Entre el calor extremo y el ICE: los peligros del regreso a clases para los niños latinos de Arizona
Cada año el calor es más extremo en Tucson, Arizona. A las 9.00 de la mañana los niños de Jennifer Cárdenas ya no pueden salir al patio y para visitar a la suegra, un trayecto corto que podría hacer andando, tiene que ir en auto. Cuando el aire acondicionado de la casa se estropea, la temperatura llega a niveles tan altos y peligrosos que han tenido que salir de emergencia. Mantener fresca la casa de tres habitaciones le cuesta cientos de dólares en electricidad. La última factura fue de 450 dólares. “Para muchas familias aquí en Arizona es una difícil decisión: pagar ese bill o pagar la comida o la gasolina. Necesitamos pagarla. Con niños chiquitos no hay más opción que poner el aire”.
Jennifer Cárdenas trabaja como psicóloga en el distrito escolar de Tucson. En unos días, sus hijos gemelos de cuatro años comenzarán el prekínder y le preocupa cómo va a ser el inicio del año escolar con estas temperaturas. En Tucson suelen superar los 100 grados Fahrenheit (37,7 grados Celsius) durante poco más de 60 días al año, según el Servicio Nacional de Meteorología. En agosto, el mes en que abren las escuelas de Arizona, usualmente se registran temperaturas de entre 104 °F y 113 °F (40 °C y 45 °C). Cuando eso ha pasado en años anteriores, recuerda, las escuelas han tenido que limitar el tiempo del recreo para los niños y ha habido momentos de crisis cuando los aires acondicionados de los autobuses escolares dejan de funcionar. “Es peligroso para los niños”, dice Cárdenas en una llamada.
En las aulas calurosas, los estudiantes tienen mayores riesgos de sufrir dolores de cabeza, fatiga y golpes de calor y su desempeño en los exámenes empeora. En los niños más pequeños también puede reducir la capacidad de atención, retrasar la adquisición del lenguaje y desencadenar ataques de asma.
Nueve de cada diez estadounidenses reportan que el calor está cambiando su vida en al menos un aspecto —el tiempo al aire libre, el trabajo, la factura de electricidad, las vacaciones, el sueño—, según una encuesta publicada la semana pasada por The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research.
En Arizona, uno de los Estados donde se registran las temperaturas más altas, murieron 4.300 personas por causas vinculadas al calor extremo entre 2013 y 2024; de ellas, unas 2.000 eran de origen latino. En el condado de Pima, donde se encuentra Tucson, hubo 117 muertes relacionadas con el calor en 2025 y las visitas a las salas de emergencia por esta causa aumentaron un 13%, de 787 en 2024 a 893 en 2025.
Las muertes por calor ocurren con frecuencia en los parques de casas móviles, ocupadas por familias de bajos ingresos, en su mayoría latinas. “Estas familias enfrentan la mayor exposición al calor extremo y tienen menos recursos para escapar de él”, dice la activista Linda Stone. Ella forma parte de la organización Mamás Con Poder, que imparte talleres a madres latinas en Tucson sobre cómo proteger a las familias del calor extremo y dónde buscar ayuda.
En su comunidad, muchos han perdido el Programa de Asistencia de Energía para Hogares de Bajos Ingresos (LIHEAP, en inglés), que ayudaba a unas 6,2 millones de familias de todo el país a pagar sus facturas de electricidad y gas, incluida la asistencia para refrigeración durante el verano. En abril de 2025, el Gobierno de Donald Trump eliminó el programa y despidió a los 23 empleados federales que lo administraban, como parte de una ola mayor de despidos en el Departamento de Salud y Servicios Humanos.
Sin esta asistencia, las familias de más bajos ingresos se arriesgan a cortes de servicio y emergencias relacionadas con el calor, mientras acumulan deudas. Al mismo tiempo, el Gobierno federal ha hecho recortes en el programa Solar for All destinado a ampliar el acceso a la energía solar para comunidades de bajos ingresos.
Para las familias latinas, pagar la electricidad es una carga mayor que para una familia blanca promedio: representa el 3,5% de sus ingresos, en comparación con el 2,8% para los hogares blancos. “Muchas familias no van a poder pagar sus facturas sin el apoyo de este programa porque las cosas ya están caras, el costo de vida está caro. Eso es lo que estamos escuchando de las madres”, relata Stone.
El ICE puede rondar la escuela
El miedo a los operativos de detención de inmigrantes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) se añade a las preocupaciones del comienzo del año escolar.
“Estamos escuchando historias de madres que están pensando en no enviar a sus hijos a la escuela por el miedo a que puedan ser separadas de ellos. También historias de niños que están yendo con vecinos que les están ayudando para que sus madres no se acerquen a la escuela”, dice Stone.
El presidente Trump eliminó la política que protegía a las escuelas, iglesias y hospitales de la aplicación de la ley de inmigración el mismo día que tomó posesión. Desde entonces, los agentes del ICE tienen poder discrecional e ilimitado para actuar en estos lugares.
En el año escolar anterior hubo casos en los que los agentes del ICE rondaron escuelas en Arizona y detuvieron al menos a dos madres que fueron llevadas a centros de detención. “Ahora el miedo es mayor porque las detenciones de esta forma tan súbita también han aumentado. Es un tema que provoca ansiedad y miedo en los niños. Son momentos muy difíciles para entrar a la escuela”, dice la activista.



