¿Por qué los hoteles dejan un chocolate en la almohada? Cary Grant y el rastro de su infidelidad
El chocolate sobre la almohada en una habitación de hotel tiene una leyenda propia y un nombre conocido involucrado. El inicio de esta costumbre se relaciona con una supuesta infidelidad del actor Cary Grant durante una de sus estancias en el lujoso hotel Mayfair, en San Luis, Misuri; una historia de la que aún presume este alojamiento. Era la década de los cincuenta, y aunque por entonces el intérprete estaba casado con la actriz y escritora Betsy Drake, el galán de cine decidió dejar un rastro de chocolates que indicaba a su amante el camino hacia su dormitorio. El supervisor del alojamiento se fijó en aquel trazo de adulterio., según se recopila en la historia del hotel, el trabajador, inspirado por Grant, empezó a dejar chocolates en cada habitación a modo de cortesía. Un pequeño detalle que empezó a multiplicarse, desde entonces, en los hoteles de lujo de todo el mundo.
Debido a sus numerosas visitas, el actor de La fiera de mi niña (1938) y Luna nueva (1940) entabló una estrecha relación con un gerente del hotel Mayfair, quien le ayudaba a evitar a las multitudes haciéndolo entrar discretamente por el montacargas del establecimiento, según recuerda la historiadora Amanda Clark en una entrevista con People. Para cuando Grant estaba casado con Drake (su tercer matrimonio), la estrella alquiló la suite del ático para el supuesto encuentro romántico.
En el pasado el actor había visitado San Luis, aunque en circunstancias muy diferentes. Todavía bajo el nombre de Archibald Leach, de joven recorría Estados Unidos como artista de vodevil en plena recesión económica. Solía pasar una temporada de verano en el Muny, un teatro al aire libre. Durante ese tiempo, se “enamoró de la ciudad”, asegura Clark.
No era sorpresa para nadie que el actor eligiera uno de los hoteles más prestigiosos de la época para hospedarse durante sus viajes. “Fue el primero en contar con piscina en la azotea y un restaurante cinco estrellas. Tenía esa clase”, afirma la historiadora. El mismo año de su apertura, en 1925, la emisora de radio KMOX instaló su primer estudio en una suite de dos habitaciones. El hotel incluso instaló un órgano Kilgen de 18.000 dólares, con el que se celebraban recitales al mediodía y por la tarde.
Y es que en el Mayfair, hoy rebautizado como Magnolia Hotel, se alojaron las personalidades más influyentes del siglo pasado. Por allí pasaron el compositor de música popular Irving Berlin, el actor John Barrymore y el guionista de cine Douglas Fairbanks.
El hotel también albergó a expresidentes estadounidenses como Lyndon Johnson y funcionó como centro de campaña del demócrata Harry S. Truman. Como Truman, Grant no tuvo un pasado de rico. Su padre trabajaba en una fábrica de ropa y su madre era costurera. A los 14 años abandonó la escuela y se unió la compañía inglesa de artistas ambulantes Bob Pender’s troupe, con la que actuaba en teatros y espectáculos de variedades. Allí aprendió habilidades que serían fundamentales para su carrera: acrobacia, pantomima, comedia física y presencia escénica. En 1920, con solo 16 años, viajó con la compañía a Estados Unidos. 20 años más tarde alcanzó el punto más álgido de su fama y firmó con estudios como Paramount, Columbia y Universal. Sus papeles en comedias románticas y thrillers lo llevaron a construir la imagen del hombre sofisticado, elegante y seductor de los años cincuenta. Estuvo casado cinco veces: Virginia Cherrill (de 1934 a 1935), Barbara Hutton (de 1942 a 1945), Betsy Drake (de 1949 a 1962), Dyan Cannon (de 1965 a1968) y Barbara Harris (de 1981-a 1986).
El actual Magnolia, que reabrió en 2014, aun recuerda al actor. Renovó una suite en su honor en la que cuelga una fotografía de Grant con Ingrid Bergman. En 1979 el edificio fue incluido en el National Register of Historic Places. La tradición oral del hotel sigue en pie y los chocolates sobre la almohada.



