Nacional

Aviso presidencial



El gobierno ha decidido pasar de los dichos a los hechos, de las menciones mañaneras a las carpetas de investigación, de las amenazas a la cárcel. La temporada de caza ha comenzado y doña Claudia no está atrás sino al frente y con escopeta en mano. No tiene mala puntería, la mira telescópica llega lejos, hasta el primer gobernador de oposición que triunfó hace algunas décadas fue alcanzado por el arma presidencial. La venganza viene envuelta en falsas palabras democráticas, con un moño color autoritario y se entrega a domicilio.

Para quienes han pensado que la presidenta es una mera seguidora de órdenes del orate tabasqueño, sería mejor que repiensen el tema. Sheinbaum ha dado muestras de tener un estilo propio y que su dureza no es solamente un rasgo facial sino parte de su carácter. La oposición debe entenderlo así y para muestra dos botones: Ernesto Ruffo y Ángel Aguirre.

Todavía no sabemos la dimensión de los supuestos delitos que cometió el exgobernador de Baja California, un hombre más bien discreto y de bajo perfil pero que para la Fiscalía de Sheinbaum es el jefe de una banda “colosal” de contrabando de combustible. Se trata de un octogenario al que no se le conocía ninguna conducta indebida más que la de ser un opositor a la cuarta transformación. Ruffo fue detenido con lujo de violencia y se le trata como si fuera un preso de alta peligrosidad. Llamó la atención que el ajuste de cuentas de la presidenta con el panismo fuera de corte histórico tratando de destruir los pocos símbolos que le quedan a ese extraviado partido. Es claro que no parará ahí. Las fobias de la presidenta son más actuales y ha mencionado en repetidas ocasiones supuestos delitos del presidente del PAN y de la gobernadora de Chihuahua, además de los infaltables señalamientos a Felipe Calderón.

La detención del exgobernador Ángel Aguirre tiene dos puntas: contra el PRI y contra el PRD. La desparición de los normalistas en Guerrero ha sido un caso manoseado incansablemente por las autoridades de la 4T. Ya AMLO había encarcelado al exprocurador Jesús Murillo y ahora Sheinbaum retoma el caso y encarcela al experredista. Son avisos. Se trata de asuntos evidentemente políticos y con una clara dirección: sembrar el temor entre los opositores. Estas acciones judiciales van de la mano con otras acciones políticas con la misma orientación, como son los lineamientos para los derechos de las audiencias. Afortunadamente parece que ese propósito no progresará por el propio desorden imperante en la casa presidencial. No supieron lo que proponían, sus explicaciones incurrían en las mismas conductas que descalificaban. En el colmo, la presidenta sugirió a los críticos de “la mañanera” que si no les parecía su conferencia la solución era muy sencilla: “no la vean”, solución que por cierto no incluyó en sus lineamientos.

El encarcelamiento de exgobernadores es un aviso que también incluye a los de Morena: no se pueden salir del redil, la que manda está en palacio y no en Palenque. Si la presidenta quiere arreglar la casa (como sugieren reiteradamente los comentócratas del claudismo) es posible que después de encerrar a algunos de los de afuera, proceda con de los de adentro que son los que más problemas le causan. Por lo pronto en Morena ya decidieron sancionar a un par de diputadas poblanas que andaban con la boca suelta. Son llamadas al orden.

El anuncio presidencial es claro: para las elecciones se implementará la disciplina hacia adentro y la cárcel hacia afuera.

@juanizavala



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