Los exámenes de ingreso a la UNAM se repetirán entre el 12 y el 19 de agosto en cuatro ciudades
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha afinado los últimos detalles para la nueva convocatoria en las pruebas de acceso, anuladas por sospechas de fraude masivo. Después de haber anunciado la nueva fecha para el comienzo de curso, retrasado cuatro semanas para los estudiantes de nuevo ingreso, la casa de estudios ha fijado una ventana de una semana para la realización de los exámenes, del 12 al 19 de agosto, en cuatro sedes distintas: León (Guanajuato), Oaxaca (Oaxaca), Tijuana (Baja California) y Ciudad de México. Las evaluaciones no se llevarán a cabo de forma simultánea sino que cada ciudad tomará el relevo a la siguiente sucesivamente hasta acabar las últimas tres jornadas en la capital mexicana. Esta era la última incógnita por despejar en cuanto a la logística pendiente de cara a la convocatoria excepcional de este agosto. Se mantienen todas las relativas a la cita original, tras el fiasco que resultó el experimento de realizarlo por primera vez en línea y a distancia.
A partir de este miércoles, los aspirantes podrán comprobar en las listas oficiales cuáles son los puntajes mínimos requeridos en cada programa y modalidad para poder postularse de nuevo al examen de la semana que viene. De los 158.000 que se presentaron a la primera convocatoria, unos 100.000 han sido descartados para la nueva por no haber obtenido plaza o no estar dentro de los puntajes que los años anteriores sirvieron para obtenerla. Esa solución, que da una validez parcial a la primera prueba, evita a la universidad tener que replicar el examen con carácter general, con todo lo que eso conlleva en términos de recursos. La utilización de cuatro sedes alternas facilita una logística ya de por sí complicada, incluso con la reducción del número de postulantes a menos de la mitad.
Ahora sí, quienes aspiran a hacerse con una codiciada plaza en la mayor universidad pública de México y de América Latina han llegado a la semana crítica, por segunda vez en apenas unos meses. Esta será la definitiva. Un buen puñado de ellos se ha manifestado durante los últimos 10 días a las puertas de la universidad reclamando la validez de los resultados que obtuvieron en la primera prueba, habida cuenta del estrés y la tensión acumulados antes de la primera cita, un calvario que no todos están dispuestos a volver a transitar. Pero la excepcional crisis a la que se enfrentaba la institución, tras ver vulnerado el sistema de selección de candidatos, la ha obligado a tomar medidas que garanticen la excelencia de quienes lleguen a las aulas, el corazón de la casa de estudios. No hay marcha atrás. La semana que viene comenzarán de nuevo las pruebas y, poco después, se reanudarán las clases o comenzarán de cero para los nuevos estudiantes: el 17 y el 31 de agosto, respectivamente.
De los 58.000 llamados a examinarse de nuevo, solo obtendrán plaza 22.000, el 40%. La competencia es total y eso explica parcialmente los incentivos para quienes decidieron hacer trampa y asegurarse su lugar, un intento finalmente frustrado. El respeto hacia la Universidad dentro y fuera del país alimenta la indignación ante el intento de engaño y ante la vulnerabilidad de una institución más que habituada a examinar a miles y miles de alumnos cada año. Siempre, hasta ahora, en una modalidad presencial.
El salto al formato en línea y a distancia, realizado por una empresa externa y anunciado como una medida que promovía la inclusividad por romper las barreras que implica moverse a la capital, ha supuesto finalmente un batacazo inesperado. Los resultados tan inusualmente buenos, muy por encima de los de los años anteriores, hicieron saltar las alarmas a los especialistas que miraron con lupa los datos públicos. Tras el escándalo suscitado, el rector conformó una comisión de 16 expertos que confirmó con un análisis estadístico propio los temores: el porcentaje de examinados con más de 100 aciertos, sobre un total de 120, había ascendido del 3,5% al 16,3%. Lo mismo ocurría en la última franja: aquellos que lograron más de 110 respuestas correctas aumentó del 0,9% al 5,5%, es decir, se multiplicó por seis.
A esa evidencia se agarra ahora la universidad para llamar de nuevo a los aspirantes a someterse a la prueba, esta vez de forma presencial, para evitar el vicio de inicio. La comisión, no obstante, debe revelar todavía el resto de los hechos pendientes de resolver: qué y quién falló, si hubo una filtración de respuestas o la grieta estuvo durante el proceso de vigilancia, qué pruebas se hicieron antes para creer que se podía igualar la seguridad de un examen presencial y, sobre todo, qué medidas se tomarán para evitar a toda costa que otro episodio así vuelva a producirse en el futuro.
