De “¿eres mantero?” a “¿eres modelo?“: la historia de Cheikh, de una patera a las pasarelas
Vivimos tiempos en los que conceptos como “Lo mejor” y “Lo peor” acaban por no poder diferenciarse de lo mucho que se han aproximado sus extremos. Podemos ser testigos de un acto de heroicidad que asombre, seguidamente, de otro de crueldad que nos devuelva a ese mutismo inicial. Podemos quedar anonadados con la colección de una firma en un desfile y sorprendidos por las condiciones laborales detrás de los cortinones. ¿Cómo contar, entonces, aquellas historias que han conocido de primera mano el paso de un aspecto a otro? Sencillamente, dándoles la palabra.
A pesar de que el género de las memorias haga pensar en autores de edades provectas, Cheikh Kane (Touba, un martes) demuestra que en la juventud uno también es capaz de mirar atrás y comprobar que ha sido mucho lo recorrido, no siempre en las mejores condiciones. Junto a la periodista, y actualmente su asistente en el mundo de la moda, María Albarral (Granada, 1982), ha escrito Una casa para mi madre, con el subtítulo De emigrar en patera a convertirse en supermodelo: la historia real de un sueño imposible, donde, desde los puntos de vista de cada uno, se revive la trayectoria de Kane hasta la actualidad. La complicidad entre Kane y Albarral —se refiere cariñosamente a ella como “My sister”— ha supuesto la base para ordenar la dureza y el desgarro que van inherentes a este tipo de historias. Una apuesta por el cambio de vida que, normalmente, acaba sumida en el fondo del océano.
“Conocí a María en el puerto de Marbella, en un momento de tensión entre manteros y policías. Venían muchos periodistas a preguntar por la zona, y ella, al cruzarse conmigo, me miró y dijo, oye, tú eres mantero, ¿verdad? Y yo: claro, lo dices porque soy negro, ¿no? [risas] Le dije que no, que fui mantero, pero que ahora era modelo aunque siguiese trabajando allí, en los alquileres de motos de agua. Entonces empezamos a hablar y concertamos una entrevista que se publicó donde ella trabajaba, en el Diario SUR, y después de publicarse el vídeo y demás, comenzaron las llamadas de medios nacionales y televisivos: Antena 3, Telecinco, La Sexta, etc. Surge ahí la posibilidad del libro y de contar mi historia”, explica Kane.


El encargo desde Penguin Random House le llegó a Albarral tras una comida en Madrid con Carmen Fernández de Blas, quien lanzó la oferta tras escucharle el relato de la vida de Kane. “El proceso de creación, de su escritura, conllevó momentos tan felices como difíciles. Viajamos 21 días a Senegal para documentarnos, recorrimos los lugares de su niñez; la playa de Mbour en la que se embarcó en el cayuco, la ciudad de Touba donde se crió, la daara —la escuela coránica—, y finalmente el reencuentro con su madre, Mbali, tras cuatro años separados, en la casa que iba construyéndose con el dinero que le enviaba Cheikh. Fue increíble, muy emotivo”, comenta la periodista granadina.
Después de haber pasado por distintos oficios, entre los que pueden contarse la albañilería, lavando platos o recogiendo olivas en Jaén, Cheikh Kane recibió, tiempo antes de la de María Albarral, otra pregunta que cambiaría su rumbo. “No tenía ni idea, ni sabía nada, del mundo de la moda. Aleksander Santos me encontró en el paseo marítimo, mientras trabajaba de relaciones públicas, y me preguntó: ¿Tú eres modelo, verdad? Me explicó quién era y que llevaba días pensando si acercarse o no. Tuve mis dudas, pero acepté su oferta de una sesión fotográfica. De hecho, de esas primeras fotos, que son además con las que me inicié en el mundo del modelaje, hubo gente que dijo que eran mentira, que yo realmente era modelo, porque salieron bastante bien [risas]”. La vida, irónica en sus decisiones, hizo que Kane acabase desfilando para marcas de las que, en sus días de mantero, vendía falsificaciones a los turistas.
Contrariamente a la fama de competitividad —justificada o exagerada, según el caso— que rodea al sector de la moda, la experiencia de Kane ha supuesto una excepción a la norma. Cuenta en su respectivo capítulo cómo tuvo que empezar a formarse de manera autodidacta, viendo vídeos de pasarelas en YouTube por las noches, entre un trabajo y otro, apenas quedándole unas horas de descanso. Esa motivación, una vez que las fotos de Santos provocaran que distintas agencias comenzaran a contactarlo por Instagram y a darle trabajos en campañas, tuvo que completarse con algo de formación. En sus primeros desfiles, su sinceridad a la hora de admitir su desconocimiento del medio, hizo aflorar la solidaridad de sus compañeros. “Hay mucha competencia, claro, más si vas a un casting. Pero me ayudaron mucho. Me decían, no te preocupes, tienes que ponerte así, el perfil y tal, y ya luego añadía lo aprendido de los vídeos”.
Albarral, por su parte, tuvo que implicarse en su nueva etapa como community manager. “La entrevista de Cheikh fue de las últimas que hice para el diario. Yo iba a irme a Lisboa a estudiar portugués, a volver a conectar con los orígenes familiares. Quería un cambio, finalmente, fue la carrera de Cheikh la que me lo dio. No aprendí portugués, pero sí acerca de las últimas tendencias”.
Una casa para mi madre, confiesa Albarral, ha sido una responsabilidad que asumir. A pesar de las facilidades que ofreciera la complicidad de su amistad, a nivel profesional no estaba exento de complicación. “El hecho de que en el libro utilicemos la primera persona era una manera de acercar al lector todo lo posible a una realidad cuya medida nunca llegaremos a entender en su alcance, a no ser que se vea con ojos propios. El objetivo principal era poder llegar a sentir lo que Cheikh sintió. Yo llegué a montarme en una patera, justo en la orilla donde partió la suya, y el encontrarme allí, en ese sitio inhóspito, con las maderas húmedas, el olor, la visión del Atlántico y su amplitud, cuando miras lo que hay detrás y ves que tienes la opción de escapar de una situación de pobreza o de miseria… Sí, es un deber que la gente comprenda cuánta desesperación puede haber para que esas personas se jueguen la vida, porque en Senegal saben que se la juegan, a sus costas llegan los cadáveres, ellos tienen redes sociales y también noticias. Ven cómo la mayoría se quedan por el camino”.
El libro, narrado tan natural como pormenorizadamente en cuanto a las condiciones extremas y las dificultades de la inclusión cuando se llega a un país europeo, convienen tanto Kane como Albarral que es “una píldora contra el odio, contra esta situación innecesaria, y por otro lado, una ayuda para hacer memoria, pues sus casos migratorios eran los mismos que los de los españoles no hace tantos años. Como periodistas, tenemos que poner foco y voz en realidades que, muchas veces, ni nos planteamos debido a sus lejanías”. A propósito, Kane lo resume sin florituras: “Aquí, nosotros venimos a trabajar, a buscar un futuro mejor y ayudar a nuestras familias. Gracias a que tengo todos mis papeles en regla, estoy trabajando y pagando todos mis impuestos, cotizando legalmente”.



