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Mariana Mazzucato: “Lo más importante para México es dejar de ser solo un fabricante de bajo costo para las empresas estadounidenses”


Mariana Mazzucato (Roma, 58 años) recuerda con entusiasmo el año de estudios de intercambio que pasó en México en 1989. La economista italoestadounidense acudió a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la más grande del país y de América Latina, y a los 20 años comprendió que entre la realidad y las teorías económicas había una brecha que había que explicar. “Todos estaban muy interesados en aprender por qué las diferentes teorías de la economía eran limitadas en su capacidad para explicar lo que estaba sucediendo en México”, recuerda en entrevista con EL PAÍS. La experiencia influyó para que después Mazzucato hiciera una maestría y un doctorado en Economía. Desde entonces, la ahora directora del Instituto para la Innovación y el Propósito Público de la University College London, ha enfocado sus esfuerzos en mirar las herramientas económicas desde una perspectiva crítica y social, alejada del neoliberalismo.

Más de 30 años después, Mazzucato ha emprendido la tarea de analizar el estado de la economía mexicana a través del Plan México, la estrategia diseñada por el Gobierno de Claudia Sheinbaum para impulsar el crecimiento en los próximos años. Este mes, la economista ha publicado, de la mano de su colega Lara Merling, el estudio Transformación del Estado para el Plan México: un enfoque orientado por misiones para lograr la prosperidad compartida, que apuntala al Estado mexicano como el motor para impulsar el desarrollo del país a través de la innovación. En él, sugiere la cohesión de las instituciones gubernamentales, así como el empuje de la inversión pública y privada para asegurar resultados significativos. Mazzucato es una de las autoras predilectas de Sheinbaum, que ha obsequiado a algunos de sus colaboradores ejemplares de la obra de la economista como El Estado emprendedor (Taurus, 2013) y Misión Economía (Taurus, 2021).

Pregunta. ¿El Plan México es lo que se necesita para lograr un crecimiento significativo?

Respuesta. Es muy importante que México cuente con una estrategia de desarrollo. Sin embargo, los planes tienen que ser implementables, de lo contrario, solo se trata de un eslogan. El informe sobre el Plan México fue realizado con el espíritu de intentar ser útiles, pero también críticos, para admitir que es imposible alcanzar objetivos a menos que entendamos por qué no se alcanzaron antes. El hecho de que haya una cantidad tan baja de ingresos provenientes de la política fiscal debido a la estructura tributaria es un problema. Es muy difícil tener una estrategia de desarrollo sin los ingresos fiscales. Hablamos de los problemas de la búsqueda de rentas de grandes empresas y grandes propietarios de patrimonios individuales, analizamos el financiamiento, lo cual es bastante increíble en México, porque solo el 35% del financiamiento se destina a la economía productiva; observamos el débil sistema de innovación, en el que incluso el Gobierno de López Obrador redujo el gasto, y es muy importante que la nueva presidenta haya aumentado ese financiamiento, pero todavía no está al nivel del promedio latinoamericano; revisamos la brecha territorial y el hecho de que la industria está principalmente en el norte, mientras los recursos naturales como el agua están en el sur; y vimos, por ejemplo, la necesidad de una mayor coordinación de las diferentes herramientas e instituciones.

P. ¿Cómo eligieron las cuatro áreas prioritarias [seguridad hídrica, salud, soberanía energética y soberanía alimentaria] que el Gobierno debe atender?

R. Si el gran plan es lograr estar entre las 10 principales economías del mundo, reducir la pobreza y la desigualdad, y estar entre los cinco países más visitados del mundo, que son planes de muy alto nivel, pensamos en cómo transformar esos sectores que vienen en el plan, cuando la base clave es el crecimiento. El crecimiento en todas las economías del mundo es una función de la inversión, pero a menos que se tenga una razón para invertir, la inversión no se produce. Además, si la inversión se realiza sin condiciones impuestas, es decir, mejores condiciones de trabajo, mejor remuneración para los trabajadores, mejor interacción con las comunidades indígenas, entonces el crecimiento no es equitativo, ni inclusivo.

P. En el reporte abordan la expansión de la inversión pública. ¿Cómo se lo puede permitir el Gobierno mexicano cuando la presión para el sistema fiscal es tan alta?

R. Si realmente estimulas el crecimiento y obtienes la recaudación tributaria y consigues la innovación del sector privado y del sector público, entonces la economía crece. Y si tienes un buen sistema fiscal, por así decirlo, generador de ingresos con las políticas tributarias adecuadas, a fin de cuentas eso incrementa tu presupuesto para invertir más también más adelante. El espacio fiscal que usted dice que es reducido, es reducido precisamente por cómo está estructurada la economía mexicana, tanto en términos de los bajos ingresos tributarios, como también debido a la baja inversión pública, la baja inversión del sector privado y la baja condicionalidad en el sector público.

