Política

Fergie Chambers, el activista millonario detenido en Ibiza: “Soy un defensor de los derechos humanos”


10 de julio. Un matrimonio extranjero que pretende instalarse en Ibiza se desplaza en coche por un camino rural al norte de la isla. Están buscando colegio para su hijo y ese día se dirigen a visitar uno. Él es James, Fergie, Chambers, que heredó una fortuna de una de las familias más ricas de EE UU, los propietarios del grupo Cox (centrado en las telecomunicaciones), que factura 20.000 millones de dólares al año. Tiene 41 años, es activista propalestino y se ha definido a sí mismo como marxista-leninista y revolucionario. Ella es Stella Schnabel, actriz, productora e hija del cineasta que dirigió, entre otras, Antes que anochezca, la película que le valió a Javier Bardem una nominación al Oscar en 2001. “De repente”, relata Stella Schnabel a EL PAÍS en un hotel de Madrid, “aparecieron cinco coches: tres delante y dos detrás. No tenían distintivos policiales. Se bajaron tres mujeres y tres hombres. Dijeron que eran agentes de la Policía Nacional y que tenían que detener a Fergie por una acusación de lavado de dinero. Se lo llevaron inmediatamente. Yo me quedé totalmente en shock, aunque con el clima político que hay en Estados Unidos aquello era algo que siempre estaba en mi cabeza”.

Son las autoridades estadounidenses las que lo reclaman. La orden de detención internacional de Interpol, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, especifica que Chambers está acusado de tres delitos: lavado de dinero, disturbios y conspiración para disturbios [que no existe como tal en el ordenamiento español], castigados en EE UU con hasta 30 años de cárcel en total. La orden menciona escuetamente su supuesto apoyo financiero a organizaciones en Gaza que podrían estar vinculadas a Hamás.

EL PAÍS preguntó a Chambers, a través de su esposa, a qué grupos había apoyado en Palestina. Desde prisión, el activista envía la siguiente respuesta: “No soy palestino y no tengo control sobre a quiénes votan. Soy un defensor de los derechos humanos y por eso siempre ofreceré mi apoyo moral a las personas que luchan por sus vidas, por las vidas de sus hijos y por la libertad. Ya sea el CNA en Sudáfrica [el histórico partido de Nelson Mandela]; el FNL en Argelia [el partido que lideró la independencia del país], las fuerzas europeas unidas contra Hitler en la década de 1940 o cualquier lucha anticolonial. Siempre apoyaré a esas personas y sus derechos”.

Según la legislación vigente en España, el país que dirige Donald Trump tiene hasta aproximadamente el 26 de agosto (de 40 a 45 días, dependiendo de si se rige por el tratado o por la ley de extradición) para enviar la documentación que sustente la solicitud para que España les entregue a Chambers para que lo juzgue una corte en Estados Unidos. Y en ese impasse se encuentran el activista y su familia: esperando a disponer de la solicitud formal de extradición y confiando en que las autoridades españolas concluyan, al verla, que tras la acusación existe una motivación política —uno de los argumentos que permite paralizar la entrega—, y se frene el procedimiento.

Para que eso ocurra, una vez que la solicitud pase la fase de revisión en la Audiencia Nacional y si esta prospera, la última palabra la tiene el Consejo de Ministros, según la ley de extradición. El próximo será el 25 de septiembre. El Gobierno de Pedro Sánchez tendrá que decidir si acepta la solicitud de extradición de EE UU en un momento en el que las relaciones con la Administración norteamericana son especialmente tensas. La Casa Blanca ha criticado abiertamente a España por la crisis migratoria en Ceuta tras la entrada de al menos 70.000 personas. Hace apenas unos días Trump declaró que los españoles eran “una causa perdida” y que no quería hacer ningún trato comercial con el país por el retraso en el aumento de su gasto militar y por su negativa a permitir el uso de las bases militares de Rota y Morón en Cádiz para el aprovisionamiento de aviones que participan en la guerra de Irán, aunque posteriormente aseguró que el Gobierno se había “redimido” al comprometerse a “un pago importante”; y la postura firme del Ejecutivo de Pedro Sánchez frente a la masacre en Gaza y a la hora de abanderar el reconocimiento de Palestina como Estado han provocado airadas reacciones del principal aliado de Israel y de su primer ministro, Benjamín Netanyahu.

Para la esposa de Chambers y sus abogados, liderados por el exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, no hay duda de que la orden de detención internacional de Chambers obedece a una “persecución política” por parte de EE UU debido a su apoyo a la causa palestina y su activismo contra el “genocidio” israelí. “Pueden inventarse lo que sea. Ahora mismo en EEUU hay una nueva caza de brujas. Da mucho miedo”, lamenta Schnabel.

