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Los hackers ya no solo roban datos, ahora también pueden echar a perder tu comida


Aunque las autoridades y empresas todavía no identifican a los responsables ni establecen una conexión definitiva entre todos los incidentes, los casos evidencian un riesgo que va más allá de los sistemas informáticos tradicionales: la posibilidad de manipular a distancia equipos que forman parte de las operaciones cotidianas de comercios e industrias.

De acuerdo con el Informe del costo de una filtración de datos 2025 de IBM, el costo promedio mundial de una filtración alcanzó los 4.44 millones de dólares. La cifra contempla gastos de detección, respuesta a incidentes, interrupciones operativas, pérdida de ingresos y daños a la reputación.

Aunque esta estimación corresponde específicamente a filtraciones de datos y no permite calcular las pérdidas de los supermercados europeos, ofrece una referencia sobre las consecuencias financieras que puede enfrentar una organización tras un incidente de ciberseguridad.

Un ciberataque que llegó hasta los alimentos

En Bélgica, Carrefour confirmó problemas en aproximadamente 15 de sus 700 establecimientos. Su portavoz, Mich Vergauwen, atribuyó las fallas a un ciberataque, mientras que Ikea informó de una alteración repentina de las temperaturas de los congeladores de su tienda en Mons, al suroeste del país.

Las cadenas Delhaize, Colruyt e Intermarché también registraron problemas técnicos en sus equipos de refrigeración. En Luxemburgo, Delhaize reportó afectaciones en cuatro establecimientos.

Suecia enfrentó una situación similar. La cadena Coop confirmó un incidente cibernético en seis de sus aproximadamente 800 tiendas, aunque aseguró que los equipos recuperaron su funcionamiento habitual.

Carlos Cancino, portavoz de la compañía, explicó a la agencia AFP que los establecimientos afectados utilizaban conexiones móviles 4G, en lugar de la infraestructura 5G más reciente. Según la empresa, esa configuración los hacía más vulnerables a los ataques.

Sin embargo, el uso de 4G no demuestra por sí mismo una vulnerabilidad. La seguridad de estos sistemas también depende de factores como su configuración, los mecanismos de autenticación, las actualizaciones y la exposición de los dispositivos a internet.

En Estonia, las consecuencias fueron particularmente llamativas. De acuerdo con la radiotelevisión pública ERR, al menos un supermercado sufrió una intrusión informática que elevó la temperatura de sus unidades de refrigeración hasta los 50 grados Celsius, una cifra incompatible con la conservación de productos que requieren frío.

En Finlandia, pequeños supermercados del grupo Kesko también detectaron temperaturas irregulares, aunque las autoridades no confirmaron que todas las anomalías tuvieran un origen malicioso.



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