Paola Holguín traza el camino de la batalla cultural que le encomendó De la Espriella
Una batalla se anunciaba en el Ministerio de Cultura de Colombia desde el primer día del Gobierno. En su juramento como presidente, Abelardo de la Espriella dijo que es el momento de una “batalla cultural” para “recuperar el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor por la patria, la creencia en Dios y la responsabilidad individual”. Cuando nombró en la cartera a la exsenadora Paola Holguín, le pidió que lidere esa batalla. “Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia”, dijo ella en X a días de arrancar en su cargo. Tras 50 días de gobierno, ha tomado decisiones que trazan el camino de esa batalla cultural, desde el equipo que ha elegido hasta las figuras con las que se ha reunido, pasando por las becas que ha dejado de otorgar y por su estilo de hacer política con la mano de Dios.
“Se ha querido presentar como una gerente, una buena administradora, y no como una artista”, dice una persona que ha trabajado con la ministra en estas semanas. Señala un contraste frente al Gobierno anterior, cuando los ministros fueron una dramaturga, Patricia Ariza; un editor, Juan David Correa; y una gestora cultural experta en danza, Yannai Kadamani. También un contraste frente a administraciones, desde que en 1997 el primer ministro de Cultura fue Ramiro Osorio, quien venía del mundo del teatro.
Holguín llegó, antes que nada, primero a mirar las cuentas del Ministerio y anunciar recortes. La semana pasada, anunció que congela por este año el programa nacional de estímulos, que otorga becas a artistas que ya se postularon y que había funcionado sin interrupciones en 27 años, desde que nació en el mandato del conservador Andrés Pastrana, y tras fortalecerse en el del derechista Álvaro Uribe. La ministra argumenta que no hay dinero, pues recibió un Ministerio con deudas que debe pagar. Es un argumento que se repite en un Ejecutivo que enfrenta un abultado déficit fiscal, pero hasta ahora no hay otros ministros que hayan anunciado recortes similares.
Tampoco que hayan encarado las críticas con argumentos religiosos: “Para la Justicia, Dios”, afirmó al responder a quienes la critican. Los mismos exministros de Cultura de Petro reconocen que ha habido un problema de caja. Pero también señalan que la ministra pudo exigir el dinero, que ya tenía los avales del complejo sistema administrativo, pues contaba con un certificado de disponibilidad presupuestal. Es una exigencia en la que concuerdan varios expertos de cultura. “Todo ministro que llega empieza a pelear con el de Hacienda, entre comillas, para que ponga en el presupuesto los recursos para cumplir con las obligaciones que ha adquirido”, dijo la exministra de Cultura Mariana Garcés, quien estuvo ocho años frente a esa cartera durante el Gobierno de Juan Manuel Santos, en el podcast A Fondo. “La ministra lo que seguramente no tenía era la caja”, añadió Garcés, “pero la tarea del ministro es pedalear en Hacienda”.
La pregunta que quedó es por qué, de todo lo que Holguín podría recortar, eligió un proceso avanzado y que representa un porcentaje pequeño del presupuesto. “Interpreto estos recortes como parte del guion de la batalla cultural: quieren recortar programas que han sido fundamentales porque los ven como programas ideologizados”, dice el poeta Federico Diaz-Granados. “Esto ya ha pasado en Ecuador [con Noboa], en Chile con Kast y en Argentina con Milei”.
La ministra no ha dicho eso, pero los artistas lo interpretan así por otras de sus acciones: compartió en sus redes sociales una columna que critica a los estímulos como “subsidios” que convierten a los artistas en empleados públicos; publicó un video de ella diciendo que “la cultura no puede seguir secuestrada por un poco sector”; y difundió fotos de una reunión con Agustín Laje, el escritor argentino de ultraderecha que argumenta que la izquierda se ha apoderado de la cultura y las derechas deben redireccionarla con alianzas contra la laicidad o el feminismo.
En esa misma línea, la ministra Holguín ha hecho nombramientos llamativos. En el Instituto Caro y Cuervo, un centro de investigación y educación enfocado en la literatura y la lingüística, nombró al poeta Sergio Esteban Vélez, conocido en el mundo cultural como “el niño poeta” tras aparecer desde pequeño en televisión nacional declamando versos con referencias a Dios. Antes de ser nombrado, Vélez publicó en TiKTok un video que vieron varios escritores asociados al Caro y Cuervo, en el que afirma que el instituto fue transformado en un “fortín del marxismo cultural”, donde se fomenta el “odio antipatriarcal” y se desdeña la hispanidad. También criticó un libro que publicó el instituto sobre personas gay que pertenecieron a la antigua guerrilla de las FARC: “se acabó la agenda woke, regresará el rigor, recuperaremos la lengua como orgullo nacional y construiremos la patria milagro”, prometió. Tras su nombramiento, borró el video. “Igual estamos prevenidos y esperando a ver si hace todo lo que dijo en él”, dice una persona que trabaja en el instituto.
La ministra aún no ha definido otros cargos que terminarán de definir el norte del Ministerio. Faltan aún la dirección del Museo Nacional, de la Biblioteca Nacional, del Instituto Colombiano de Antropología e Historia y de varias direcciones dentro del Ministerio. En todo caso, artistas y gestores culturales están también preparando la batalla. Esta semana, un grupo de artistas organizó un plantón frente al Ministerio de Cultura, el primero en el centro de Bogotá contra el Gobierno De la Espriella, con artistas plásticos y teatreros reclamando por el programa de estímulos. “No crea que desfinanciando la cultura se saca adelante el país”, escribió uno de ellos en una pancarta. Para la izquierda, dijo el excandidato Iván Cepeda, “comienza a prepararse la gran movilización social”. La batalla, desde el primer día, ya estaba anunciada.