P. ¿Sugiere una reforma fiscal para México?

R. En el estudio analizamos los diferentes tipos de ingresos fiscales que deberían existir, tanto en términos del impuesto sobre las ganancias de capital y el impuesto sobre el patrimonio, así como la necesidad de que los impuestos se recauden adecuadamente. El hecho de que se preste tan poca atención a la reforma fiscal creemos que es un problema. No deberíamos tener una política tributaria que aumente la carga sobre los más vulnerables. Por ejemplo, cuando los países aumentan el IVA, eso es regresivo porque en realidad su impacto es proporcionalmente mayor en las personas de bajos ingresos. Mientras que si se cambia la estructura de las ganancias de capital, se organiza un impuesto sobre el patrimonio, lo cual decimos que sería muy importante para reconocer también la naturaleza tan concentrada de la riqueza en México —un impuesto sobre sucesiones o donaciones— se podría abordar la transmisión intergeneracional de la riqueza concentrada.

Pero estas cosas no deberían hacerse solo como un eslogan de izquierda porque también podría perjudicar el crecimiento si se hace de manera descuidada, lo que provocaría que las empresas se vayan. No se puede hacer únicamente mediante reglas fiscales, también tiene que hacerse a través de la política tributaria. También analizamos diferentes impuestos que podrían necesitar ser rediseñados e incluso si se decide, como en el Gobierno de López Obrador, no tocar los impuestos, lo cual consideramos es una mala idea, aún así aumentar la inversión pública con la condicionalidad adecuada sobre la inversión del sector privado y utilizar préstamos públicos y contrataciones para catalizar esa inversión del sector privado. Esto puede estimular el crecimiento, lo que en última instancia, incluso con el sistema tributario actual, aumentaría los ingresos que regresan al Gobierno para incrementar aún más la inversión pública.

P. El informe recomienda mejorar la coordinación de las instituciones para conseguir los objetivos del Plan México. Comparado con otros países, ¿qué tan difícil es lograrlo?

R. Va a ser imposible tener un Plan de México que funcione sin coordinación. Por ejemplo, con los diferentes bancos —desde Banobras, Nafin, Bancomext, Fonadin— que actualmente tienen atribuciones, pero no colaboran bien entre sí. Cuando ponemos el ejemplo específico de una misión en torno al agua en la cuenca de Tula, se puede pensar en cómo estos diferentes bancos podrían formar parte de ese sistema crediticio que permita que los diferentes proyectos requeridos para sanear la cuenca realmente se coordinen entre sectores y entre distintos tipos de empresas. Se trata de un enfoque intersectorial. En lugar de que un solo sector cabildee ante el Gobierno por un subsidio, lo que el Gobierno necesita hacer es utilizar sus diferentes herramientas de manera coordinada para estimular esta innovación de abajo hacia arriba, orientada a cumplir la misión. Si no se hace eso, simplemente se termina con muchos proyectos distintos donde la suma no es mayor que las partes y no se obtiene desarrollo ni prosperidad compartida. El verdadero problema en otros países, según mi experiencia, ha sido que solo cuando se tiene a un líder, como el presidente Boric en Chile o el presidente Lula en Brasil, es cuando realmente se plantean misiones nacionales.

P. En cuanto a la inversión privada, existe la percepción en la comunidad empresarial de que el Gobierno no es lo suficientemente confiable.

R. El plan no puede funcionar a menos que se logre que el sector privado forme parte de él, que se involucre, que reciba el apoyo adecuado, pero también el sector público necesita invertir para tener un servicio civil más dinámico, ágil y flexible. Creo que el problema en México es que el sector privado se queja mucho y no necesariamente reconoce que ha sido parte del problema. Del mismo modo, el sector público se queja mucho del sector privado. Así que el problema no es que una parte culpe a la otra, es cómo pueden unirse para encontrar las soluciones. Estoy segura de que la mayoría de los empresarios quieren que México sea un país mejor, más verde, más igualitario, más inclusivo, más distribuido, no solo en el norte, sino que también en el sur. Puede que haya unos pocos que solo quieran llenarse los bolsillos y hacerse más ricos, pero la mayoría de las empresas estarían muy felices de ver triunfar a México. Y México no puede tener éxito sin que la propia comunidad empresarial trabaje de mejor manera con el Gobierno.

P. México está muy presionado por la revisión del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá (TMEC).

R. Deberíamos tener un acuerdo norteamericano que realmente integre a los tres países. Pero actualmente, incluso desde el TLCAN, solo se ha considerado a la región como una zona de libre comercio. Creo que hay mucha más sinergia entre las visiones del mundo entre México y Canadá. El primer ministro Mark Carney y la presidenta Sheinbaum tienen valores más sólidos en términos de inclusión, crecimiento inclusivo y crecimiento sostenible. Los socios necesitan encontrar áreas concretas más allá de la ideología, donde los tres países puedan trabajar juntos y ver que tienen un beneficio en común. En última instancia, para México lo más importante es dejar de ser solo un fabricante de bajo costo para las empresas estadounidenses. Lo que tienen que hacer es desarrollar la capacidad tecnológica y productiva mexicana, y la forma de estructurar el TMEC y algunos acuerdos bilaterales, que incrementen la capacidad de México para subir en la cadena de valor.


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