La hora cero de los megaincendios de julio: las pistas que siguen los investigadores
En la Vall d’Uixó (Castellón), muchos vecinos siguen intentando reconstruir qué ocurrió el día en que comenzó el incendio. Hay un detalle que, para ellos, no termina de encajar: en apenas una hora, las llamas se declararon en dos puntos distintos. El primer aviso llegó a las 10.15 de la mañana junto a un descampado, el mismo lugar donde, solo una semana antes, ya habían apagado otro incendio. Cuando los bomberos daban la intervención por terminada y abandonaban el municipio, el teléfono volvió a sonar.
A las 11.15 ardía otro descampado frente a un colegio provisional en el barrio de Carbonaire, pegado a la montaña. En el municipio se relacionan ambos episodios, aunque las autoridades, por el momento, lo evitan. Aquel sábado, lo que parecía una emergencia controlada se convirtió en unos minutos en un incendio que terminó tiñendo la montaña de negro.
A más de 500 kilómetros, en Burgohondo (Ávila), las conversaciones en el bar del pueblo siguen girando sobre lo que vivieron. Recuerdan a un operario que trabajaba con su máquina abriendo una pista junto a la cresta de la Sierra de Gredos, poco antes de que una columna de humo comenzara a elevarse sobre el monte.
Dos pueblos, dos incendios y muchas incógnitas sobre el origen de unas llamas que el Seprona de la Guardia Civil intenta esclarecer. El fuego de Burgohondo arrasó más de 50.000 hectáreas. El de la Vall d’Uixó, 9.568 hectáreas y el 12% del parque natural de la Sierra de Espadán. Ambos incendios fueron provocados, aunque las investigaciones han terminado dibujando historias diferentes.
Sábado 25 de julio – La Vall d’Uixó
El escenario era el peor posible. Hacía mucho calor, había viento y la vegetación estaba seca tras cuatro olas de calor, lo que componía el cóctel perfecto para que las llamas avanzaran sin freno. Aquella mañana, la alcaldesa de la Vall d’Uixó, Tania Baños, había salido a hacer bicicleta de montaña con unos amigos. Poco después de las 10 vio una columna de humo elevarse sobre el municipio. “Paré y llamé a la Policía para saber qué estaba pasando. Me dijeron que había vuelto a prender un tronco que ya se había incendiado la semana anterior. No le dimos más importancia porque pensamos que era algo pequeño”, recuerda.
Baños se dirigió hasta el lugar del incendio todavía vestida con el maillot de ciclismo. La situación estaba controlada y los bomberos comenzaban a recoger el material para marcharse. Entonces llegó un vecino gritando: “¡Hay fuego, otro fuego!”. “No dábamos crédito”, rememora la alcaldesa. Salió corriendo hacia el nuevo foco mientras se movilizaban una dotación de bomberos urbanos, dos unidades de forestales y tres medios aéreos. Cuando los efectivos movilizados llegaron a la zona, el primer foco ya se había dado por extinguido. Los bomberos que habían intervenido antes llevaban alrededor de media hora rematando el terreno para evitar que el fuego se reavivara. Por eso, uno de los efectivos consultados no tiene dudas sobre lo que ocurrió después: “Obviamente, eso no se reproduce por sí solo. Prendieron fuego dos veces”.

