Kilian Jornet se perderá el UTMB por una lesión en la rodilla izquierda que pone en jaque su futuro
Cuando Kilian Jornet acepta el mensaje de su cuerpo y deja escapar el 17 de mayo a la cabeza de carrera de la Zegama-Aizkorri, la maratón de montaña que ha ganado 11 veces, para llegar tranquilo a meta, en el anonimato de una cuadragésima posición, no solo está agradeciendo los ánimos a su devota parroquia vasca, sino que está, sin saberlo, diciendo hasta luego a su mejor versión. Ese dolor en los tensores quedará después diagnosticado con una seria avería en la rodilla izquierda, una fuente de problemas casi desde que se rompiera la rotula en la adolescencia al caerse de bruces contra los adoquines. Tras aquellas cuatro horas de competición con el menisco lateral roto, su rehabilitación conservadora –sin cirugías, sin forzar entrenando– no le ha permitido transitar su calendario más exigente en casi una década. Abandona las cien millas de Western States, no llega a tiempo a Sierre-Zinal y, tras intentarlo hasta el final, se baja de los 171 kilómetros del Ultra Trail del Mont Blanc del próximo viernes tras síntomas evidentes de dolor en su última tirada larga, en el propio recorrido. El año en el que quería probar su durabilidad termina sin gloria y con la incertidumbre de si podrá competir con los mejores tras un previsible paso por el quirófano.
La resonancia del día después de Zegama dejó un diagnóstico muy variado: “Hidrops moderado. Rotura horizontal en el cuerno anterior del menisco lateral con edema marcado en la almohadilla grasa de Hoffa adyacente. Daño cartilaginoso en la zona central de la rótula con edema de médula ósea adyacente”. Al anunciarlo, dijo que mantenía su compromiso con Western States, el 27 de junio, la decana estadounidense de cien millas, entre cañones californianos a más de 40 grados. La ganó en 2011 para ser tercero en 2025. Aseguró entonces que podía permitirse un enfoque más conservador al “no buscar resultados”.
Se plantó en la salida, pero abandonó poco después del primer tercio. No era la carrera para una rodilla que sufre sobre todo en los fuertes impactos que provocan los ritmos altos de senderos fáciles, ya sea en llano o en bajada. El mismo argumento aconsejaba apartarse de Sierre-Zinal, los 31 kilómetros por la catedral del trail ante kenianos voladores. Quedaba la esperanza de UTMB, un recorrido más técnico, más lento. Pero no dejan de ser 20 horas de competición contra los mejores ‘ultreros’ del mundo.
Con esa esperanza, viajó a los Alpes y se probó en un entrenamiento entre Courmayeur y Chamonix. “Para ver cómo reaccionaba mi rodilla en una carrera larga como esta tras unas semanas de buen entrenamiento en casa”, explicó en un vídeo publicado este jueves en su cuenta de Instagram en el que explica el “enfoque conservador” en consenso con su equipo médico, gestionando las cargas para proteger ese cartílago dañado. “Después de cinco horas, aunque me estaba sintiendo muy bien, el dolor y los problemas de inestabilidad volvieron a aparecer, así que he decidido no correr este año en UTMB y centrarme en someterme a una intervención para resolver el problema de una vez”.
Sin trazar un calendario, apuntó al invierno y a “objetivos para el próximo verano”. Tras cumplir prácticamente en la adolescencia la lista de carreras que se había propuesto ganar una vez en la vida, lejos de bajar el nivel, ha marcado sus mejores registros de rendimiento bien entrado en la treintena, velocidad incluida.
No es la primera vez que Kilian se cae de la parrilla de salida de la carrera más prestigiosa del mundo en las semanas previas. Tras lograr su cuarta victoria –con récord incluido– en 2022, su preparación para repetir en 2023 se truncó con un edema óseo que sufrió en julio en una carrera clasificatoria, un requisito para poder competir en Chamonix, por más que defendiera corona. A partir de ahí, hubo un distanciamiento con UTMB, un circuito al que acusó, en buenos términos, de tender hacia un monopolio –tiene decenas de carreras por todo el mundo– que fagocitaba a las carreras más pequeñas. Así que se la saltó en 2024 y 2025 con proyectos de alpinismo en cuatromiles de los Alpes y de EE UU. Tras tender puentes, regresaba este año en busca del quinto título que le permitiera encabezar en solitario un palmarés que ahora comparte con el francés François D’Haene.
Nadie cuestiona el título honorífico de GOAT, la cabra, –el mejor de todos los tiempos, en siglas en inglés– para alguien capaz que también lidera el palmarés de Zegama o de Sierre Zinal, con diez victorias. Poder rendir simultáneamente en una carrera de dos horas y media como esta última y en una de 20 como UTMB es un prodigio de la biología, producto de una devoción al entrenamiento y a la vida en la naturaleza de alguien que con cinco años ya coronaba el Aneto. Juntar en un curso las cuatro carreras con más nivel del mundo era un reto total, pues exigía compaginar el volumen de los ultras con la intensidad para pegarse con especialistas de la media distancia en la cima de sus carreras. No ha podido cuadrar el círculo, así que el tirano de las dos últimas décadas cambiará de calendario sin siquiera un podio.
El año pasado apostó por Western States, pero fue derrotado allí en una exhibición del estadounidense Caleb Olson y en la clasificatoria de Chianti, en la toscana italiana, por su compatriota Jim Walmsley, al que había tumbado en 2022 en una batalla épica. Más de una leyenda del trail alucinó con Kilian tras verle vacío en la noche. Ese espíritu irredento es su gran patrimonio para lidiar con la factura física de una vida entera ejerciéndolo. Esta vez será el quien aproveche el viaje a los Alpes para animar desde la barrera a tantos corredores que le idolatran.


