Messi se despide de la selección argentina ovacionado por una multitud: “Es el día más triste de mi carrera”
“El último tango”, repetían los carteles electrónicos del estadio. Los más de 85.000 espectadores que llenaban el Monumental, en Buenos Aires, los millones que miraban por televisión desde tantos otros lugares del país y del mundo, sabían que esa imagen que se hizo costumbre durante 21 años ya no se repetiría: Lionel Messi pisaba el césped con la Albiceleste, con los colores que hizo brillar. Desde el primer minuto del juego que enfrentó a Argentina con Benín, la nostalgia de lo que pasó y no volverá merodeaba las tribunas repletas. Pero sin el lamento tanguero de lo que pudo ser y no fue, porque en su carrera Messi hizo posible lo imposible, cosechó todos los trofeos y batió todos los récords con el celeste y el blanco, más partidos jugados, más goles marcados, más asistencias entregadas… Por eso, por una vez, el tango compartió su tristeza por la despedida con la alegría de una multitud agradecida que celebró a su héroe del fútbol.
“No se va, Messi no se va”, gritaron las tribunas colmadas, con las entradas agotadas. Las cámaras mostraron cómo llegaba él al estadio, secándose las lágrimas al caer la tarde, y también así dejó el campo de juego, ya de noche, abrazado por sus compañeros y rodeado por su familia.
“No me queda más que agradecer”, dijo Messi, cuando ya había concluido 3 a 0 el partido, con un gol y dos asistencias suyas que engrosaron aún más su inalcanzable marca en la Albiceleste. “Fue un orgullo defender esta camiseta más de 20 años”, aseguró con un micrófono en la mano, en el centro del campo. “No venir más va a ser un dolor muy grande. Les juro que me gustaría poder venir toda la vida, porque jugar en la selección argentina es lo más lindo que te puede pasar”. No solo él lloraba, también muchos de sus compañeros y excompañeros, invitados para participar de la despedida. El entrenador argentino, Lionel Scaloni, hacía esfuerzos por evitarlo.
“Soy un agradecido por todo lo que me tocó vivir”, agregó Messi. “Hoy es el día más triste de mi carrera. Los voy a extrañar”. Antes de irse, rodeó todo el campo de juego, saludando a los espectadores para cerrar una jornada que combinó deportes, música y emoción.
Desde cuatro horas antes del partido, en una tarde primaveral, los aficionados habían comenzado a llegar al estadio de River Plate. Las máscaras emulando a Messi, las camisetas con el número 10, las banderas con mensajes para él se reproducían por los alrededores. Muchas familias, muchos niños tomados de la mano se acercaban, muchos jóvenes que nunca vieron a un seleccionado argentino sin Messi entre los 11. “Es un día raro, estamos contentos de estar y también tristes porque se va”, decía Pablo Martín, 42 años, acompañado por su hijo Diego, de 12. “Somos cuatro en casa, pero solamente conseguimos dos entradas. Lo amamos a Leo”, contaba.
A unos metros, una madre y su hijo desplegaban una bandera con su leyenda: “Gracias Lío, gracias selección por dejar en la memoria de mi hijo la misma emoción que vivimos nosotros en el 86”. “Messi es un ejemplo para todos, no te digo como deportista, es una inspiración como padre, como hijo, como persona”, sonreía Sofia, 50 años, docente. “Lo que queremos decirle es gracias, gracias eternas por no dejar de intentarlo”.
Cuando el estadio empezaba a llenarse, los simpatizantes coreaban el nombre de Messi o se encendían con una coreografía y una letra que nunca ceden en el país: “Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta, es un inglés”, cantaban, en un rito que se reiteraría varias veces durante la velada, con intensidad creciente. El reclamo de soberanía sobre las Malvinas y la memoria de la guerra de 1982 con Inglaterra son parte de la identidad popular argentina, revitalizada en el Mundial 2026, cuando los jugadores albicelestes derrotaron a Inglaterra y mostraron una bandera con la consigna “las Malvinas son argentinas”.

El juego comenzó con algún retraso, tras una espera distraída por espectáculos musicales y una enorme camiseta albiceleste que ocupó casi un tercio del campo, con el número 10 y la palabra “gracias”. “Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar y de la mano de Leo Messi, ¡todos la vuelta vamos a dar!”, gritó la multitud.
Para compartir equipo con el capitán, el entrenador Lionel Scaloni dispuso un equipo integrado por Emiliano Martínez como arquero; Agustín Giay, Cristian Romero, Nicolás Otamendi y Nicolás Tagliafico como defensores; Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister como mediocampistas; Julián Alvarez y Lautaro Martínez como delanteros. Enfrente tendrían a un intenso y disciplinado equipo africano, que intentó no ser un mero partenaire.
Messi comenzó jugando casi como delantero, del centro a la derecha. A los 6 minutos generó la primera emoción, con un remate que despejó el portero. La segunda emoción llegaría a los 10 minutos, cuando se detuvo el juego para que el público, los fuegos de artificio y hasta sus rivales saludaran al astro. A partir de ese momento, los jugadores albicelestes cayeron en un pozo de distracción, que Benín aprovechó para darle algún susto al Dibu Martínez. Todas las situaciones de peligro de Argentina en ese primer tiempo pasaron por los pies de Messi, solo le faltó precisión para marcar.
En la segunda etapa, el trámite cambió rápidamente. A los 47 minutos, un tiro de esquina de Messi encontró el pie derecho de Otamendi y el balón encontró la red. Marcada la diferencia, comenzaron las modificaciones de jugadores. Nicolás Paz, recién ingresado marcó el 2 a 0, tras asistencia, claro, Messi. El resultado final lo propició el despeje imprudente de un defensor que cometió penal. Fue a los 70 minutos cuando ocurrió lo que todos habían ido a ver, el gol de Messi. Pudo marcar una o dos veces más, pero no sucedió.

La historia dirá que Lionel Messi jugó 208 partidos con Argentina, que hizo 126 goles y brindó 70 asistencias, un triple récord con la camiseta celeste y blanca que promete ser inmortal. La historia dirá también que disputó seis mundiales (otro récord), incluidas tres finales. Dirá que ganó una Copa del Mundo sub-20 (Países Bajos 2005), una medalla de oro en los Juegos Olímpicos (Pekín 2008), dos copas de América (Brasil 2021 y Estados Unidos 2024), una Finalissima (2022) y una Copa del Mundo (Qatar 2022). Puede que la historia olvide o deje como una nota al pie que nada de eso lo consiguió fácilmente en la selección, que hubo una larga época en que los resultados eran esquivos y muchos argentinos lo resistían. “Hasta en los peores momentos, nunca dejé de luchar”, dijo en su despedida. Quizá la mejor parte de su legado se resuma así.



