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Uno de los miembros del jurado del caso Lindsay Clancy discrepa de los otros 11 y no hay veredicto, ¿qué pasa si el bloqueo continúa?


El caso de Lindsay Clancy, la enfermera que el 24 de enero de 2023 estranguló a sus tres hijos en el sótano de su casa a las afueras de Boston, se encamina hacia un callejón sin salida. Seis días de deliberaciones no han logrado que el jurado llegue a un acuerdo. Son nueve mujeres y tres hombres los que se enfrentan a un dilema: decidir si Clancy es culpable de esos horribles actos -en cuyo caso iría a prisión, probablemente el resto de su vida- o si la enfermedad mental que padecía la exoneraa de responsabilidad -entonces ingresaría en un psiquiátrico hasta que se recuperase-. Pero el proceso está estancado, quizás definitivamente.

Este jueves, los miembros del jurado han reanudado las deliberaciones. Era ya el sexto día de discusiones. Pero, como ya pasó el martes y el miércoles, estos 12 ciudadanos han dicho al juez William F. Sullivan que eran incapaces de alcanzar un veredicto, algo que tienen que hacer por unanimidad. “Hay un miembro del jurado que se niega a atender la ley [sobre la duda razonable de la culpabilidad de Clancy]”, ha dicho el abogado defensor, Kevin Reddington, que ha planteado la recusación de esa persona. El juez ha declinado esa opción por no parecerle apropiado tomar partido por uno de los lados, los 11 jurados que parecen haber encontrado dudas razonables en la culpabilidad de Clancy, o por el otro, discordante con esa tesis. De ahí que haya pedido al jurado que retome las deliberaciones.

Si el parón continúa y no logran el acuerdo, el juez tendrá que declarar nulo todo el proceso. La acusación podría decidir en ese caso si vuelve a llevar el caso a juicio. O si prefiere pactar con la defensa de Clancy.

Como ya había hecho el martes, el juez del Tribunal Superior de Plymouth, en el Estado de Massachusetts, instó al jurado a seguir intentándolo. Llevan más de 35 horas deliberando sobre si la enfermedad mental de Clancy la convierte en inocente. O si es culpable de asesinato u homicidio involuntario.

El juez está haciendo todo lo posible para que el jurado llegue a un veredicto. “No hay razón para suponer que el caso vaya a ser sometido a 12 personas más inteligentes, imparciales o competentes para decidirlo que ustedes. Es su deber decidir sobre este caso, si pueden hacerlo a conciencia”, dijo a los miembros del jurado el miércoles. Respondía así a una nota que habían enviado en la que decían estar en un punto muerto. Una escena que se ha repetido este jueves, cuando el juez les ha explicado uno a uno, y bajo juramento, el significado legal de la duda razonable.

La creciente posibilidad de un jurado bloqueado de forma permanente llena de dudas el desenlace de este caso que ha tenido una gran repercusión mediática, tanto en Estados Unidos como en el extranjero.

Este juicio ha tocado una fibra sensible en un país enamorado de los true crimes como Estados Unidos. Y también ha mostrado hasta qué punto se ha enconado el debate en torno al papel de hombres y mujeres en la sociedad. Las personas que han mostrado su solidaridad con Clancy han visto en esta enfermera de 36 años un ejemplo de la incapacidad del sistema sanitario de responder a las necesidades de las madres que atraviesan graves problemas de salud mental tras el embarazo.

“Buscó ayuda, pero nadie se la dio”, sintetizó el jueves, al pronunciar su alegato final, el abogado Kevin Reddington. Esta idea ha quedado simbolizada en las imágenes de mujeres vestidas de rosa manifestándose frente al juzgado de Plymouth, en el Estado de Massachusetts, donde se han celebrado las sesiones.

El otro grupo, con mucho eco en las redes sociales, echa en cara a los defensores de Clancy ―sobre todo a las mujeres que le han mostrado apoyo― el cerrar los ojos ante unos hechos brutales y de descargar siempre la responsabilidad de las mujeres, incluso cuando son ellas las que cometen actos de violencia. El debate ha sido muy enconado, con mensajes en redes sociales en los que se acusaba a las mujeres de rosa (color con el que se han vestido las que han mostrado solidaridad con Clancy) de apoyar el asesinato de niños.

Deficiencias en la salud mental

Al margen de este debate, el caso Clancy ha servido para hablar de un tema considerado tabú hasta hace poco: las dificultades de salud mental que no pocas madres atraviesan tras los embarazos, con trastornos muy graves como la depresión posparto, en una situación ya extrema, la psicosis posparto. La defensa de Clancy ha argumentado que esta última dolencia es la que explica la tragedia. Asegura que una voz masculina le exigió que primero matara a sus hijos y que luego se suicidara.

En sus alegatos finales del jueves, la fiscal Jennifer Sprague argumentó que, pese a sufrir una depresión, Clancy fue capaz de planificar meticulosamente los tres asesinatos y que era consciente de que estaba cometiendo una atrocidad. “Tuvo otras opciones. Pudo haberse matado ella y haber dejado con vida a los niños. Sabía que lo que estaba haciendo era incorrecto”, añadió. Como prueba, señaló que Lindsay envió a su marido Patrick fuera de casa para acometer su macabro plan.

Todos los testimonios coinciden en calificar a Clancy como una buena madre, atenta y cariñosa, hasta que comenzaron sus problemas de salud mental. El 24 de enero de 2023, estranguló a sus tres hijos con cintas elásticas de deporte en el sótano de su casa, luego se cortó muñecas y cuello y se tiró por la ventana. Esa fue la escena brutal que se encontró su entonces marido y padre de los niños al volver de comprar la cena para la familia. A consecuencia de esas heridas, Clancy tendrá que ir en una silla de ruedas el resto de su vida.


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