Los estudiantes atrapados en la crisis del examen de admisión de la UNAM: “Estoy dispuesto a repetirlo, pero un acierto puede cambiarlo todo”
“Dediqué un año entero de mi vida: horas, días, noches de estudio y muchos sacrificios por un examen de tres horas”, reclama Karely Ramírez bajo un paraguas que la protege del sol del mediodía en Ciudad Universitaria. La joven de 18 años participa este lunes en la protesta de cerca de un centenar de aspirantes a la UNAM, la universidad pública más codiciada del país. Frente a la torre de rectoría convergen quienes vieron cancelado su examen y los que pese a haber aprobado, deberán presentarlo nuevamente, esta vez de manera presencial. La UNAM reconoció el pasado viernes un alto porcentaje de trampas durante la prueba.
Cada uno tiene detrás un caso o historia distinta, pero convergen en algunas exigencias a la institución: transparencia y una mayor consideración por el bienestar de los aspirantes. Muchos llevan meses e incluso años preparándose y describen las últimas semanas como una gran incertidumbre y enorme presión emocional. La universidad ha retrasado un mes el inicio de las clases para los alumos de nuevo ingreso, que se conocerán cuando se repita la prueba a 58.000 candidatos que compiten por 21.000 plazas distribuidas en 133 licenciaturas, mientras aun quedan en el aire varias interrogantes sobre lo ocurrido con el examen en línea.
Azul Muñoz Arenas, 17 años: “La universidad no estaba preparada para un examen en línea”
Seleccionada para Ingeniería Industrial con 114 de 120 aciertos, Azul Muñoz presentó por segunda vez el examen para la carrera de sus sueños. Años atrás no fue admitida en el bachillerato de la UNAM, por lo que su familia la inscribió “con mucho sacrificio” a una preparatoria privada. “Quiero entrar ahora a la UNAM porque es pública y no quiero que mis papás sigan pagando mis estudios”, comparte. El último año se inscribió a dos cursos intensivos, uno por la mañana y otro por la tarde, en los que su familia invirtió cerca de 40.000 pesos. “Cuando recibí la noticia de que me había quedado me sentí súper bien y muy emocionada. Ya estaba relajada cuando me enteré de que tenía que repetir el examen”, relata.
Muñoz pide que no se critique a los aplicantes que no quieren repetir la prueba: “Muchos dicen que es muy fácil pasarlo otra vez, pero creo que no es eso, es todo lo que hay detrás, todas las noches que nos desvelamos por conseguir un lugar que ahorita se nos está quitando”. Pide a la universidad encontrar otra solución que no afecte a los aprobados: “La universidad tuvo meses para revisar los exámenes. Deberían revisar todas las grabaciones y no obligar a todos a pasar por ese trauma. La universidad no estaba preparada para un examen en línea”, reclama.
Karely Ramírez, 18 años: “Queremos demostrar que no somos tramposos”
Karely Ramírez forma parte del grupo de 3.000 aspirantes cuyos exámenes fueron cancelados sin una explicación. La candidata a medicina asegura que nunca recibió advertencias ni notificaciones durante la prueba y que solo descubrió la cancelación cuando consultó sus resultados. “El 17 de julio me apareció una C de cancelado. A día de hoy la universidad no explica qué pasó con nuestros exámenes. Yo fui muy cuidadosa de no recibir notificaciones, de no hacer ruido, ni hacer nada raro por el miedo”, comparte. Era la segunda vez que presentaba el examen y, durante un año se preparó intensamente para obtener un puntaje alto en la carrera más competitiva. Estudió primero por su cuenta y después tomó un curso de preparación que costó 7.000 pesos. “Me esforcé el doble al saber que el examen sería en línea y yo calculo que tuve más de 117 aciertos”, asegura.

