Hubo un tiempo en México donde las mujeres podían sostener una familia, trabajar, educar hijos, cargar duelos, administrar hogares y hasta sobrevivir guerras emocionales… pero no podían votar, mucho menos aspirar a gobernar un país. La política era un territorio masculino, diseñado por hombres y para hombres, donde la voz femenina apenas aparecía como acompañamiento decorativo de campañas y fotografías oficiales. La lucha comenzó mucho antes de las urnas, mujeres como Hermila Galindo y Elvia Carrillo Puerto empezaron a cuestionar públicamente por qué se les negaba ciudadanía completa. No pedían privilegios; exigían algo más incómodo para la época: igualdad. Durante décadas fueron vistas como exageradas, rebeldes o “peligrosas” por querer participar en decisiones públicas. Porque históricamente, cuando una mujer pide poder, el sistema suele llamarle conflicto. En 1953 México reconoció oficialmente el derecho de las mujeres a votar y ser votadas. Dos años después participaron por primera vez en elecciones federales. Pero tener derechos escritos no significó tener espacios reales. Durante años los partidos políticos siguieron entregando candidaturas importantes a hombres, mientras las mujeres eran enviadas a suplencias, cargos menores o campañas donde ya todo estaba perdido. El cambio verdadero llegó lentamente y con presión social. Las cuotas de género primero, y después la paridad constitucional, obligaron a abrir espacios donde antes había puertas cerradas. Y entonces ocurrió algo que siempre sucede cuando las mujeres logran entrar a lugares históricamente negados: demostraron capacidad, preparación y resistencia. En 2024 México eligió por primera vez a una mujer como presidenta de la República. Un hecho histórico que no nació de la casualidad ni de una moda política, sino de décadas de lucha jurídica, social y cultural. Porque antes de que una mujer llegara a la candidatura presidencial, miles tuvieron que soportar burlas, exclusión, campañas de desprestigio y violencia política por simplemente atreverse a participar. La historia de las mujeres en la política mexicana no es solamente la historia de llegar al poder. Es la historia de cómo tuvieron que convencer a un país entero de que también tenían derecho a decidir sobre él.
Obtener Outlook para Android<aka.ms/AAb9ysg>