Lo que nadie alcanzó a prever fue la velocidad con la que aquel segundo foco iba a descontrolarse. “A nosotros nos retiraron porque ya había dos unidades con dos camiones trabajando. No consideraron que hiciera falta un tercero porque nadie se esperaba que tuviese esa evolución”, añade el bombero. Quienes han luchado sin descanso contra las llamas durante estas semanas recuerdan que bastó media hora para comprender que el fuego había tomado un rumbo muy preocupante. El viento de poniente que soplaba en rachas violentas y abrasadoras jugó en contra de los bomberos desde el primer momento. “El día era ideal”, dice con ironía José Antonio Domínguez, técnico de medioambiente de la Vall d’Uixó. “Había un 5% de humedad, cuando lo normal es estar en torno al 65%; el viento soplaba a 30 kilómetros por hora, frente a la habitual brisa de cinco o diez, y la temperatura alcanzaba los 37 grados”, explica el experto.
Fuentes de los servicios de emergencia exponen que una de las principales dificultades del incendio fue que se originó en una zona de vegetación entre el monte y las viviendas. En esos primeros momentos, la prioridad no era contener el avance del fuego a cualquier precio, sino proteger las casas y garantizar la seguridad de las personas. “Si te centras desde el inicio al 100% en la vegetación… Pero lo prioritario era proteger a la gente”, aseguran. Esa decisión marcó el desarrollo de las primeras horas. Prácticamente todas las viviendas dentro del perímetro de 89 kilómetros del incendio lograron salvarse, aunque el monte pagó el precio. Los arbustos secos prendieron como la pólvora. El fuego corrió por el barranco y, desde allí, trepó con rapidez por la ladera hasta devorar la montaña.
Con la misma velocidad se propagó por las redes sociales un vídeo grabado, supuestamente, el día del incendio. En las imágenes se ve a un hombre con una camiseta blanca corriendo desde lo que algunos identificaron como el punto de origen del fuego. Muchos lo señalaron como el supuesto autor del incendio, pero las autoridades lo han desmentido y recuerdan que ese día muchas personas huyeron de las llamas. De la investigación del Seprona los detalles trascienden a cuenta gotas. La delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé, confirmó que los agentes habían tomado declaración a varios testigos y que el incendio tuvo “dos focos diferenciados en tiempo y espacio”, aunque muy próximos entre sí.
Si hay algo en lo que coinciden los efectivos de emergencia consultados es en que aquel día el incendio desbordó cualquier previsión. “El fuego hizo lo que quiso”, resume uno de los bomberos forestales. Recuerda que, al levantar la vista, el monte era un frente continuo de llamas. Algunas unidades de bomberos de Castellón estaban desplazadas a Ávila, aunque fuentes del Consorcio aseguran que eran muy pocas y que esa circunstancia no tuvo impacto en el operativo.

Miércoles 22 de julio – Burgohondo
Durante días, toda la atención mediática estuvo centrada en un incendio que ha terminado convirtiéndose en el mayor de la historia reciente de España. Pero, pasado el fuego, en Burgohondo ha llegado el silencio. Los vecinos contemplan ahora un paisaje que apenas reconocen, un monte ennegrecido por las llamas que arrasaron 50.000 hectáreas. Todo comenzó poco después de la una de la tarde de aquel miércoles. Un operario manejaba una máquina que picaba la roca para abrir un camino ganadero en la sierra de Gredos, una vía destinada a conectar Burgohondo con el municipio de Navarrevisca. La Junta de Castilla y León había prohibido cualquier trabajo forestal o agrario por el riesgo extremo de incendio.
Los vecinos vieron cómo la maquinaria avanzaba entre las rocas mientras una lluvia de chispas saltaba a su alrededor. En un terreno cubierto de monte bajo seco tras semanas de altas temperaturas, una de ellas bastó para prender la vegetación. El fuego echó a correr ladera arriba y, en cuestión de minutos, comenzó una carrera que ya no se pudo frenar.
La escena de esos primeros minutos es ahora una de las claves de la investigación del Seprona. Sobre el terreno, los agentes encontraron rodadas recientes y rastros que apuntaban al uso del martillo hidráulico en los instantes previos al inicio del incendio. Los trabajos habían sido encargados a la empresa abulense Reforestaciones El Fresno por una asociación local de ganaderos, que ha rechazado hacer declaraciones.

La investigación trata de reconstruir qué ocurrió exactamente. El Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León en Ávila ha confirmado que no consta ninguna autorización para realizar esos trabajos.
En esa reconstrucción aparecen dos nombres: el propietario de la excavadora, conocido como El Perejil, que fue detenido y después quedó en libertad, y el operario que manejaba la máquina, al que la Guardia Civil tomó declaración. El primero optó por no responder a los agentes; el segundo ofreció su propia versión de lo ocurrido. Aseguró que las chispas que provocaron el incendio no saltaron mientras trabajaba con la máquina, sino cuando la estaban retirando del lugar, informa Óscar López Fonseca.
Según su relato, abandonaban la zona precisamente porque la Junta había decretado la prohibición de utilizar maquinaria en el monte que pudiera provocar fuego. Una versión que, según la investigación, no encaja con el testimonio de varios testigos.
