Las dunas costeras de Yucatán, bajo amenaza por desarrollos inmobiliarios de lujo
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Una montaña de arena se eleva entre la vegetación de las dunas costeras junto al mar de Chuburná Puerto, en Progreso, Yucatán. A unos metros, en los postes de electricidad sobre la carretera y en el Refugio Pesquero, la publicidad anuncia los desarrollos más exclusivos en “el estado más seguro” de México. Ahí se construye uno de esos proyectos inmobiliarios, el Complejo Turístico Dunas de Designia Desarrollos, sobre un ecosistema en el que habitan flora y fauna endémica de la región, algunas especies en categoría de riesgo como el colibrí cola hendida, la matraca yucateca y tres de las seis tortugas marinas en México.
“Las dunas representan una identidad como pueblo maya porque han pasado de generación en generación como sustento de muchas familias”, dice Karen Sosa, originaria de Chuburná Puerto, descendiente de familias que trabajaban en las salineras. Sosa participó en una manifestación en la capital yucateca, Mérida, contra el Complejo Turístico Dunas, el 31 de julio. Según esta mujer, las inmobiliarias ven la costa como un terreno baldío listo para invertir. “Pero lo que no ven es que estamos hablando de un ecosistema activo que ningún condominio de lujo puede replicar ni sustituir una vez que desaparece”, intervino.
En la protesta exigieron la detención permanente del proyecto, revocación de permisos, sanciones administrativas, restauración de la vegetación endémica, la legislación a nivel estatal de una consulta previa, libre e informada y la declaración de la franja costera como Área Natural Protegida.
Un día antes, el 30 de julio, el proyecto fue clausurado temporalmente por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) por incumplir las condiciones en las autorizaciones e irregularidades, causando “un daño irreversible directo a la estabilidad del ecosistema y representa una pérdida de la biodiversidad”. Designia Desarrollos no accedió a una entrevista con este medio.
Las de Chuburná son de los pocos ecosistemas de dunas de arena que se conservaban en la costa yucateca modificada por construcciones civiles y portuarias. Estos ayudan a crecer las playas durante el verano y las arenas de las playas se depositan en las dunas durante el invierno, huracanes y frentes fríos, por lo que permiten mantener la dinámica natural de la costa.
Gabriela Mendoza, autora del Manual de restauración para dunas costeras de la Península de Yucatán (UNAM, 2022), afirma que se ha demostrado a lo largo de los años que los desarrollos inmobiliarios construidos sobre las dunas costeras y cerca del mar “son poco o nada sustentables”.
“Un proyecto de estas características resulta preocupante para la biodiversidad nativa y la destrucción del ecosistema que es amortiguador de los eventos climáticos del océano, frentes fríos, tormentas, huracanes, ya que las dunas son la primera línea de defensa frente al cambio climático”, advierte a América Futura. En Yucatán, el sedimento traído por las corrientes marinas se deposita al este de las estructuras civiles y portuarias, pero la erosión es favorecida al poniente de ellas, por lo cual las dunas costeras son impactadas.

138 departamentos sobre las dunas
Yucatán es el escenario más reciente del rechazo social en México frente a proyectos turísticos, industriales e inmobiliarios que representan amenazas para el medio ambiente como Perfect Day, un parque de diversiones de la naviera Royal Caribbean en Mahahual, Quintana Roo, y una planta alemana de amoníaco Topolobampo, Sinaloa. En el caso yucateco, la indignación se manifestó tras la deforestación de un polígono ubicado en el interior de las dunas costeras.
En julio de 2026, maquinaria pesada del proyecto de Designia Desarrollos removía la arena de las dunas de Chuburná. En el lugar se plantea la edificación de 14 torres con 138 departamentos con capacidad para alrededor de 552 personas, según el Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) presentado a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
El proyecto, de 92.000 metros cuadrados, tendrá dos albercas y cafeterías en el lado norte, entre las dunas y la playa y el mar; mientras que el lado sur —el terreno está dividido por la carretera Yucalpetén-Chuburná Puerto— tendrá estacionamiento y zona comercial, junto a la ciénaga y el humedal costero.
El Plan Municipal de Desarrollo Urbano (PMDU) de Progreso, publicado en 2024, establece a las dunas como “zona no urbanizable”, con la excepción del perímetro donde se construye el desarrollo, en el interior de las dunas, considerada como “urbanizable tipo 1”. Ese fue el argumento que dio Auralux Representaciones, la empresa representante del Complejo Turístico Dunas en el Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA), para construir allí. El MIA justifica que la zona ya fue impactada, porque ya existe tránsito vehicular en fines de semana, festivos y vacaciones.
