La detención de Fausto Corrales agita la política de Sinaloa
El arresto de Fausto Corrales Rodríguez, ocurrido en Ciudad de México este miércoles, ha cimbrado a la política sinaloense. El detenido es señalado de ser un testigo clave del presunto secuestro de Ismael El Mayo Zambada, uno de los líderes históricos del cártel de Sinaloa. La presunta traición al capo en julio de 2024 es considerada el episodio que causó el violento rompimiento dentro de la organización criminal, un episodio que ha dejado miles de muertes desde entonces. Corrales, sin embargo, también podría haber sido detenido por falsear la información del asesinato de su mentor y amigo, Héctor Melesio Cuén Ojeda.
La aprehensión reabre ahora un turbio momento que desencadenó uno de los conflictos más importantes en la historia del narcotráfico local. En el centro de esto está Fausto Corrales Rodríguez, pero también una exfiscal, un vicefiscal y varios políticos sinaloenses.
Fausto pasó aquel 25 de julio de 2024 a casa de Cuén Ojeda, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y fundador del Partido Sinaloense. Lo recogió para llevarlo a una reunión a Huertos del Pedregal, un rancho al norte de Culiacán, la capital del Estado. De acuerdo con la versión oficial, estaban citados para encontrarse con El Mayo, el entonces gobernador Rubén Rocha Moya y Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán.
El motivo era sencillo. Enfriar dos años de una crisis local causada por las peleas de poder por el control político de la UAS. Cuén Ojeda fue rector entre 2005 y 2009. Comenzó un cacicazgo que no terminó hasta su muerte aquella mañana. Su influencia al interior del centro de estudios le sirvió para reformar la Ley Orgánica, moldear a su antojo el Consejo Universitario y así controlar, desde direcciones de unidades académicas y preparatorias, hasta oficinas administrativas y de Rectoría.
Al dejar la UAS, Cuén Ojeda entró de lleno a la política. Fue candidato al Senado por Nueva Alianza, alcalde de Culiacán por el PRI y en 2012 fundó su propio partido con una estructura formada por universitarios. Desde entonces y hasta su asesinato, usó la misma estructura para crear comités de salud, de asesoría legal, veterinaria y más, utilizando a estudiantes y maestros de la universidad como si se tratara de empleados o voluntarios del PAS.
Cuén Ojeda se impuso territorialmente y ante los partidos ofrecía hasta 300.000 votos, al menos en las negociaciones. Esa es la razón por la que el exrector no faltó a una sola elección, solamente la de 2021, cuando se sumó –forzadamente– a la campaña de Rubén Rocha Moya, el candidato de Morena, y quien siempre vio en Cuén Ojeda a un rival y viceversa. Ambos, sin embargo, cedieron en esa campaña victoriosa.
A Cuén Ojeda le dieron diputaciones –el PAS llegó a ser la segunda fuerza política local–, alcaldías –hasta tres de 18– y espacios en el Gabinete. Él se convirtió en secretario de Salud. Sin embargo, seis meses después fue despedido por Rocha, un episodio que puso en marcha una justa política que trascendió las declaraciones y llegó a los tribunales.
Cuén Ojeda fue señalado por la Fiscalía local de enriquecimiento inexplicable con una investigación. Fueron abiertos en su contra diez casos por presuntos actos de corrupción cometidos en la universidad, que incluyeron a dos rectores y al hijo del líder del PAS.
El político no se quedó de brazos cruzados. Impulsó movilizaciones gigantescas, incluyendo mítines en eventos públicos de presidencia. Fueron dos años de marchas estudiantiles, campañas negras y cruces de señalamientos públicos. Hicieron efecto para llevar las discusiones en mesas de negociación en la Secretaría de Gobernación que no tuvieron mayor éxito.
Todo este largo conflicto sentó las bases de la reunión en Huertos de Pedregal. Pero esta resultó una trampa: a Cuén Ojeda lo mataron y el Mayo Zambada fue llevado a Estados Unidos para ser entregado a las autoridades de ese país. La cita habría sido a temprana hora y los crímenes también.
Un hombre de entera confianza
Fausto Corrales Rodríguez fue uno de los hombres de mayor confianza para Cuén Ojeda por ser hijo de su brazo derecho en la política. El joven tenía la encomienda de llevar al exrector a la reunión, y lo hizo. La Fiscalía General (FGR) afirma que fue clave en ambos casos, pues es el único testigo vivo que se conoce. No es todo: al muchacho lo dejaron vivo y en libertad, pero se debía llevar el cadáver de Héctor Melesio Cuén Ojeda hasta planear cómo lo presentarían muerto públicamente.
Cayó la noche de aquel 25 de julio y Fausto Corrales Rodríguez seguía con el cadáver de su jefe en la camioneta. Se prestó también para grabar un video en el que se simuló la muerte de Cuén Ojeda, quien fue presentado como víctima de un presunto robo de vehículo y luego lo llevó hasta la clínica Cemsi Chapultepec.
Cuando los médicos revisaron el cuerpo, este ya estaba desnudo, desangrado y con señas de haber recibido un golpe en la cabeza antes del asesinato. Se determinó que había muerto por heridas de bala y luego fue cremado. Fausto Corrales reiteró en su denuncia que se trató de un intento de robo frustrado.
Sara Bruna Quiñónez Estrada, la fiscal del Estado, encomendó la investigación del caso al vicefiscal, Dámaso Castro Saavedra. Ambos siguieron la línea de investigación del asalto. Como pruebas principales llevaron la declaración de Corrales Rodríguez y un video que más tarde se presentó a la prensa como la verdad histórica indiscutible de lo que ocurrió aquella jornada.

El caso tomó un giro el 10 de agosto de 2024, cuando se hizo pública una carta escrita por El Mayo a través de su abogado Frank Pérez. El narcotraficante hizo en ella una relatoría que ahora es la versión que la FGR da por buena. Desde ahí se parte de que Zambada García fue secuestrado, que dos policías de la Fiscalía del Estado eran escoltas del capo y que hoy permanecen desaparecidos, pero también que Cuén Ojeda fue asesinado en el mismo rancho.
La FGR tomó el caso del exrector y desacreditó la versión del presunto robo. Las autoridades se dieron cuenta del montaje para crear el video y que, además, los homólogos locales no respetaron los protocolos de investigación. Por ejemplo, la FGR encontró que dentro de la cabina de la camioneta donde viajaba Cuén Ojeda no había sangre suficiente del político para justificar que se había desangrado en el vehículo, pero que sí había sangre de los policías en la caja trasera del vehículo. Cuestionó que la Fiscalía de Sinaloa no llevara a cabo exámenes forenses más extensos en el cadáver, en cambio, permitió que se incinerara el cuerpo.
Fueron señalamientos públicos que se sostuvieron por más de un mes, lo que costó la dimisión de Sara Bruna Quiñónez Estrada a recomendación del gobernador Rocha Moya. La vacante de Quiñónez fue cubierta temporalmente por Dámaso Castro Saavedra.
Actualmente, Rocha Moya es señalado por ser parte de una red de narcopolítica para favorecer al Cartel de Sinaloa junto con otros nueve exfuncionarios, incluyendo a Dámaso Castro Saavedra, exvicefiscal general de Sinaloa, y quien ahora mismo tiene licencia sin goce de sueldo para someterse a posibles investigaciones.


