Política

El día que Juan Carlos I pidió “encarecidamente” a Zapatero visitar Ceuta y Melilla

A finales de verano de 2007, el rey Juan Carlos I expresó “muy encarecidamente” un deseo al entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero en uno de sus despachos habituales: visitar Ceuta y Melilla antes de finalizar su reinado. “Para él era muy importante”, explican fuentes que integraron ese Gobierno socialista y siguieron de cerca lo que supuso la primera y única visita de un jefe del Estado español a las ciudades autónomas tras la Constitución. El presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, aseguró este lunes en una entrevista en la Cadena SER que la foto de un monarca en el territorio, que actualmente sufre una grave crisis migratoria, puede volver a repetirse en breve.

Juan Carlos I y la reina Sofía pasaron apenas cinco horas en Ceuta el 5 de noviembre de 2007, cuando fueron recibidos por los ceutíes con banderas de España y cánticos, al grito de “Ole, ole, ole, somos españoles”, cuentan las crónicas de la época. En su discurso en el Salón del Trono del Ayuntamiento de la Ciudad Autónoma, el jefe del Estado aseguró que con su visita cumplía un “compromiso pendiente”. Luego, regresaron a dormir a Málaga y al día siguiente repitieron una visita casi simétrica en Melilla. Lo cierto es que el viaje, controlado hasta el milímetro por el Gobierno español, había empezado a planearse varios meses antes.

Nunca durante los mandatos presidenciales anteriores —de Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, Felipe González y José María Aznar— se había autorizado un desplazamiento de estas características, de hecho, el propio Zapatero había dado el paso de acudir a Ceuta y Melilla a principios de 2006, mientras que sus predecesores lo habían evitado desde 1981 por miedo a indisponer a Marruecos.

Según fuentes del entorno del expresidente, el monarca expresó a Zapatero que quizás ese 2007 era el momento “oportuno” para organizar el viaje, dada la buena sintonía que su Gobierno estaba tejiendo con Marruecos. La relación entre Juan Carlos I y el presidente socialista vivía también uno de los momentos de mayor intensidad, así que la respuesta del jefe del Ejecutivo entonces fue “de comprensión y de receptividad”, sostienen esas fuentes, que insisten en que la decisión final se tomó, como debe ser en este caso, desde el Gobierno. “Es constitucionalmente inequívoco”, explican en relación a que cualquier paso que quiera dar el Rey debe pasar siempre por el Ejecutivo.

Zapatero informó a varios ministros de la posible iniciativa y se desplegó entonces una estrategia política. “Tanto en lo que supondría la agenda de la visita, su contenido, su duración, posibles intervenciones de los reyes, especialmente, la dimensión diplomática”, cuentan. Fue el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, el que lideró los contactos con Marruecos, incluido un viaje en septiembre de ese año para tratar de explicar con transparencia la iniciativa. “El presidente Zapatero secundó por canales discretos ante el entorno del Rey la estrategia activa de Moratinos”, relatan estas fuentes.

El 2 de noviembre de ese año, es decir, días antes de que los reyes iniciaran su viaje, Marruecos llamó a consultas al embajador en España Omar Azziman como señal de protesta. El Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí tachó de “lamentable” el anuncio, que se acababa de hacer público, de la visita del jefe del Estado español, mientras desde Presidencia del Gobierno se explicaba que se había alcanzado un acuerdo tácito con Rabat para esta visita y que el desplazamiento de Juan Carlos I solo provocaría “leves turbulencias” y no una crisis, como recogen las noticias de ese momento. La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, afirmó tras el Consejo de Ministros de entonces que las relaciones con el régimen alauí eran “extraordinarias” y que el viaje de los reyes debía encuadrarse dentro de la “normalidad institucional”.

Con perspectiva, integrantes de aquel Ejecutivo explican ahora que se trató de una reacción de Rabat para calmar a los sectores nacionalistas marroquíes. Fueron “gestos”, refieren, sin mayores consecuencias, puesto que el Gobierno de Zapatero siempre mantuvo el diálogo y la cooperación con Marruecos. “Siempre estuvimos muy tranquilos”, insisten. Además, destacan que el vínculo del emérito con la monarquía marroquí también remaba a favor.

En las memorias de Juan Carlos I, publicadas a finales del pasado año, él mismo detalla cómo su “especial relación” con el rey Hasán II de Marruecos “ha contribuido a limar muchas asperezas entre nuestros dos países vecinos”. “Nuestra amistad aportó estabilidad a las relaciones bilaterales. Las tensiones entre nuestros dos gobiernos no afectaban a la cordialidad con la que nos tratábamos”, escribió el emérito. “Respecto a los dos enclaves españoles en la costa marroquí, Ceuta y Melilla, solía decirme: ‘Tendrá que resolverlo la próxima generación’”, agregó. Juan Carlos I añadió en esta edición que el actual rey Mohamed VI lo llama “mi tío”.

En este marco, la visita del jefe del Estado a las ciudades autónomas ubicadas en África contó con el apoyo de todo el arco parlamentario. Tanto el PP como Izquierda Unida hicieron declaraciones públicas entonces sobre la “lógica” y la “normalidad” de esta visita organizada por Zapatero que, sin embargo, no ha vuelto a repetirse en las dos décadas posteriores. Fuentes cercanas al que fuera líder socialista destacan que el Rey llegó a agradecerle tanto a él como a varios ministros el trabajo y el compromiso por aquella visita histórica que, insisten, reafirmó la posición del entonces presidente de tener como prioridad una buena relación con Marruecos y con Mohamed VI.

Juan Carlos I no mencionó esos días ni una sola vez a Rabat. “Somos un país plenamente integrado en la Unión Europea que, desde el respeto mutuo, cultiva relaciones de sincera amistad con sus vecinos y de estrecha colaboración con el mundo entero”, dijo, en su visita a Ceuta en la que también participó el presidente ceutí Jesús Vivas, del PP, que ya entonces estaba gobernando la ciudad.

Los Reyes llegaron en helicóptero a las 11.45 y se dirigieron directamente a la Plaza de África, recorriendo apenas 100 metros que les separaban del Ayuntamiento. Después almorzaron con unos 300 invitados, entre autoridades y representantes de la sociedad ceutí, en el Parador con un menú que, según contaron los periodistas entonces, consistió en un primer plato de gambas con orejones de tomates, un segundo de lomo de sama asada y ajo blanco y un postre de tarta crujiente de manzana. Tras el almuerzo tomaron un café y té acompañado de pastas árabes.


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