El presidente estadounidense ha sancionado a ocho jueces y tres fiscales del Tribunal Penal Internacional por llevar a cabo investigaciones relacionadas con EEUU e Israel. Una de las sancionadas, la jueza de apelaciones ugandesa Solomy Balungi Bossa, declaró en una entrevista reciente a EL PAÍS: “Para Trump somos como los terroristas o narcotraficantes”. Las sanciones, añadió, “son un intento de coacción” para entorpecer la investigación de crímenes de guerra o contra la humanidad. El despacho de Baltasar Garzón encuadra la orden de detención de Chambers en ese contexto y recuerda que EE UU también ha sancionado a la relatora de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese. El Departamento de Estado de EE UU la acusa de “antisemitismo” y de apoyar “al terrorismo”. El Gobierno español tendrá que decidir, una vez que reciba la petición de extradición de Chambers, si una de las primeras democracias del mundo comete actos de “persecución política” que impiden juzgar a uno de sus ciudadanos, ahora encarcelado en Aranjuez, con todas las garantías.

A falta de la exposición más detallada que debe figurar, una vez sea enviada, en la solicitud de extradición, según la ficha de Interpol Chambers está acusado de “lavado de dinero” relacionado con una transferencia que EE UU considera sospechosa por un total de 7,5 millones de dólares a Túnez, país donde el activista residía antes de decidir mudarse a Ibiza con su familia. “Yo tengo familia en España”, explica Schnabel. “De hecho, mi segundo nombre es Madrid. Mi padre me lo puso por un caballo de carreras”.

La esposa de Chambers explica que esas transferencias “no fueron una inversión”. “Él dio ese dinero para pagar las deudas y los salarios de los jugadores de un equipo de fútbol, el Club Africain, que allí es el equipo de la gente trabajadora, como aquí el Rayo Vallecano. En Túnez alquilamos la casa de un hombre que había sido presidente del club y yo me hice muy amiga de su hija. Un día fuimos a ver un partido y Fergie se enamoró inmediatamente al ver el entusiasmo de la afición y su apoyo a Palestina. El estadio estaba llena de pancartas gigantes de apoyo a los palestinos. Fergie, que siempre ha estado obsesionado con los deportes, salvó al equipo de la ruina”. Chambers tiene una empresa de representación y mecenazgo deportivo, Jii Sports.

Un millón de dólares para Palestina

Chambers también donó, según informan sus abogados, cerca de un millón de dólares (unos 865.000 euros) a “proyectos y acciones humanitarias” en Gaza supervisadas previamente por el consejo técnico de su fundación. Así, especifican que 550.000 dólares fueron a parar a la Alianza para los Niños de Oriente Medio (MECA en sus siglas en inglés), que “provee alimentos, medicinas, material sanitario, ropa, libros, juguetes a las familias desplazadas de Gaza y Líbano”; otros 370.000 dólares al Proyecto Sameer o TSP, que financia pequeños proyectos, como panaderías; 300.000 dólares al Movimiento por la Salud de los Pueblos (PHM), que recauda fondos para reconstruir centros de atención sanitaria y llevar a Gaza equipamiento y medicinas; 200.000 dólares para el Fondo para la Infancia Ghasan Abu Sittah, que asiste a niños heridos; y 100.000 dólares al Proyecto Zaynab, que presta apoyo psicológico a las víctimas de la guerra.

“Todas esas donaciones”, explica Schnabel, “pueden verificarse. Fergie envió el dinero que permitió montar una panadería que ahora hace 2.000 barras de pan a la semana; ayudó a una niña que necesitaba diálisis; a huérfanos…”.

Preguntada por si puede asegurar que su marido no ha financiado a Hamás de alguna manera, responde: “Absolutamente. Y es muy doloroso oír eso. Esto era ayuda humanitaria y podemos probar a dónde fue cada donación. Yo vengo de una familia de origen judío”. Su padre, el director de cine Julian Schnabel, rechazó el boicot a los actores Gal Gadot y Gerard Butler en el pasado festival de Venecia por haber apoyado a Israel.

Varios medios internacionales recogen antiguas declaraciones de Chambers defendiendo a Hamás tras los atentados del 7 de octubre de 2023 en Israel en los que murieron 1.200 personas, en concreto, un tuit que dice que “Ninguna facción de la resistencia palestina, Hamás u otras, ha hecho nada malo”. Schnabel cerró al público las cuentas en redes sociales de su esposo y asegura que no recuerda ese mensaje, pero insiste en que el dinero no ha ido a parar a grupos terroristas.

