“Hasta el final, compañeros”: Sol vuelve a acampar quince años después del 15-M
“Mañana, cuando volvamos a ver a Maricarmen, le diremos: ¡Mira, tía, la que has montado!”, grita Valeria Racu, portavoz del Sindicato de Inquilinas, para animar a los cientos de personas que este sábado han acampado en la Puerta del Sol. La respuesta es atronadora: vítores, aplausos y gritos que se extienden por toda la plaza. Más de 150 tiendas de campaña se alzan ya en el corazón de Madrid. En el centro, una carpa naranja, el color del Sindicato de Inquilinas, almacena agua, comida y otros suministros para aguantar, al menos, durante el fin de semana. La imagen recuerda inevitablemente a la acampada del 15-M, que hace quince años convirtió esta misma plaza en el epicentro de la protesta social.
Esta vez, el origen tiene nombre y apellido: Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años, en silla de ruedas, que fue desahuciada el miércoles de su vivienda en un barrio del centro de Madrid. La multitudinaria marcha convocada para protestar contra su desahucio ha terminado este sábado en una acampada que, entrada la noche, mantiene la Puerta del Sol ocupada.
Desde el centro de la plaza, el Sindicato de Inquilinas ya ha puesto fecha al siguiente capítulo. “El martes hay un Consejo de Ministros. Este Gobierno, que se autodetermina progresista, tendrá que demostrar si es capaz de hacerle caso a esta chispa que se ha encendido. Y si es capaz de ponerse de una vez por todas del lado de la gente y no del lado de los especuladores”, bramaba Racu. Después concretaba la exigencia: “Tienen sobre la mesa el decreto Maricarmen. Lo único que tienen que hacer es aprobarlo el martes”. Y lanza la advertencia, entre aplausos: “O cae el rentismo, o cae el Gobierno. Que quede muy claro”.
A unos metros del discurso, varios manifestantes libran su propia batalla con una tienda de campaña Quechua que se resiste a quedarse en pie. “¿Necesitáis ayuda?”, preguntan desde la tienda de al lado quienes ya han conseguido montar la suya. Se acercan, tiran de una varilla, sujetan una esquina, prueban de nuevo. Entre todos, consiguen levantarla. Más allá, cinco jóvenes conversan con gesto preocupado sobre qué representación sacará Vox tras las próximas elecciones. Hablan, hacen cuentas, especulan. Al final, uno zanja la conversación con un encogimiento de hombros: “Ya veremos”.
Mientras, Racu sigue llamando a la gente a quedarse. “Qué bonito es saber que cuando nos organizamos tenemos más poder que cualquier político, que cualquier policía, juez o empresario”, dice. Pero hay una pregunta que sobrevuela la acampada: ¿hasta cuándo aguantará el ánimo de la gente? El plan, de momento, es pasar también el domingo en Sol con la esperanza de que se replique en otras ciudades. Después, resistir hasta el martes. Uno de los manifestantes, José Ángel Anaya Valverde, de 58 años, habla de la movilización con sus amigos. Espera que lo que está ocurriendo esta noche termine convirtiéndose “en el 26S”. No es el único que mira más allá del fin de semana.
Antía Lousada, de 38 años, dice que quiere quedarse hasta el martes para comprobar si la presión social consigue que salga adelante el decreto de vivienda. El miércoles estuvo frente a la casa de Maricarmen durante el desahucio. También se manifestó ante el ático de Ayuso y esta tarde ha recorrido las calles de Madrid en la multitudinaria marcha. Ahora prepara la noche en Sol junto a Ángel Villalón, que lleva una esterilla enrollada y atada a la mochila.
“La lucha social siempre emociona porque te hace sentir partícipe de algo que es más grande que tú y que las cosas pueden cambiar”, dice Ángel. Los dos estuvieron en el 15-M y esta noche celebran especialmente una imagen, la de tantos jóvenes ocupando de nuevo la plaza. “Se habla de que los jóvenes son de ultraderecha, pero aquí veo a muchos que no lo son”, dice Antía.

Pasada la medianoche, llega el actor y director Juan Diego Botto para mostrar su apoyo a los manifestantes, como ya hizo el día en que Maricarmen fue desahuciada. “La vivienda es el gran tema de nuestro país”, asegura a EL PAÍS. Para Botto, la movilización que ha provocado el caso de Maricarmen y que esta noche mantiene ocupada la plaza no es una sorpresa. “Esto es inevitable, si no pasaba hoy pasaría en algún momento”, sostiene. Lo resume con dos ejemplos: “Si eres joven no te puedes emancipar, si eres adulto, no te puedes divorciar”. Por eso considera necesaria la protesta, especialmente después de un desahucio como el de Maricarmen. “Vemos desahucios tan crueles como el del otro día y no existe ninguna ley para evitarlo”, afirma.
A su lado aparece también el actor Carlos Bardem, hermano de Javier Bardem, con dos carros de la compra cargados de comida para los acampados. Mientras tanto, en el muro del edificio de la Presidencia de la Comunidad de Madrid proyectan el rostro de Maricarmen. Es un vídeo que ya circuló hace unos días con las primeras palabras que la mujer envió desde el hospital, un día después de ser desahuciada de la casa en la que había vivido durante 71 años. El sonido no llega a todos los rincones de la Puerta del Sol, pero sí lo hace el aplauso. Se vuelve especialmente intenso cuando Maricarmen anima a los manifestantes a seguir luchando.

La escena tiene algo de déjà vu. Quince años después, la Puerta del Sol vuelve a llenarse de tiendas de campaña y a recordar a aquella otra acampada que en 2011 terminó por convertirse en el símbolo de una protesta que sacudió el país. La noche del 15 de mayo de aquel año, unas 30 personas acamparon en Sol después de las movilizaciones convocadas por Democracia Real Ya! Dos días después, la noche del 17, ya eran alrededor de 200. En la madrugada del 18, la policía desalojó el campamento. Lejos de poner fin a la protesta, el desalojo provocó que más personas se sumaran. Durante esa noche y los días siguientes, la acampada no dejó de crecer hasta reunir a miles de personas en la plaza.
Este domingo, ya de madrugada, el barullo de la plaza se va apagando poco a poco. Frente a las tiendas, todavía quedan grupos de pie, conversando y haciendo guardia, con pocas ganas de dormir. Los que sí buscan unas horas de sueño empiezan a ocupar los bancos bajo el mítico edificio del Tío Pepe. Uno de ellos, un hombre de 56 años, está tumbado y medio dormido cuando suena el teléfono. Contesta. Al otro lado le preguntan dónde está. “¿Que dónde estoy? Viviendo un acontecimiento histórico en directo”. La frase queda flotando en una Puerta del Sol junto a una consigna: “Hasta el final, compañeros, como nos ha enseñado Maricarmen”.



