Muere Mathilde Favier, la mujer con la mejor agenda de París, en un accidente de tráfico
A Mathilde Favier (París, 1969-2026) le gustaba citar una frase de Spinoza: “Nadie puede desear ser feliz, obrar bien y vivir bien sin que al mismo tiempo desee ser, obrar y vivir, esto es, existir actualmente”. Favier, que no escuchaba de un oído porque había nacido sin un tímpano y había sobrevivido a un cáncer, vivió hasta el final según la premisa del filósofo neerlandés. La directora de relaciones públicas de la maison Dior, considerada la mujer con la mejor agenda de París y una figura clave en la moda francesa, falleció este lunes en un accidente de tráfico en Deux-Sèvres, un bucólico departamento en la región de Nueva Aquitania. Según el diario Ouest France, que cita informaciones de la fiscalía de Niort, su coche fue embestido por un camión. Su pareja, el conocido productor de cine Nicolas Altmayer, viajaba con ella y también falleció en el siniestro.
El vehículo de Favier y Altmayer habría colisionado con un camión que circulaba en sentido contrario en la carretera departamental 938, alrededor de las 16:00 horas de este lunes. La investigación, abierta por homicidio involuntario, continúa en curso para determinar las circunstancias exactas del incidente. La noticia ha conmocionado a la industria de la moda.
“Mathilde amaba la vida con pasión. Con su muerte, Dior está perdiendo a una profesional increíble y yo he perdido a una amiga leal”, ha expresado Delphine Arnault, presidenta y CEO de la casa de moda parisina, a través de un comunicado. “Su optimismo y coraje inspiraban admiración. Vamos a echar de menos su sonrisa y su talento. Hoy estoy profundamente triste. Mis pensamientos están con sus hijos, su madre, sus hermanas, su familia, sus amigos y su equipo”, ha añadido la ejecutiva e hija de Bernard Arnault, fundador del conglomerado de lujo LVMH.
“Tengo el corazón roto por la muerte de Mathilde”, ha escrito Jonathan Anderson, director creativo de Dior, en otro comunicado. “Le debemos tanto a su trabajo y dedicación. Ella aportaba tal calidez y energía y era la persona más positiva que he conocido y la que más nos levantaba el ánimo. Mathilde era la personificación de la elegancia, en muchas maneras, el espíritu de la costura en sí misma”, ha añadido el diseñador norirlandés.
Favier se movía como un pez en el agua en el mundo del lujo. Hija de la famosa interiorista Françoise Favier y hermanastra de la diseñadora Victoire de Castellane, creadora de la alta joyería de Dior, comenzó a trabajar con 14 años en la industria de la moda. Su tío, Gilles Dufour, mano derecha de Karl Lagerfeld en Chanel, la sacó del estricto colegio de monjas Lübeck, uno de los más elitistas de París, y la introdujo en el colorido y más creativo negocio de la costura. Los primeros pasos profesionales de Favier fueron como becaria y aprendiz de Lagerfeld. La otra becaria en la oficina era Sofia Coppola.

“Mi tío Gilles me enseñó a ser natural y a no esforzarme por tener que demostrar nada a nadie. A la gente interesante no tienes que demostrarle nada, lo ven todo por sí mismos. No tienes nada que probar ante ellos porque entienden rápidamente quién eres y qué llevas dentro”, explicó en una entrevista a EL PAÍS, en abril de 2024, con motivo de la publicación de su libro Mathilde à Paris (editado en inglés como Living Beautifully in Paris), una obra muy personal en la que desgranaba los encantos de la ciudad acompañada de íntimas amigas de la talla de Carla Bruni, a la que conocía desde sus veraneos de la infancia en Cape Nègre, en el sur de Francia.

Sobre Lagerfeld, recordó en esa entrevista: “Era único, una de las personas más inteligentes que he conocido. Era extremadamente cultivado y había leído mucho. Lo conocí en una etapa en la que vivía en la Rue de l’Universtié como un rey, sin electricidad, solo con la luz de las velas y vistiendo grandes chemises de nuit. Él me enseñó a observar a la gente y a desarrollar un sentido de la edición de todo: ‘Esto es bueno, esto no es bueno, esto me gusta, esto no me gusta’. Me enseñó a sentirme atraída por la gente que marca la diferencia”.
Ese ojo para observar y comprender a la gente fue el que terminó convirtiendo a Favier en una de las relaciones públicas más poderosas del mundo. “Mi madre siempre nos decía a mis hermanas y a mí: ‘No lo olvidéis, todo el mundo hace pipí en el mismo sitio’. Cuando lo piensas así, es difícil dejarte impresionar”, explicó en la conversación con EL PAÍS. Reconocía ser una afortunada. “He conocido a gente increíble desde muy joven. El padre de mis hijas es banquero [el rico financiero Robert Agostinelli], mi prometido es productor de cine… La gente que conozco tiene contactos. Yo los uso para ayudar a otros. Si alguien necesita ayuda, aquí estoy. Me estoy haciendo mayor, como todos, y al final de eso se trata la vida: de ayudar”.

Para Favier, referente del lujo, su máximo capricho era la privacidad, la intimidad. “Es un bien que escasea. Soy una persona pública y mi trabajo consiste en tratar con gente, pero me gustar estar en mi casa”, decía. La soledad era otro de sus lujos: “No escucho de un oído porque nací sin un tímpano. Así que desde el primer día vivo un poco en mi propio mundo. Esa otra mitad mía es mi mejor amiga. Nos llevamos muy bien y somos felices juntas”. Sobre el buen gusto, la elegancia, también opinaba que era un “bien raro”. “No es una cuestión de dinero o de físico. Es una cuestión mental”.