Cuando el comité de crisis de la universidad presentó el informe el pasado viernes, no explicó nada sobre los exámenes cancelados. “Pensamos que nos iban a dar una soluciónn, pero ni nos mencionaron”, lamenta. Han entregado dos pliegos petitorios para exigir una explicación y pedir que también se les permita presentar el examen de control presencial. Considera injusto haber quedado fuera sin pruebas “en una plataforma que claramente no funciona” y cree que la universidad pudo detener el proceso desde las primeras irregularidades, sin llegar a dar los resultados. “Lo único que queremos es demostrar que sí estudiamos y que merecemos la oportunidad de defender nuestro resultado”, reclama.
Mario González, 21 años: “Nos dieron esperanzas y ahora quieren quitarnos el lugar”
Mario González obtuvo 93 aciertos y fue seleccionado para Comunicación y Periodismo en la FES Aragón. Presentó el examen por segunda vez y durante cinco meses estudió por su cuenta con guías y bancos de preguntas. Mientras se preparaba ingresó a una universidad privada, aunque su verdadero sueño siempre fue estudiar en la UNAM. “Cuando vi los resultados, lloré”, dice, “por fin había conseguido lo que tanto buscaba”. Sin embargo, la posibilidad de repetir el examen lo llena de incertidumbre. “El examen fue hace meses, ahora ya no tenemos el mismo ritmo de estudio, yo creo que no tengo las mismas posibilidades de entrar”, dice.

González considera que la universidad tuvo tiempo suficiente para detectar las irregularidades y que las autoridades no han asumido su responsabilidad. “Pido que respeten el lugar y que expliquen lo que pasó. Nos dieron esperanzas y ahora quieren quitarnos el lugar”, reclama. Repetir la prueba presencial significaría enfrentarse nuevamente a una “presión horrible” para la que ya no se siente preparado.
Fernando Jerónimo Romero Díaz, 18 años: “Los que sí hicieron trampa terminarán abandonando la carrera”
La mayor ilusión de Fernando Romero es poder estudiar y jugar voleibol en la UNAM. Tras un año de combinar sus entrenamientos con guías de estudio, cursos y examenes de simulación, el pasado 17 de julio fue admitido en la carrera de Ingeniería Mecánica con 114 aciertos. Pero ese “aspirante seleccionado” en la pantalla significaba también que debía mudarse pronto. Su familia, originaria de Toluca, buscó rápidamente rentar una habitación para él en Ciudad de México. Días después se enteró de la suspensión de las inscripciones y de que tenía que hacer nuevamente todo el proceso: “Ya había pasado y ahora me lo quieren quitar”.

No se opone porque nunca confió del todo en el formato en línea, pero dice que “la situación afecta mucho”. En su caso, ya paga un apartamento y dejó su lugar en el Tecnológico Regional de Toluca por estudiar en la UNAM. El joven cree que no era fácil hacer artimañas durante la prueba: “Nunca me pasó por la cabeza hacer trampa porque estaba todo en juego. Tenía muchos nervios”, dice. “Los que sí hicieron trampa terminarán abandonando la carrera”, considera. “Lo más justo es que nos permitan entrar a los que ya pasamos y con los otros el tiempo dirá”, dice.
Osmir Morán, 19 años: “En Medicina un acierto puede cambiarlo todo”
Después de dos años de preparación, Osmir Morán se quedó a solo tres aciertos de conseguir un examen perfecto. En su primer intento el año anterior, aplicó a todas las universidades públicas que ofrecen medicina, aunque en el fondo la que realmente quiere es la UNAM. “Es muy duro que no te acepten”, comparte. Decidió subir la intensidad a su preparación y entró a cursos privados de premedicina, aumentando progresivamente sus horas de estudio: “Al principio estudiaba dos horas, luego al siguiente mes, tres horas y así hasta llegar a seis horas al día”, explica.

Cuando vio el resultado sintió alivio, principalmente porque no quería representar “una carga económica” para sus padres. Sin embargo, ahora vive con “angustia e impotencia” ante la posibilidad de repetir el examen por las acusaciones de trampa. “No estoy en contra de repetir, pero es mucha ansiedad porque en medicina un acierto puede cambiarlo todo”, asegura. Su carrera es la más demandada, la de más difícil acceso, y una en la que fue más evidente el aumento atípico de resultados excelentes en el examen de este verano. “La universidad debería investigar a fondo las irregularidades antes de tomar una decisión generalizada”, considera. Morán acusa que la plataforma no estaba preparada para soportar la cantidad de aspirantes que presentaron el examen.