Según lo expresado en la Manifestación, el proyecto no intervendrá en la Zona Federal Marítimo Terrestre (Zofemat), la franja de protección de 20 metros hacia el mar. Mendoza señala que esa distancia “es insuficiente para mantener los dinamismos de la playa y duna costera, la dinámica sedimentaria y protección, además afectaría la biodiversidad y los bienes y servicios ambientales, los servicios de regulación, culturales, de provisión y de soporte”.
La empresa reconoce que las condiciones originales del paisaje se perderán. “Pasará de un sitio con condiciones paisajísticas hasta cierto punto bastante conservadas [por vegetación de duna costera y manglar] a un Complejo Turístico, con edificaciones visibles desde gran lejanía, lo que se debe al relieve prácticamente plano de toda la región”.

La MIA justifica la construcción debido a las alteraciones viales preexistentes y otros usos humanos que “conllevan a un deterioro en la calidad de los elementos naturales” como la “coexistencia de usos turísticos similares”. Afirma que aumentará el atractivo para el desarrollo de nuevos proyectos en la zona “debido al crecimiento exponencial de la ocupación de las costas” yucatecas e incrementará el aforo y tránsito vehicular de la zona.
Más que un ecosistema, una clase social
Dunas de Designia Desarrollo forma parte de una serie de proyectos inmobiliarios en Yucatán que transforman el paisaje, el medio ambiente y la sociedad. Javier Becerril, economista y autor del artículo académico La comercialización de los lotes de inversión en Yucatán, México, explica a América Futura que desde hace una década los Gobiernos yucatecos han promocionado el estado como destino y paraíso para inversión pública, ofertando infraestructura, seguridad pública y estabilidad política. “Proponen un intercambio: generación de empleo en detrimento de los recursos naturales. Los impactos son claros y evidentes al destruir las dunas y mangle con la erosión de las playas”, expresa.
En 2018 inició la verdadera especulación de tierras y el ‘boom’ inmobiliario, promocionando a Yucatán en México y el extranjero, cuando Gobiernos y empresarios especularon que el Tren Maya detonaría la industria hotelera e inmobiliaria, por lo que ofertan terrenos en Pueblos Mágicos y la Costa Esmeralda, el litoral yucateco, explica. “Los menos beneficiados son los yucatecos, similar al fenómeno de la Riviera Maya, en donde los grandes inversionistas de la industria hotelera e inmobiliaria están en manos de extranjeros”, declara. Él ha identificado entre 100 y 130 proyectos inmobiliarios, principalmente desarrollos verticales, complejos residenciales, villas y hoteles.
Los departamentos verticales representan un segmento particular de mercado, con características premium por sus acabados de lujo, casi todos frente al mar, estacionamiento privado y vigilancia. Los réditos son enormes: el costo de construcción del Complejo Turístico Dunas es de 18 millones de pesos, según la MIA, cuando los departamentos se venden entre los 8 millones y 13 millones de pesos. El salario promedio en Yucatán es de 7.700 pesos al mes (casi 400 euros), inferior al salario mínimo mensual de México de 9.582.47 (485 euros).
Los habitantes e inversionistas de estos proyectos “representan una nueva clase social, que no es equiparable a la vida en Yucatán”, afirma el economista. Asegura que contrasta con la realidad socioeconómica del estado. “Al lado opuesto de la playa, y hacia el interior del pueblo, existen los cinturones de miseria, una división clara de la exclusión social”.
Los principales clientes son pensionados de Canadá, Estados Unidos y Europa, seguidos de los nacionales procedentes de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Los adquieren como una opción de retiro y refugio durante el invierno. Algunas personas que llegan a la costa yucateca piensan que la playa es privada y cierran el paso, contrario a lo establecido por la constitución mexicana, lo que reemplaza a los locales, afirma el investigador.
“Esto ha generado un gran descontento en muchos pobladores en casi todos los lugares de playa. Hay exclusión social y económica que es tenue pero perceptible entre los estratos sociales, los precios de restaurantes, centros nocturnos, discotecas”, declara. Bajo las sombras de las montañas de concreto en la costa yucateca quedan desplazadas las personas, la vegetación y los animales que comparten las dunas y el mar.


