventura militar rusa.

Las señales que emite Moscú alimentan la inquietud. A los rumores sobre una nueva movilización se suman una subida fiscal para financiar la guerra, mientras aumenta y mejora sus capacidades. La preocupación se extiende más allá del flanco oriental y alcanza a países como Francia, pero es en el este de la OTAN donde el debate resulta más intenso. El objetivo de Rusia “es destruir a gran escala la economía y la logística de Ucrania”, dijo el primer ministro polaco, Donald Tusk, la semana pasada en el Parlamento. Pero también, añadió, “debilitar la integridad de la OTAN y socavar la credibilidad del artículo 5” de defensa mutua.

Para Varsovia el riesgo es acuciante. El Gobierno ha intensificado sus advertencias sobre una posible escalada en los próximos meses, e incluso semanas. El ministro de Exteriores, Radoslaw Sikorski, declaró el jueves en Nueva York que “Rusia planea algo grande para este año”.

Marek Menkiszak, director del departamento sobre Rusia del Instituto de Estudios Orientales (OWS) de Varsovia, defiende la comunicación activa para involucrar a la población en la prevención. Este viernes, el Ejecutivo ha difundido una guía sobre cómo protegerse en caso de ataque aéreo. Lo “catastrófico”, añade al teléfono, son los mensajes de dirigentes y líderes políticos de algunos países que proyectan “una imagen de debilidad, de miedo y de división” ante Moscú.

La escalada, sostiene Menkiszak, “es inevitable; ya la estamos sufriendo y es progresiva”. Pero aclara: “Rusia no va a implicarse en una guerra abierta, incluso aunque se prepare para ello”. Primero, porque está centrada en Ucrania y no puede abrir otro frente, señala el experto. Pero, sobre todo, “porque no tiene motivos para pensar que la OTAN y los aliados no estén listos para responder” a una confrontación militar.

Los polacos nunca han sentido la independencia del país tan amenazada desde la caída del comunismo. Una encuesta del instituto de investigaciones sociológicas CBOS realizada pocos días después de la intrusión de una veintena de drones en septiembre de 2025 registró esa percepción en el 63% de los encuestados, el nivel más alto desde febrero de 1991. Sabotajes, ciberataques y campañas de desinformación forman ya parte del paisaje mediático. Las incursiones aéreas sobre el Báltico, la violación del espacio aéreo ―la última esta semana con un helicóptero que voló desde Kaliningrado―, y la aparición ocasional de drones y misiles han dejado también de ser episodios excepcionales. En las regiones orientales ya se activan alertas antiaéreas ante ataques en el oeste de Ucrania que amenazan la zona fronteriza.

Advertencias de Varsovia

Tusk lleva tiempo instando a la población a prepararse, y a los aliados, a movilizarse. En los últimos días ha manifestado que tiene información de los servicios secretos, incluida la CIA, sobre planes para atacar con más fuerza en las fronteras de Ucrania, como ya ha hecho en las inmediaciones de Rumania, Moldavia y Polonia. En su comparecencia ante los diputados de la semana pasada afirmó que Moscú pretende enviar drones y misiles a territorio de la OTAN y enmascarar los hechos como accidentes. Días antes, el ejército sacó del mar Báltico un dron ruso tipo Gerbera.

Según una exclusiva de Newsweek Polska, Estados Unidos ha advertido también a Polonia de una posible amenaza para el cableado submarino por el que circulan datos esenciales para la banca internacional. Varsovia considera que estas acciones buscan minar el apoyo occidental a Ucrania y presionar tanto a los países que abastecen a Kiev como a los intermediarios que facilitan ayuda militar y económica. En respuesta, llama a redoblar la ayuda a Kiev.

Los bálticos rebajan el alarmismo

Los Estados bálticos, más expuestos por razones geográficas, de tamaño y población, tienen otro afán comunicativo: sacudirse la etiqueta de escenario más vulnerable a una acción militar de Moscú. El presidente ruso, Vladímir Putin, volvió a azuzar la presión este viernes al afirmar que defenderá los derechos de la población de origen ruso en estos países. Narva, la ciudad estonia fronteriza con Rusia, donde el 96% de la población es rusohablante, aparece de forma recurrente en las hipótesis que contemplan una incursión limitada rusa en territorio aliado. Esta misma semana le dedicaba un artículo el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) y lo mencionaba como posibilidad un informe de los servicios de inteligencia daneses.

