RECONOCER Noviembre, también es tiempo de reconocer a los hombres
Inicia noviembre y el aire todavía huele a cempasúchil, a flores que acompañaron nuestros altares y a recuerdos de quienes, aun después de partir, continúan presentes en nuestra vida, porque este encuentro entre vivos y muertos nos recuerda la fuerza de los vínculos humanos, esos que construimos a lo largo de nuestra existencia y que muchas veces terminan definiendo quiénes somos, cuánto hemos amado y qué dejamos en los demás.
En nuestra entrega anterior hablamos de los desafíos de conectar y hoy queremos continuar esa conversación dedicando noviembre a los hombres, precisamente porque el próximo 19 se conmemora el Día Internacional del Hombre, una fecha que nos invita a reconocer sus aportaciones, sus experiencias y también los desafíos que enfrentan en una sociedad que ha transformado profundamente sus expectativas sobre lo que significa ser hombre, ser padre, hijo, hermano, compañero o simplemente una persona que intenta encontrar su lugar en el mundo.
Para este 2026, el equipo internacional organizador de esta conmemoración eligió como lema The Future Is Everyone, que podemos traducir como «El futuro es para todos», anunciado en marzo mediante un comunicado publicado en el sitio oficial del Día Internacional del Hombre, una propuesta que surgió de la escritora y defensora de los hombres y los niños Lisa Britton, y que plantea una idea tan sencilla como necesaria: el bienestar de los hombres y las mujeres no debería entenderse como una competencia, sino como una responsabilidad compartida para construir mejores relaciones y oportunidades.
Y precisamente desde esa idea queremos hablar de ellos, no para victimizarlos, justificar sus errores o presentar sus dificultades como más importantes que las de las mujeres, sino para reconocer que también tienen historias que merecen ser escuchadas, que detrás de las responsabilidades que tradicionalmente les hemos asignado existen personas que aman, sienten, disfrutan, se equivocan, aprenden y enfrentan sus propias contradicciones, hombres que encuentran felicidad en sus hijos, en sus amistades, en sus proyectos, en sus pasiones y en esos pequeños acontecimientos cotidianos que rara vez aparecen cuando hablamos de masculinidad.
Porque durante generaciones hemos aprendido a reconocer a los hombres principalmente por lo que hacen, por lo que producen, por su capacidad de resolver problemas o por la fortaleza que muestran ante las dificultades, pero pocas veces nos detenemos a preguntarles qué les gusta, qué les preocupa, qué los hace felices o cuáles son los recuerdos que guardan con mayor ternura, como si su valor estuviera inevitablemente relacionado con la utilidad que representan para los demás y no con su propia condición humana.
También es cierto que las relaciones entre hombres y mujeres han cambiado, que hoy cuestionamos comportamientos antes considerados normales y que existen responsabilidades que debemos revisar para construir una convivencia más justa, sin embargo, reconocer esos cambios no debería impedirnos apreciar las cualidades, los afectos y las contribuciones de los hombres que forman parte de nuestras familias y comunidades, porque hablar de igualdad también exige reconocer que las necesidades humanas pueden ser diferentes sin que unas tengan que imponerse sobre otras.
Noviembre será, entonces, una oportunidad para acercarnos a sus historias desde distintas perspectivas, para hablar de sus vínculos, de la salud física y emocional, de las expectativas que los acompañan y de las nuevas maneras de ejercer la masculinidad, pero también de sus alegrías, sus pasiones, sus logros y sus formas de expresar cariño, porque sería injusto dedicarles un mes únicamente para hablar de aquello que les duele, olvidando todo lo que también les entusiasma y da sentido a sus vidas.
Quizá podamos comenzar con algo tan sencillo como mirar de otra manera a los hombres que nos rodean, al padre que aprende a expresar ternura, al hijo que comienza a construir su independencia, al abuelo que conserva historias que nadie le ha preguntado, al amigo que acompaña sin hacer demasiado ruido o al compañero que intenta responder a las exigencias de su tiempo, reconociendo que ninguno representa por sí solo a todos los hombres y que cada uno merece ser comprendido desde su propia historia.
Al final, de eso se trata el equilibrio que queremos explorar durante noviembre, de comprender que reconocer a los hombres no significa restar importancia a las mujeres, que la igualdad no exige que todos seamos idénticos y que una sociedad verdaderamente humana necesita aprender a escuchar las distintas experiencias de quienes la conformamos, porque si algo nos recuerda el lema de este año es que el futuro no pertenece exclusivamente a unos ni a otros, sino que tendremos que construirlo juntos.
Escrita por Luisa Pérez, fiel admiradora de las vicisitudes humanas.



