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El rey sin reino

Quizá porque Shakespeare supo ver que todo padre es rey en su reino hasta que deja de serlo, El rey Lear es la tragedia más grande entre sus tragedias.

La adaptación que dirige Angélica Rogel actualiza esa herida antigua, nos confronta con la vejez contemporánea, con la vergüenza de los padres en la vida de sus hijos. Con una edad en que los hijos descubren las imperfecciones de sus padres: caprichosos, injustos, diezmados por el temporal. Los gigantes de nuestras infancias revelan, bajo nuestra mirada adulta, sus pies de barro.

Toda historia tiene un derecho y un revés. La que nos cuentan Goneril y Regan acentúa las excentricidades del viejo y sus excesos. Otra, aún mayor, nos muestra el alma humana, veleidosa, sometida a las vulnerabilidades temporales de la voluntad.

El siglo XIX concluyó pensando que El rey Lear era irrepresentable, pues la pieza exigía un gran despliegue escénico. La versión de Rogel hace del teatro un reino propio, y de don Luis de Tavira el espléndido transmisor de un legado.

Su Lear cree poseer un reino porque puede señalarlo con el dedo y repartirlo. Quizá el drama de la paternidad, como el del poder, consiste en descubrir que el mundo que creemos nuestro nunca podrá repartirse entre los hijos.

El mapa de la herencia se ve representado en un diorama. El reino en una caja, la ficción dentro de la ficción, contenida en una austera tramoya. Y en su atmósfera sombría, el espejo de nuestro tiempo: un gran teatro de locos.

Harold Bloom escribió que Shakespeare es un espejo dentro de un espejo. Y por eso el Lear de cada uno de nosotros dice más de nosotros que de Lear mismo.

De las dos tramas que se urden en El rey Lear –la del viejo y sus hijas, y la de Gloucester con sus hijos–, la de Cordelia subyuga especialmente. Desde finales del siglo XIX se apuntó la posibilidad de que los papeles de Cordelia y el Bufón los representara la misma persona, y en esta adaptación ambos personajes son interpretados por Diana Sedano (nominada este año al Ariel como Mejor Actriz por Juana, ópera prima de Daniel Giménez Cacho). Cordelia es el detonante de la historia, pero el Bufón es el personaje con mayor desarrollo de trayectoria. Es máscara, oficio y sudor. Tiene un tiempo vital que transforma a quien lo representa.

El Bufón de Lear es amargo. Y este que Diana construye es muy mexicano: recuerda a los grandes actores de la carpa, Palillo, Clavillazo, Tin-Tan; su voz nos recuerda el habla de pachucos, cholos y chundos, chichifos y malafachas.

Lo que en un sabio es estupidez, en un bobo es luz. El Bufón nos enseña que en la corte no se encuentra la verdad en los consejeros áulicos, y sí en la profecía de los loquitos mansos. Es grandilocuente, tal vez porque encarna la conciencia de Lear antes de volverse loco. En Cordelia, en cambio, no hay grandes palabras. Hay amor en silencio. Solo Shakespeare puede conmovernos de esa forma a través de los siglos.

Conocí a Diana Sedano en 2015. Martín Acosta presentaba Dos personas se tocan brevemente, una pieza sobre migrantes en el reino de Las Patronas, al paso del tren, allá en mi sur veracruzano. La vi después en Soneto para dos almas en vilo de Martín Zapata. Su reino heredado es también el teatro, donde creció con su madre. Una hija del teatro interpreta a la hija de un rey que es también el rey del teatro.

¿Hay locura en el viejo monarca? ¿O una sabiduría que solo llegará después de la locura? Lear reparte el reino para liberar su vejez de tareas y cuidados, pero pretende conservar los atributos de su majestad. “De la nada no saldrá nada”, repite como anticipando el vaciamiento al que será conducido. Contra su propio designio, Lear nos enseña que no hay que confundir paternidad y reino. Antes de la luz, habrá oscuridad, tormenta. Antes de la justicia, lo humano se levantará en iniquidad.

Este 3 de septiembre inicia la temporada final de El rey Lear en el Teatro Helénico de la Ciudad de México, con un elenco inmejorable: Luis de Tavira, Diana Sedano, Mariana Gajá, Mayra Batalla, Mauricio García Lozano, Erika de la Llave, Rodrigo Virago, Roberto Pichardo y Raúl Villegas. Permanecerá en cartelera de jueves a domingo, hasta el 4 de octubre.

A Shakespeare volvemos porque sigue siendo necesario. Vaya con la mejor compañía posible. Al salir, asómese a la Capilla Gótica: la encontrará mágica, iluminada por la noche. Evite la glosa; nada será superior a la atmósfera de las horas anteriores.


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