Las autoridades estonias insisten en que no existe ninguna amenaza inminente que justifique elevar el nivel de alerta militar. “Nuestra tarea no es dejarnos paralizar por el miedo, sino estar preparados para cualquier desafío o escenario que pueda plantearse”, insistió el Ministerio de Exteriores esta semana en X.

Letonia, que celebra elecciones el próximo 3 de octubre, advierte del riesgo de campañas de influencia y desinformación vinculadas a Rusia. En Lituania, este viernes observaron cómo la agencia rusa Ria Novosti publicaba ―para después retirar―, un artículo en el que un propagandista ruso lanzaba al país amenazas nucleares.

dron estados unidos

Edward Lucas, autor y fundador del Baltic International Security Centre, denuncia una campaña rusa de influencia “destinada a sembrar miedo e incertidumbre en los países bálticos y en torno a ellos”, en la que caen también analistas y centros de estudio occidentales. “Los bálticos están vigilantes; no se van a ver sorprendidos”, subraya a este periódico, y recuerda que cuentan con el apoyo de fuerzas internacionales. “No es una situación cómoda y hay muchos motivos para preocuparse, por ejemplo, sobre la defensa antiaérea: necesitamos un muro antidrones”, añade, sin restar gravedad a la situación.

La respuesta, según el flanco oriental

Más serio es que, desde su punto de vista, “la OTAN no está configurada para combatir la guerra que Rusia está librando ahora mismo”. “Y esa es una guerra ambigua. Nosotros sencillamente no entendemos bien la ambigüedad ni sabemos cómo gestionarla”, incide Lucas.

A partir de ese diagnóstico, en el flanco oriental existe un debate cada vez más intenso sobre cómo responder. El analista cree demostrado que las medidas actuales no están frenando las acciones rusas y propone una “disuasión lateral asimétrica”, es decir, responder de forma indirecta y coordinada entre aliados en distintos dominios, ejerciendo presión sobre intereses rusos. “Así se comparte el riesgo de escalada entre varios países”.

Robert Pszczel, exfuncionario de la OTAN y analista de seguridad, plantea para empezar: “La mejor defensa frente a las amenazas híbridas se basa en unos cimientos claros: hay que contar con unas fuerzas armadas sólidas”. “Y también hay que transmitir, al menos, la señal de que se está dispuesto a utilizarlas”, añade.

Guerra de Rusia en Ucrania

Pero, además, se trata de respaldar con hechos lo que se comunica, apunta. “Hay muchas reuniones de dirigentes, muchos comunicados, muchas expresiones de ‘profunda preocupación”, opina Pszczel. “Eso es fingir que se está haciendo algo, en lugar de hacer realmente algo. Y ya no podemos permitirnos eso”. Entre las medidas políticas y legales que plantea figuran endurecer y alargar las sanciones, vetar los visados a turistas rusos y actuar contra la flota fantasma, los buques que Moscú emplea para eludir las sanciones al petróleo.

Polonia es un país profundamente polarizado, pero todo el espectro político comparte, con matices, la mano dura frente al Kremlin. Tomasz Szatkowski, miembro del Consejo de Seguridad y Defensa de la Presidencia polaca y exembajador de Polonia ante la OTAN, sostiene en conversación telefónica que “lo único que entiende Rusia es el lenguaje de la fuerza”. En su opinión, la disuasión efectiva solo puede llegar de la Alianza, no de la UE, y exige “una respuesta colectiva”. Los anuncios esta semana del envío de tropas estadounidenses de rotación a Lituania, la permanencia de las que están en Estonia y los planes para establecer una base permanente en Polonia han sido recibidos con alivio en la región tras la incertidumbre sobre el repliegue en Europa anunciado por el presidente Donald Trump.

El también secretario general del grupo ultraconservador de los Conservadores y Reformistas Europeos en la Eurocámara, admite que Rusia puede erosionar el apoyo a Ucrania, alimentar las divisiones occidentales y provocar una escalada no deseada. Pero Szatkowski considera más peligroso no responder. Si una acción ambigua causara víctimas, defiende, tiene que haber una reacción, aunque sea impulsada por una coalición de aliados dispuestos a actuar. De lo contrario, Moscú seguirá avanzando mediante “tácticas de salami”: pequeños pasos difíciles de responder de forma aislada.

“Nos movemos en un entorno problemático, en estas circunstancias, aumentan las posibilidades de una escalada, pero no hay otra alternativa que actuar”, opina. Una conclusión extendida en el principal país del flanco este de la Alianza.


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