El activismo de Chambers le ha llevado a apoyar de diversas formas al grupo Palestine Action, nacido en Inglaterra en 2020 con el objetivo de realizar “acciones disruptivas” y cuyo principal objetivo son las instalaciones de Elbit Systems, una empresa de tecnología militar cuyo principal cliente es el ejército israelí. En una entrevista difundida en 2025, Chambers reconoció haber participado en una de esas acciones —“me encadené a la puerta”—.

El pasado junio, cuatro miembros de esta organización fueron condenados en el Reino Unido a penas de entre cuatro y casi ocho años de cárcel por destruir varios drones en su asalto a la empresa israelí. Amnistía Internacional criticó en un comunicado que la justicia británica introdujera una “conexión terrorista” en el juicio a las activistas: “Las han condenado como terroristas porque quieren sentar un precedente. Los delitos de daños nunca habían sido tratados antes como terrorismo”.

Otra de las acciones de este grupo contra la empresa israelí tuvo lugar en Merrimack (Nuevo Hampshire) en noviembre de 2023. Mientras varios manifestantes sostenían una pancarta en el exterior, otros pintaron con aerosol el edificio y subieron al tejado con bombas de humo. Chambers fue entrevistado en el lugar por una cadena de noticias local. Cuatro mujeres fueron arrestadas. La condena fue finalmente de 60 días de cárcel y una orden de alejamiento de la empresa.

Schnabel explica que su marido se ha dedicado a “sostener económicamente” a algunos de esos activistas, pero que no puede hablarse de él como un “coordinador” de esas acciones porque “el grupo se organiza de forma espontánea por internet”. El despacho de Baltasar Garzón cree que las acusaciones de “disturbios” y “conspiración para los disturbios” citadas escuetamente en la orden de detención pueden tener que ver con el apoyo de Chambers a Palestine Action.

No es la primera vez que Chambers tiene problemas con las autoridades, aunque nunca antes habían tenido la magnitud de este. Según recuerda Schnabel y contó él mismo en 2024 en una entrevista en Rolling Stone, poco antes de dejar su país y mudarse a Túnez fue detenido en Atlanta por involucrarse en una protesta contra la tala de un bosque urbano para construir en su lugar un campo de entrenamiento policial, Cop City (Ciudad de la Policía). El proyecto le tocaba de cerca, pues el encargado de recaudar los fondos para su construcción era el CEO de Cox Enterprises, su primo Alex Taylor. También fue arrestado por vandalizar un McDonald’s en una manifestación pro-Palestina en Washington DC.

Chambers ha donado sumas considerables a organizaciones como la Alianza Negra por la Paz o el Centro Legal Abolicionista. También creó una “comuna socialista” en Massachusetts. Es una persona inmensamente rica, cuya principal contradicción —que señalan quienes lo critican— es su aparente compromiso con desmantelar el sistema que permitió que personas como él o familias como la suya acumulasen semejante riqueza. Su padre, James Cox Chambers, al que el activista definió en una ocasión como “la primera oveja negra de la familia”, se dedica al cine y a impulsar las energías renovables. También es, según Schnabel, “uno de los principales donantes del partido demócrata en EEUU”. En 2004 se casó con Nabila Khashoggi, hija de Adnan, traficante de armas fallecido en 2017.

El activista viajó al Dombás en 2022 para hablar de los partidarios de la presencia rusa en la zona. Su primera esposa es rusa y él habla el idioma. Schnabel insiste en que muchas de las declaraciones de su marido “se han sacado de contexto”. “Fergie habla de una manera muy directa y se enfrenta a la élite dirigente y eso a la élite dirigente no le gusta. Creció rodeado de millones de dólares y la mayoría de la gente rica ahora es de extrema derecha y no le comprenden. Pero lo único que él hace es ayudar, sin ningún interés personal. Su fundación ni siquiera lleva su nombre”.

En Rolling Stone, Chambers explicó que su madre lo llevó por primera vez al psiquiatra cuando tenía seis años y que a los 12 fue ingresado en un hospital y que otro paciente lo violó. “Es un hombre muy fuerte, que ha vivido muchas cosas. Ahora está muy preocupado”, relata su esposa, que lo visitó el pasado 4 de agosto en la prisión de Aranjuez. “Solo quiere que le lleve libros: me pidió uno de Gramsci y le llevé El Aleph, de Borges, algo de fantasía”.



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