Los 68 mexicanos que enfrentan la fuerza del huracán ‘Polo’ en las islas de Revillagigedo
A las cuatro de la tarde del viernes, solo tenían cuatro horas más con electricidad antes de que se cortara la luz en el archipiélago mexicano de Revillagigedo, a 800 kilómetros al oeste de Colima. La razón se llama ‘Polo’. Un huracán de máxima categoría que acechará al conjunto de islas durante toda la noche. Vientos de 257 kilómetros por hora con ráfagas de hasta 313. El almirante de la Marina y jefe de Estado Mayor de la cuarta zona naval, Víctor Manuel López, ha estado al mando de la preparación de las dos instalaciones militares que hay en las islas sobre las que pasará el temporal en la madrugada de este sábado. “Toda la gente ya está en sus refugios”, explica en llamada telefónica.
La “gente” son 62 militares, que rotan cada 30 días y seis civiles, biólogos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. El almirante se encuentra en Socorro, la más grande de las cuatro islas que conforman Revillagigedo. Allí hay 55 personas. Las otras 13 están en Clarión, mientras que las diminutas islas de San Benedicto y Roca Partida están deshabitadas y sin ningún rastro humano. Desde hace días el personal de alto rango instruye a los soldados para el huracán, y estos clavan tablones en puertas y ventanas para que no cedan ante los vientos.
‘Polo’ amenazó durante la última semana las costas del Pacífico mexicano, pero nunca se acercó a más de 250 kilómetros de tierra. Siguió en paralelo a la costa y se ha alejado en los últimos días, lo que lo ha llevado en máxima categoría a Revillagigedo, unas islas que apenas llegan a 167 kilómetros cuadrados, unas ocho veces menores que Ciudad de México.
Cuando pase el huracán, todos estarán encerrados en sus construcciones de “duro” concreto. La Marina ha cortado manualmente los motores de diésel que abastecen de luz a Socorro y Clarión. Quedan, por tanto, incomunicados. La bajada de fusibles se hace para “preservar los sistemas de fuerza y potencia”. Reconectarán paulatinamente la electricidad a partir del mediodía del sábado, cuando López informará a la base de Manzanillo de los efectos del huracán en las islas.

Lo peor del ciclón en Revillagigedo se espera entre la medianoche y las 6.00 del sábado, según el Servicio Meteorológico Nacional. “Estamos fuera del ojo del huracán, pero vamos a estar en la periferia de uno de los cuadrantes más peligrosos”, explica el almirante.
La cena antes del apocalipsis es lo que el almirante López llama “ración ciclónica”: pollo y atún enlatados, manzanas, jugos y chocolates. “Ayer entregamos las raciones. Desayuno, comida y cena para tres días”, expone López.
La principal razón y la primera que nombra el almirante cuando se le pregunta por qué hay 68 personas allí ante un huracán de categoría 5 es “ejercer el mando naval en esta área de jurisdicción para mantener el Estado de derecho y para garantizar los intereses marítimos del Estado mexicano”. Es decir, controlar la soberanía sobre las islas.
Desde 1957 son manejadas por la Secretaría de Marina (Semar). En 1861, Benito Juárez las anexionó administrativamente a Colima, un estatus que se mantiene hasta hoy. Antes, el archipiélago fue nombrado así en honor a Juan Vicente de Güemes, conde de Revillagigedo y virrey español de Nueva España entre 1789 y 1794.
La Semar también está presente en las islas para ayudar a cualquier embarcación que sufra los embates del océano Pacífico y para evitar la pesca ilegal. El archipiélago fue declarado Parque Nacional por el presidente Enrique Peña Nieto en 2017, lo que lo convirtió en la mayor protección ambiental de la historia de México. Un año antes, la UNESCO lo nombró Patrimonio Natural de la Humanidad.

Uno de los encargados de mantener protegidas a las islas es Osvaldo Morfines, teniente de fragata y comandante de la Estación de Búsqueda, Rescate y Vigilancia Marítima (ENSAR). “Nuestra misión es resguardar este espacio marítimo que tiene unos recursos naturales muy valiosos para el país”, argumenta el teniente por teléfono.
El archipiélago volcánico alberga más de 1.360 especies entre flora y fauna endémicas. Investigaciones científicas han demostrado que el veto a la pesca en el archipiélago es, paradójicamente, beneficioso para la industria. Cerca de las áreas protegidas, las capturas de atún aumentaron entre el 12% y el 18%.
Ahora la amenaza principal es el huracán. “En el momento más crítico, lo principal es salvaguardar nuestra integridad física”, explica Morfines. Confían en su “adiestramiento” para mantener la calma ante vientos de más de 250 kilómetros por hora.


