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Motosierra sin fin: Milei, forzado a ajustar más gastos para compensar la caída de la recaudación


Javier Milei se jacta de haber hecho “el ajuste más grande de la historia de la humanidad” y, sin embargo, no le alcanza. El Gobierno libertario de Argentina tiene como principal objetivo preservar el superávit primario, pero sostener ese equilibrio positivo se vuelve cada vez más difícil porque, aunque el gasto público sigue cayendo, también lo hacen los ingresos. La recaudación tributaria se deteriora desde hace meses por la merma de la actividad en los sectores más vinculados al consumo interno. Para que el modelo del ultra se sostenga, siempre hace falta un poco más de motosierra.

La tensión quedó expuesta en junio, cuando por primera vez el Gobierno incumplió la meta fiscal comprometida con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que monitorea de cerca al país que más dinero le debe en el mundo. En el primer semestre acumuló un superávit primario de unos 4.900 millones de dólares (equivalente al 0,55% del PBI nacional), por debajo de los alrededor de 5.300 millones de dólares previstos en el programa acordado con el organismo. El desvío obliga al Ejecutivo a compensarlo durante la segunda mitad del año para respetar el programa acordado con el organismo, que revisa trimestralmente el cumplimiento de las metas fiscales, monetarias y de reservas.

El problema es que buena parte del ajuste ya fue realizado. Después del gran hachazo de 2024, que se dibuja en los gráficos como el inicio de un valle muy profundo, el gasto público continuó achicándose. Hoy está por debajo de los niveles de 2024 y en el primer semestre de 2026 cayó 2,3% en términos reales respecto del mismo período del año anterior, impulsado principalmente por el desplome de la obra pública, la reducción de las transferencias discrecionales a las provincias y el menor gasto de capital. Según estimaciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, el gasto primario nacional se encuentra en uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas en relación con el PBI.

Pero la recaudación cae a mayor velocidad. Esto tiene una explicación en la dinámica económica actual, en la que el PBI crece pero impulsado por sectores con escasa capacidad para empujar al resto de la economía y con menor incidencia sobre los impuestos asociados al consumo interno. La expansión está liderada por hidrocarburos, minería, agro y algunos servicios vinculados a la intermediación financiera, mientras que buena parte de la industria manufacturera, el comercio y otras actividades orientadas al mercado interno siguen mostrando un desempeño mucho más débil.

Esa composición del crecimiento tiene consecuencias directas sobre las cuentas públicas. Los impuestos más ligados a la demanda doméstica vienen mostrando caídas reales o una marcada desaceleración. Comercio e industria, por ejemplo, explican cerca de la mitad de la recaudación del IVA y del impuesto a las Ganancias, pero siguen siendo dos de los sectores más golpeados desde que comenzó el programa de ajuste.

Los subsidios a la energía, que este año aumentaron, pueden ser la partida que el Gobierno intente rebanar para buscar compensar la pérdida de ingresos. “Es una medida que resulta lógica en términos fiscales, pero trae el problema de profundizar la pérdida de ingreso disponible de las familias y el encarecimiento de los costos para las empresas”, apunta el economista Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica. El oficialismo empuja en el Congreso una norma para revertir la ampliación que se hizo en 2021 de las áreas del país consideradas “zona fría”, que tienen una mayor compensación en sus boletas por sus condiciones climáticas.

En la hoja de ruta del Gobierno, la mejora de los ingresos públicos llegará como consecuencia del crecimiento económico. “La promesa era que la baja de impuestos y una mayor flexibilidad del mercado laboral iban a generar un aumento de la formalidad y, con eso, de la recaudación. Era una hipótesis que también había planteado Mauricio Macri durante su gobierno, pero hoy no lo estamos viendo”, sostiene Caprarulo.

Una opción para aumentar la recaudación a la que han echado mano históricamente los gobiernos es crear nuevos impuestos, ya sea sobre los flujos como sobre el patrimonio, algo que iría en contra del programa del Gobierno libertario. En cambio, sí busca una inyección de ingresos con el blanqueo de capitales, al promover una ampliación del régimen ya vigente de “inocencia fiscal”. Si se aprueba la reforma que envió al Congreso el Ministerio de Economía, ya no existirá el límite económico para adherirse al régimen y tener la posibilidad de exteriorizar activos informales sin sufrir penalidades. Lo podrá hacer cualquier persona o sociedad indivisa sin tope de ingresos o patrimonio y también funcionarios políticos y sus familiares.

“En el corto plazo va a ser difícil que el escenario de caída de la recaudación se revierta si no mejora el nivel de actividad”, asegura Matías Rajnerman, economista jefe del Banco de la Provincia de Buenos Aires. “Y ahí aparece una dinámica de perro que se muerde la cola: para que se reactive la economía tienen que crecer los salarios reales, aumentar el empleo, expandirse el crédito o incrementarse el gasto público. Pero justamente el deterioro de la recaudación obliga a mantener el gasto muy contenido y dificulta que alguno de esos motores se encienda”.

¿Este es el límite habitual con el que se topa este tipo de modelo? Los analistas consideran que no necesariamente. “Teóricamente, se podría tener un modelo muy promercado y proexportaciones como el que propone Milei y sin embargo poder tener un poco de déficit; la mayoría de los países funciona con algún nivel de déficit fiscal porque puede financiarlo”, apunta Caprarulo, y completa: “El problema argentino es que, después de años de inestabilidad macroeconómica, el Estado perdió prácticamente el acceso al crédito y cuesta mucho financiar cualquier déficit”.

Para Rajnerman, el límite no es necesariamente económico sino de orden social: cuánto tolera el ajuste una sociedad. “El límite habitual con el que suele encontrarse este tipo de modelos regresivos y de demanda interna en caída o estancada está más vinculado a cuánto la gente acompaña esa política, más que con la recaudación. Para buscar un ejemplo en la historia reciente: la economía argentina estalla el 19 de diciembre de 2001 pero podría haber estallado antes o después y, dicho malamente, no por un problema macro, sino porque la gente se hartó de las consecuencias de ese esquema”. Así, el riesgo actual no es solo económico sino también político. Resolver esta encrucijada será clave para Javier Milei, que ya ha avisado que el año próximo buscará en las urnas su reelección.



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