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La mina de turquesa donde nació nuestro alfabeto (y cuáles fueron las primeras palabras que encontraron)

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Una representación de la diosa Hathor, la “Dama de la Turquesa”, y una de las decenas de estelas.

A principios del siglo XX, en un remoto lugar de la península del Sinaí, la pareja de arqueólogos William y Hilda Petrie hizo un descubrimiento fascinante.

Sucedió en un sitio llamado Serabit el-Khadim, una antigua región minera del suroeste del Sinaí, explotada desde época faraónica y asentada sobre una meseta rocosa.

En uno de sus puntos más elevados, dominando el paisaje circundante, antaño se alzaba un templo en honor a la antigua deidad egipcia Hathor, la diosa del cielo, las mujeres, la fertilidad y el amor, y patrona de muchos minerales.

Por esos lares la llamaban “Dama de la Turquesa”, pues esa era la piedra semipreciosa que se extrajo de allí por milenios.

Para los antiguos egipcios, la turquesa era un ingrediente importante para resucitar los faraones a la vida eterna. Su vibrante tono azul verdoso no solo decoraba las paredes de sus suntuosas tumbas, sino que simbolizaba la alegría, la felicidad y la vida.


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