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Los 12 filtros burlados para hacer trampa en el examen de la UNAM


La pionera realización en línea de los exámenes de ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha creado un escándalo académico en la mayor casa de estudios del país. Ante la evidencia de que los puntajes casi perfectos pasaron de ser anomalías a casos demasiado recurrentes, la UNAM ha detenido las inscripciones e instalado un comité técnico para analizar qué hacer con los casi 160.000 aspirantes a alumnos evaluados. Estos resultados, excesivamente excelentes para ser ciertos, han levantado sospechas y llevado a que se plantee si una parte significativa de los estudiantes encontró la forma de trampear sus respuestas y burlar los sistemas de seguridad. Una docena de medidas, incluyendo el uso de un navegador especial, validación de identidad, grabación del entorno del estudiante, etc, que, parece, no fueron suficientes.

El navegador a instalar es LockDown Browser. En su página web, presumen que son la opción para los exámenes en línea de cerca de 2.000 instituciones de educación superior, cerrando las computadoras de los estudiantes durante los exámenes. Para ello, el navegador y sus contenidos son a pantalla completa, sin poder ser minimizados; el navegador no tiene menú ni barras de herramientas y solo permite avanzar y retroceder; cuando está activo impide el acceso a otros programas como por ejemplo las de mensajería; no permite usar las funciones de copiado, pegado, ni captura de pantalla…

La UNAM firmó un contrato con Territorium Life, una empresa mexicana especializada en procesos educativos en línea, para que desarrollaran “una plataforma para la realización de exámenes en línea para el ingreso” a la casa de estudios, con un “mínimo de aspirantes de 154.000 y un máximo de 385.000”. Adjudicado de forma directa debido a que es la “única a nivel nacional con experiencia comprobada en la aplicación masiva y concurrente de más de 30.000 exámenes”, por cada prueba realizada recibió 227,85 pesos, dando un total de 36 millones de pesos.

En el contrato y su anexo técnico, la UNAM establece diversas medidas, restricciones tecnológicas y procesos de supervisión para “asegurar que la plataforma cumpla con los más altos estándares de calidad, eficiencia, seguridad, puntualidad, funcionalidad y confidencialidad”. Nada más empezar, la plataforma debe realizar una validación automática del aspirante, comprobando que su rostro es el mismo que el de una identificación oficial, y debe decir su nombre completo. Este proceso se repite a lo largo del examen en varias ocasiones y no se puede acceder desde más de un dispositivo. También bloquea el acceso a todas las aplicaciones instaladas y solo deja que funcione el sistema operativo y el navegador web. Esto incluye los atajos de teclado como el recurrente “control+C”, “control+V”, que copian y pegan texto, y los sistemas de grabación y transmisión de pantalla y múltiples monitores.

Desde la UNAM, antes de que estallara el escándalo de estos resultados demasiado buenos, presumieron que la plataforma estaría blindada con Inteligencia Artificial (IA) para evitar los fraudes. Esto aparece en el contrato, donde se dice que debe realizar un monitoreo permanente con algoritmos de IA para realizar un análisis continuo y preciso del comportamiento del aspirante, como “la presencia de terceras personas en el espacio de aplicación”, “el uso de dispositivos electrónicos”, “la presencia de objetos prohibidos como celulares, smartphones o audífonos” y “la ausencia injustificada de la persona aspirante”.

Todo se comprueba con una recolección constante de pruebas para demostrar el buen (o mal) comportamiento del aspirante, a un ritmo determinado por la UNAM. Lo que sí pide es registrar de forma constante “el sonido ambiente del lugar donde se realiza el examen” con “el micrófono del equipo […] permitiendo la detección oportuna de sonidos que pudieran corresponder a conductas no permitidas”. También se captura la pantalla cada vez que se guarda una respuesta y hay una bitácora de las acciones dentro de la plataforma.

A esto hay que sumarle la vigilancia humana. La tasa, de acuerdo al contrato, es de un supervisor por cada 150 aspirantes, que deben ser advertidos en tiempo real de las alertas generadas por la IA y luego avisar a las mesas de decisión de la UNAM. Según ha señalado Gloria Ibett González Parada, directora de Gestión Estratégica y Primer Ingreso, la IA “no cancela nada, son seres humanos quienes toman la decisión. Según la universidad, durante los casi 19 días que duró la prueba este año, se suspendieron unos 3.000 por detectar ‘conductas contrarias a los establecido en la convocatoria”.



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