Una sesión del Congreso ‘incendiada’ por el gas pimienta: de las bromas por “el ataque híbrido” al riesgo de sanciones al PP
Un espray de gas pimienta alteró ayer la sesión parlamentaria en el Congreso. El aerosol no fue introducido por ningún elemento ajeno a las Cortes ni lo lanzó ningún manifestante desde la calle: la diputada del PP, Ana Vázquez Blanco, había comunicado a su grupo el día anterior su decisión de exhibirlo durante la sesión de control al Gobierno para denunciar así la inseguridad en las calles de Ceuta. En principio, dicen fuentes populares, todos pensaron que lo llevaría vacío pero el gas se propagó por algunos conductos del Congreso. La policía del Cámara baja logró hacerse con el “arma” de la discordia a las 12.45, después de más de tres horas de especulaciones y pesquisas para aclarar por qué el tóxico provocó que 12 personas tuvieran que ser atendidas por los servicios médicos y se precintaran espacios de dos edificios a ambos lados de la carrera de San Jerónimo. “La película que se montan estos socialistas”, se justificaba después de todo en televisión la diputada, que es una habitual tertuliana. Además, es policía de profesión.
La jornada que a priori parecía descafeinada por la ausencia de Pedro Sánchez, de viaje en Nueva York derivó en una sesión inaudita. Otra más. Los acontecimientos se desencadenaron a las 9.45, cuando la diputada popular desenfundó el bote de gas pimienta en su turno de palabra desde el escaño, para denunciar el miedo con el que conviven las “mujeres” y los “niños” de Ceuta. La presidenta de la Cámara baja, Francina Armengol, exigió a Vázquez Blanco dejar el artilugio fuera de la sala por tratarse de una “arma”, según lo previsto en el Reglamento de la Cámara. O de lo contrario sería expulsada. Se resistió, acabó abandonando el pleno, a partir de ahí, fue cuando la sustancia tóxica se expandió por distintos espacios del Congreso. “Esto parece un ataque híbrido”, bromeaban algunos en los pasillos cuando empezó a correr la noticia de la evacuación de varios espacios.
Eran las 10.26 cuando la Cámara informó del precinto de baños en el edificio del número 36 de la carrera de San Jerónimo, en la segunda planta de esa sede, ubicada en la acera de enfrente a la de los leones de la fachada principal. Una diplomática mauritana, de visita en el Congreso, había sufrido indisposición al aproximarse a los aseos contaminados. Estaba servido ya el chascarrillo del conflicto diplomático mientras las puertas de la calle de Cedaceros estaban abierta de par en par para ventilar. “Por lo del gas”, confirmaban los policías con resignación. Quienes volvían de la zona precintada en ese momento reconocían que el olor era penetrante. Una joven comentaba en la calle entre estornudos que estaba afectada mientras la diputada Vázquez Blanco negaba una y otra vez ser responsable de la liberación del gas. Ella seguía de ronda de entrevistas para denunciar el trato de la presidenta del Congreso y en todas insiste en lo mismo: aseguraba que había llevado el bote vacío.
A esa hora los diputados de Vox no tenían ni despacho ni foco. “Nosotros peleando contra el Gobierno y mañana el titular de todos los periódicos será esto”, se quejó en un arrebato de institucionalidad José María Figaredo en conversación con algunos compañeros de filas. Algunos trabajadores del grupo ultra hacían tiempo en la cafetería del edificio principal entre cafés y pinchos de tortilla, porque tanto ellos como los de EH Bildu, que ocupan las oficinas contiguas, habían sido desalojados por el episodio tóxico.
El espray ya había contaminado varios conductos y reventado de forma definitiva la sesión, pero Vázquez Blanco seguía sin dar señales de arrepentimiento. Sobre las 12.00 horas, uno de los responsables de la policía se le acercó para requisarle el bote. Lo revisó y le pidió que le acompañase hasta la quinta planta del edificio principal. Fuentes parlamentarias aseguran que habían intentado retirarle el espray pero ella volvió de la conversación con el vaporizador en la mano y victimizándose por la amonestación de la presidenta. “Vivas me acaba de mandar un mensaje de cariño”, contaba enseñando un WhatsApp del presidente de Ceuta. Finalmente, ya sí, sobre las 12.45, lo entregó.
La expectación en ese punto era máxima. ¿Quién lo hizo y por qué en dos baños? Habían pasado tres horas de especulaciones. Las imágenes grabadas por las cámaras de televisión confiman que, tras ser apercibida por la presidenta del Congreso, la diputada enfiló las escaleras del hemiciclo sobre las 9.50 entre aplausos de la bancada del PP, que se puso en pie para apoyar a su compañera. Todos menos Alberto Núñez Feijóo, que se mantuvo en su asiento negando con la cabeza en señal de desaprobación con Armengol. “Hay que ser muy indocumentado o tener muy mala fe. Es un disparate”, se quejaba luego el líder del Partido Popular en el pasillo mientras la diputada pululaba por la zona. Antes de salir del edificio, alguien le preguntó si se marchaba a la comisaría, como había anunciado previamente. “Voy a mi despacho”, contestó. Pero no llegó hasta allí.
Iba al patio del Congreso. Allí le dio el encuentro un trabajador del PP que, mientras recibía indicaciones, se metió el pulverizador en el bolsillo de la camisa mientras mirana con desconfianza a su alredador. La secuencia la grabaron las cámaras de televisión y se hicieron públicas después de que, sobre 13.00 horas, el asesor popular, un veterano respetado por toda su trayectoria en la Cámara, confesara ante una melé de periodistas su participación en los hechos. “Ana lo traía vaciado”, explicó. Según su versión, le había pedido que lo lavara “por si tenía restos por fuera” y él lo había “activado” sin querer en el baño. Luego en el otro. Fuentes parlamentarias cuestionan que el recipiente no tuviera gas dado el nivel de propagación de la sustancia. La Policía del Congreso está elaborando un atestado que formará parte del informe con el que la Secretaría General de la Cámara establecerá si se atribuyen responsabilidades y sanciones por este asunto. El gas pimienta se considera un arma en el Reglamento del Congreso.
De manera informal, el Congreso informó de que 12 personas tuvieron que ser atendidas y que se registró una denuncia de los hechos por parte de una asesora parlamentaria. La comida de una de las cafeterías, donde suelen almorzar los diputados, acabó en la basura. “Un filete a la pimienta”, pidió con sorna el vicepresidente de la Cámara, el socialista Alfonso de Celis, a otro diputado del PP al terminar la votación del pleno a las 15.00. En las filas del PP, ya no estaban para muchas bromas con el asunto.


