Paula Blasi logra la libertad en el UAE y vuela espléndida en la crono del Tour de Francia
Los ¡allez Pauline! que suenan aislados desde las cunetas se pierden solitarios, sin eco, entre las viñas que borden las curvas de la subida a Marsannay, 1.800m al 7% en el corazón de Borgoña y sus châteaux de grand crus, carretera de Dijon. Una belleza para disfrutar, una tortura para quien, como Pauline Ferrand Prévot, la dueña del corazón de los franceses, pedalea de lado a lado, el dorsal número uno, una ironía sin gracia; el casco enorme torcido como una derrota, como su ánimo, silencioso, frágil y triste en la meta, que la ganadora de 2025 cruza la 34ª, a 2m 13s de la primera, la máquina suiza Marlen Reusser, la mujer más feliz del mundo, que, ocho meses después de haberla planificado ha coronado con éxito la Operación Mostaza que en navidades puso en marcha junto a su equipo, el Movistar: ganaremos la contrarreloj y me vestiré de amarillo, como la moutarde molida con muela de piedra, explica, mientras se mira las amarillas mangas de su maillot de líder.


