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Siete horas frente a la pantalla: México quiere que los niños suelten el celular


La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha dedicado las conferencias matutinas de los últimos cuatro lunes a hablar sobre el uso excesivo de los teléfonos celulares entre los niños y adolescentes mexicanos. Los datos que presenta el Gobierno para dibujar el problema son: los menores pasan hasta siete horas diarias frente a la pantalla, a más del 83% de los padres le preocupa esos hábitos y más del 70% de jefes de familia está a favor de regular su uso. La exposición excesiva está asociada, además, con problemas de ansiedad, depresión y pérdida de sueño. Junto al secretario de Educación, Mario Delgado, la mandataria ha abierto “el debate” que incluye foros de consulta que podrían derivar en una regulación de los dispositivos en las escuelas del país hacia finales de este mes. Un tema escabroso que distintos países del mundo intentan o han intentado remediar desde distintos frentes, y que, según un experto consultado, se limita, por ahora, a trasladar las responsabilidades a los padres y escuelas, sin pasar por legislaciones a las corporaciones y plataformas digitales.

Sheinbaum ha tenido que insistir una y otra vez en que no existe bajo la mesa una intención de censura ni de eliminar la tecnología de las aulas. Los teléfonos, reconoce, pueden ser herramientas, pero señala las funciones de las redes sociales diseñadas para enganchar. “No solo es un asunto de prohibir, sino de que una mamá sepa que, si a los 5 años le das el celular a tu bebé para que no esté quitando la atención a ti, puede tener efectos muy graves sobre todo, si son muchas horas”, asegura.

El secretario de Educación Pública (SEP) hace un llamado a que el debate salga de las aulas y se traslade a los hogares para “hacer conciencia”, aunque reconoce que al tratarse de menores de edad, tiene “una responsabilidad como Estado mexicano”. “Y lo que estamos viendo es que tiene un impacto en el desarrollo y su formación cognitiva”, acusa. La SEP impulsará entonces encuentros en primarias, secundarias y preparatorias para incorporar las voces de padres y profesores antes de aplicar la medida, que hasta el momento no es otra que la salida de los teléfonos de las escuelas.

México se quiere sumar así a más de la mitad de los países del mundo que ya cuenta con restricciones al uso de los dispositivos móviles en las escuelas. Las medidas, según la región, van desde la prohibición de los celulares durante la jornada escolar hasta restricciones totales a algunas redes sociales.

La evidencia científica reconoce esa adicción, mientras las propias plataformas tecnológicas se enfrentan a demandas en distintos países porque el diseño de sus productos está destinado a mantener a los usuarios enganchados. Un estudio del año pasado publicado en Journal of the American Medical Association (Jama) encontró que el 48% de adolescentes pierde el control del tiempo que pasa con el móvil, el 25% lo utiliza para “olvidar problemas” o piensa constantemente en aplicaciones incluso cuando no las está usando y el 11% reconoce un impacto negativo en su rendimiento escolar. El 17% ha intentado reducir el uso, pero no lo consigue.

De prohibir a regular

Juan Martín Pérez García, de Tejiendo Redes Infancia, pide alejar la mirada: el problema no puede reducirse al teléfono ni trasladarse únicamente a las familias. El especialista pide que los propios menores participen en las decisiones que afectan su relación con lo digital. “Se debe buscar un equilibrio entre la protección de niños, niñas y adolescentes en internet y sus derechos de participación. El acceso a internet es un derecho humano”, apunta en entrevista telefónica. “Tras la llegada de la pandemia se hizo evidente que los entornos digitales involucraban a todo el mundo”. Pérez señala que la rutina está completamente ligada a ese mundo: desde pagar el super, hasta hacer trámites. Un proceso acelerado por la pandemia desde 2020.

El problema, sostiene Pérez García, es que esos entornos están dominados por un pequeño grupo de compañías. “Los entornos digitales son un territorio y negocio privado: solo siete grandes empresas en el mundo controlan estos entornos” y pone como ejemplo el caso de Australia, que restringió el acceso de los menores a determinadas redes sociales. La medida fue implementada a finales de 2025. Seis meses después, el Gobierno reconoció que solo había podido bloquear el 60% de las redes sociales. “Los adolescentes pueden burlar fácilmente las normas y restricciones”, asegura.

Otra corriente, encabezada por la Unión Europea y Brasil, apuesta por un modelo diferente donde la seguridad viene desde el diseño de las redes sociales. En esa perspectiva la responsabilidad no recae en los usuarios ni las familias o las escuelas. “Prohibir es convertir a padres y docentes en responsables de vigilar el comportamiento digital de los menores. Las dinámicas como el scroll infinito, los algoritmos adictivos y los problemas de salud mental no son exclusivos de los menores, afectan por igual a los adultos”, recuerda.


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