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¿Quién protege a Alito?


La pregunta más fértil a ser formulada al hablar de Alejandro Moreno Cárdenas es quién lo protege.

Sus adversarios gobiernan Campeche bajo el mando de Layda Sansores. Sus enemigos –a quienes no faltan fundamentos ni motivaciones– disponen de holgadas mayorías legislativas para desaforarlo. Sus contrarios –o al menos eso dicen– controlan el Poder Judicial.

En ese contexto, no queda sino ladear la cabeza y preguntarse: además de Carlos Gutiérrez Mancilla –su pequeño doble, el diputado federal priista que encaró a Arturo Ávila por haberse metido con su mentor–, ¿quién protege a Alejandro Moreno?

En la respuesta a esa pregunta –o en los grillos que se oyen cuando alguien intenta responderla– está la explicación de sus cinco viajes a Washington durante el actual sexenio y de las recientes amenazas de muerte que él mismo ha proferido. En la réplica a este cuestionamiento –¿quién protege a Alejandro Moreno?– se encuentra la razón por la cual ha decidido doblar la apuesta. Redoblar el paso. Gritar más fuerte.

Como lo han intentado otros opositores, Alito ha entendido que su mejor defensa es la vieja transustanciación: convertir el agua en vino, lo jurídico en político. De ahí la invocación constante al narcogobierno, la dictadura, la persecución. De ahí su petición de que el Gobierno estadounidense declare a Morena una “organización terrorista”, como si de ETA se tratara. De ahí su empeño por mudar sus conflictos con las autoridades electorales a suelo gringo.

Alito es grosero. Alito es violento. Alito arrastra graves acusaciones de corrupción. Pero Alito no es tonto. Es un político experto en ampliar su influencia.

En la discusión sobre los delitos que se le imputan, Moreno lleva las de perder. Comprende, en cambio, que subido en la ola opositora y a la acometida de Trump –que no son lo mismo, pero mucho se parecen–, tiene la posibilidad de presentar un mundo girado: ser mártir y no acusado. Nada mejor para difundir una creencia y enfervorizar la fe.

De lo que se acusa a Moreno Cárdenas es conocido y muy concreto. La Fiscalía Anticorrupción de Campeche atribuye a su administración como gobernador irregularidades por unos 83.5 millones de pesos. Ahora bien, si la autoridad de Campeche despierta sospechas, existe también la denuncia de su compañera de partido por presuntos esquemas de moches. Si tampoco eso bastara, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad ha documentado irregulares movimientos financieros del dirigente del PRI y de su hermano.

Las cuentas son fáciles de hacer, pero no de pagar. Para que Alito deje de reírse de todas las prisiones queda por arrebatarle el fuero, su último escudo.

Desde 2022 –cuando Layda Sansores utilizó las transmisiones de El Martes del Jaguar para ventilar grabaciones que evidencian la corrupción de Alito– la Fiscalía de Campeche lo viene intentando.

Pero apareció Monreal en escena. Hace cuatro años, Layda acusó a Ricardo de interceder por Alito y frenar el proceso de desafuero. Como sustento, exhibió conversaciones de WhatsApp en las que Monreal alertaba a Alito sobre las investigaciones de la UIF y le aconsejaba ampararse. Aquel amparo –y el compromiso que, según los chats, Monreal tenía con Alito– detuvo el proceso de desafuero.

–Hermano, sabes que estoy en tus manos y solo te lo debo a ti –le reconoció Alito a Ricardo comprendiendo lo bien que se entienden y lo parecidos que son.

Alito no podía demostrar su inocencia, pero supo a qué árbol arrimarse. ¿Acaso la protección de Monreal obedecía a que el PRI aún podía aportar votos para reformas importantes o servir de interlocutor? Es posible que ese agujero del mundo que es hoy el PRI todavía conservara algo de utilidad.

La capacidad de Moreno de domar las tempestades nunca ha dependido de su habilidad para defenderse, sino de la destreza para seguir siéndole útil a alguien.

A Obrador pocos adversarios le resultaron tan provechosos. Alito –Alito pasado, Alito presente, Alito futuro– es ejemplo de lo peor. Hoy, el dirigente del tricolor ha dejado de servir incluso para eso: hasta como opositor ha sido desleal.

Por eso, el derrotero de Alito podría estar a punto de cambiar. En 2025, tras reestructurar sus carpetas de investigación, la Fiscalía Anticorrupción de Campeche presentó una segunda solicitud de desafuero. El expediente llegará el mes próximo a la Sección Instructora en la Cámara de Diputados bajo la conducción de Hugo Éric Flores –oscuro personaje, dirigente del nuevo partido PAZ y cercano a Morena–.

En el juicio de procedencia, la Cámara de Diputados deberá examinar el expediente contra Alito y decidir si rechaza el honor o si retira la protección procesal que le confiere el cargo.

Entonces sabremos si algo ha cambiado desde 2022. Si Alito volverá a vivir como un hombre cualquiera o si, por el contrario, tendremos que volver a la pregunta con la que empezamos: ¿quién protege a Alejandro Moreno?


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