Los socios ven el final de la legislatura pero no todos quieren elecciones
Hay veces, por extraño que parezca, que son los políticos quienes preguntan a los periodistas y no al contrario. Este viernes en el Congreso fue uno de esos días. Se acercaba un informador a algún diputado y este le espetaba: “¿Y tú cómo lo ves?”. Una muestra de la incertidumbre que reinaba por todas las esquinas del palacio de la Carrera de San Jerónimo, antes y después de que se consumase el magnicidio político del Gobierno perpetrado por Junts, a propósito de unos decretos de emergencia para paliar los efectos de la enloquecida escalada de precios de la vivienda.
Nadie sabía muy bien qué puede pasar a partir de ahora. Los ministros con más galones políticos, el de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, o el de Transformación Digital, Óscar López, se abrían paso en silencio por la jungla de cámaras y micrófonos del patio, mientras los periodistas se desgañitaban sin perder la esperanza de arrancarles una palabra: “¿Va a haber elecciones, ministro?”. Nadie sabía qué puede pasar, pero en todos cundía la sensación de que este viernes concluyó un ciclo en el Congreso. Dentro del hemiciclo algunos diputados socialistas se hacían selfis. Querían un testimonio del que calculaban ya que sería el último pleno de esta procelosa legislatura.
Entre los socios del PSOE se adivinaban dos sensaciones. En el flanco más a la derecha de la base parlamentaria de Pedro Sánchez las elecciones empiezan a parecer inevitables. La única diputada de Coalición Canaria, Cristina Valido, que votó a favor del primero de los decretos y en contra del segundo, lo verbalizó sin rodeos: “La legislatura ya no tiene sentido”. Su voto coincidió exactamente con el del PNV —ambos partidos suelen acudir juntos a las elecciones europeas— y su postura ante la situación política que se abre no difiere mucho de la del grupo vasco. Los peneuvistas no se pronunciaron de forma expresa, pero su presidente, Aitor Esteban —que el miércoles estuvo de visita en el Congreso— ya venía diciendo que si el Gobierno no conseguía aprobar unos Presupuestos, Sánchez debería llamar a las urnas inmediatamente. Tras lo sucedido este viernes, ni siquiera el intento de negociar unas cuentas públicas condenadas al fracaso tiene ya mucho sentido, según reconocían destacados interlocutores de la coalición gubernamental.
Todo se ve muy diferente en el flanco más a la izquierda del Congreso. Allí, por mucho que se considere que las movilizaciones sociales y el debate sobre la crisis de la vivienda ofrecen un marco más favorable a su discurso, unas elecciones inminentes les pillarían con la casa sin barrer. Es decir, sin candidato y todavía sin una fórmula electoral suficientemente definida. Al menos en el caso de Sumar, ahora en trance de rebautizarse como Frente Amplio, una alianza en la que tampoco está claro si cabría Podemos, que sin ninguna sorpresa ha ratificado como candidata a Irene Montero.
“Tal como estamos, necesitamos tiempo antes de ir a elecciones”, admitían diputados de la formación. ¿Pero cómo llenar la legislatura si ha quedado claro que el Gobierno carece de apoyo para aprobar ya no solo unos Presupuestos, sino cualquier iniciativa de cierta relevancia? Una de las ideas repetidas por varios interlocutores se resumía así: “Pues aprobando decretos sociales cada semana y trayéndolos aquí para que se debatan”. Es decir, repetir una y otra vez este viernes de pasión.
Ya ha quedado atrás el tiempo en el que se barruntó una hipotética candidatura del muy popular portavoz de ERC, Gabriel Rufián, al frente de ese sector más a la izquierda. La rotunda negativa de la dirección independentista a avalar tal cosa ha enterrado definitivamente el debate. Aunque Rufián lo desempolvó este viernes de forma indirecta. Lo hizo poniendo la voz más contundente al temor de la izquierda a una inmediata cita con las urnas. Y también con el diagnóstico más crudo sobre las aflicciones que aquejan a ese espacio político. “Le pido a Moncloa cabeza fría y que entiendan que esto no va de ser una ambulancia de emergencias y que no tienen nada a su izquierda para poder sumar”. Rufián aún añadió unas gotas más de dramatismo para acabar con una conclusión inclemente: “No hay nada votable a la izquierda del PSOE”.
En los cálculos de la dirección del PNV ya se había incorporado esta semana la hipótesis de un adelanto electoral a finales de noviembre. No solo en caso de derrota de los decretos, sino incluso de una victoria que le hubiese permitido a Sánchez lanzarse a la aventura de las urnas enarbolando la bandera del problema que encabeza las preocupaciones confesadas por los españoles. En los últimos meses, ha sido Aitor Esteban quien ha suscitado entre los socios el debate de un posible adelanto electoral. El presidente del PNV situaba la piedra de toque en los Presupuestos que Sánchez prometió presentar. Ese compromiso del jefe del Gobierno se diluyó este viernes en las conversaciones en los pasillos del Congreso. El PNV no quiere que Sánchez lleve la legislatura hasta el último día, porque eso abocaría a celebrar, como en 2023, las elecciones en verano con el consiguiente riesgo de abstención, que suele resultar perjudicial para los jeltzales. Esteban también arrancó en su día de Sánchez el compromiso de no hacer coincidir las elecciones generales con las municipales de mayo, otro escenario poco favorable a los peneuvistas.
Quien no tuvo reparo en reclamar que se ponga fin a la agonía de la legislatura fue la nacionalista canaria Valido. Lo hizo incluso antes del pleno, abordada por los periodistas: “Si seguimos en esta Cámara siendo incapaces de llegar a acuerdos para aquellos temas para los que la gente nos eligió, lo que toca es disolver e ir a las urnas”.


