Rakshya Bam, líder del movimiento de la generación Z de Nepal: “Somos la mayor oposición a este nuevo Gobierno”
Cuando Rakshya Bam (26 años, Kailali, Nepal) vio que en las protestas de la generación Z de Madagascar ondeaban banderas de Nepal, comprendió que lo que había hecho su generación en Katmandú era histórico. Apenas unos días antes del estallido de las movilizaciones en la isla africana, en septiembre de 2025, las protestas iniciadas por jóvenes nacidos entre finales de los noventa y principios de los 2000 habían terminado con la caída del Gobierno de K. P. Sharma Oli. “En Madagascar utilizaron nuestra bandera como símbolo de rebelión. Pero, sin duda, nosotros también nos inspiramos en otros países. Seguimos esos movimientos en Bangladés e Indonesia. El mundo entero estaba sufriendo”, recuerda Bam, coordinadora del Nepal Gen Z Front, en una entrevista con EL PAÍS en la Conferencia de Sostenibilidad de Hamburgo, a la que fue invitada para participar en un panel sobre la movilización política juvenil. “Pero creo que ahora es el momento de hacer una pausa y reflexionar. Necesitamos paz ahora mismo, hemos visto demasiada destrucción”, agrega.
Esta joven activista, feminista, graduada en Trabajo Social y con un máster en Estudios de Género, fue uno de los rostros más visibles del movimiento que se formó en las redes sociales y en las calles después de que el Gobierno prohibiera 26 plataformas de redes sociales, entre ellas YouTube, Facebook, Instagram y WhatsApp. La generación Z protestaba contra la corrupción, los abusos de los partidos dominantes y la falta de oportunidades en el país. Un 56% de la población tiene menos de 30 años, según el censo de 2021.
Aunque, en ese momento, la generación Z nepalí no se organizaba en un único movimiento con líderes o portavoces, Bam solía ser una de las personas que pronunciaba discursos ante multitudes. También fue una de las 10 activistas convocadas por el ejército, tras la caída del Gobierno, a una reunión para evaluar los siguientes pasos a dar. Se levantó de la mesa en cuanto se dio cuenta de que otros de los invitados eran partidarios de la monarquía, abolida en 2008.
Bam recuerda que cuando cayó el Gobierno no pudo sentir nada. “Habíamos perdido a muchos amigos en las manifestaciones. Estábamos llenos de rabia y frustración y de repente se produjo un vacío de poder. Nuestra democracia estaba bajo amenaza”, relata. “En ese momento pensamos: ‘Ahora es nuestra responsabilidad dar un paso al frente y liderar”.
Creo que ahora es el momento de hacer una pausa y reflexionar. Necesitamos paz ahora mismo, hemos visto demasiada destrucción
Ha pasado casi un año desde las protestas que terminaron en un caos letal: 76 personas murieron y más de 2.000 resultaron heridas. Tras la salida del primer ministro, se eligió un Gobierno interino, presidido por la expresidenta del Tribunal Supremo Sushila Karki. Luego, en marzo se celebraron elecciones y el rapero Balendra Shah y su partido, el RSP, obtuvieron la mayoría absoluta para gobernar un país sumido en la incertidumbre. A principios de julio, cumplió sus primeros 100 días en el poder.
El movimiento de la generación Z, explica Bam, aún existe, pero se divide en distintas tareas. Algunos trabajan con el partido gobernante en los ministerios o con el primer ministro; otros, como ella, continúan en las calles y vigilan el nuevo Gobierno. “En Nepal, la sociedad civil es débil; todos estos problemas se han generado precisamente por eso. No queremos que este Gobierno fracase y por eso necesitamos una ciudadanía fuerte que plantee preguntas y exija responsabilidades”, explica Bam. “La generación Z es la mayor oposición a este nuevo Gobierno. Hoy, el movimiento se ha extendido a los ciudadanos y está en todas partes”, agrega.
“Nos alegra que nuestro actual primer ministro defienda la buena gobernanza porque es uno de nuestros objetivos, pero no estamos contentos con la forma en que trabajan. Balen [como se le conocía antes] no acude al Parlamento ni rinde cuentas. Es como si algunas de sus actividades no fueran transparentes ante los ciudadanos. No es una forma democrática de gobernar”, cuestiona la joven.
Shah, de 35 años, era alcalde de Katmandú en el momento del estallido social en Nepal. Tras su posesión como primer ministro el pasado 27 de marzo, ha elegido un discurso centrista y pragmático y ha prometido combatir la corrupción, crear 1,2 millones de empleos para reducir la emigración de jóvenes y transformar la economía nepalí. Sin embargo, como ha documentado la prensa local, diputados de su propio partido han criticado su gestión y la de sus ministros en temas relacionados con seguridad, agricultura y libertad de prensa, entre otros temas.
“Pero eso no significa que no tengamos esperanza”, aclara Bam. “Nuestra esperanza no reposa en este Gobierno, ni en el primer ministro, ni siquiera en los diputados. Tenemos esperanza en el mandato que el pueblo les ha otorgado”.
Paralelamente a la vigilancia del Gobierno, Bam sigue trabajando en sus proyectos. “Tengo aspiraciones políticas y puede que me dedique a la política dentro de cinco años”, confiesa.
Mientras ese día llega, la activista ha retomado antiguas luchas. Ha vuelto a la Fundación Ujwal Thapa, donde ejercía como coordinadora ejecutiva antes de las protestas de septiembre, para dar consultorías sobre acceso a la información. “Imparto sesiones sobre ese derecho a niños en colegios y universidades. En Nepal funciona muy bien, pero debemos seguir defendiéndolo”, comenta.
Tengo aspiraciones políticas y puede que me dedique a la política dentro de cinco años
Con el Nepal Gen Z Front, además, libra una batalla contra el Estado para defender los derechos de las personas que viven en asentamientos y cuyas casas han sido demolidas. “Les prometieron que les darían tierras, pero han pasado dos meses y no han hecho nada. Simplemente los mantienen en un centro de acogida”, relata.
La generación que busca una oportunidad
Bam no tiene previsto abandonar Nepal, pero es consciente de que la falta de oportunidades laborales empuja cada año a cientos de miles de jóvenes a buscar trabajo fuera del país. En 2024, la tasa de desempleo entre las personas de 15 a 24 años alcanzó el 20,8%, según datos del Banco Mundial, que sitúa a Nepal entre las economías más pobres y de crecimiento más lento de Asia. Ese mismo año, más de 741.000 ciudadanos solicitaron permisos para trabajar en el extranjero. De ellos, el 77% tenía entre 18 y 34 años, de acuerdo con el Ministerio de Trabajo.
La activista considera que, en el corto plazo, el Gobierno debe garantizar la seguridad de sus ciudadanos en el exterior. “Hoy pueden firmar un memorando de entendimiento (MOU) con los distintos países para la protección de sus ciudadanos. Hay que facilitarles la vida y darles garantías”, afirma. A largo plazo, agrega, será necesario impulsar la agricultura, el turismo y la inversión en emprendimientos para fortalecer la economía. “El Gobierno debería proporcionar algo de capital inicial a los jóvenes para que pongan en marcha sus iniciativas. El espíritu emprendedor es el futuro de Nepal”, sostiene.

