López Obrador critica en su libro la “prepotente, inhumana e injerencista” política de Estados Unidos contra México
El expresidente Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a salir de su retiro político con la publicación de su último libro, Pueblo (2026, Planeta). A dos años de entregar el poder a su sucesora, Claudia Sheinbaum, también de Morena, López Obrador ha lanzado una larga obra —de más de 700 páginas— sobre la formación del Estado mexicano, uno de sus tópicos predilectos, en un recorrido histórico por los gobiernos, las élites, los intereses extranjeros y el movimiento izquierdista en el país. El exmandatario y fundador de Morena dedica parte del libro a cuestionar la nueva política de presión de Estados Unidos a México con el pretexto del combate al crimen organizado, que López Obrador califica de “prepotente, inhumana e injerencista”. La actitud beligerante de Washington y sus amenazas a la soberanía de México se han vuelto uno de los mayores focos de preocupación para la Administración de Sheinbaum y los pesos pesados dentro del morenismo, que advierten de la posibilidad de que EE UU busque influir en las elecciones intermedias de 2027 para favorecer a la derecha.
López Obrador, que gobernó de 2018 a 2024 y coincidió con Donald Trump —en su primer término— y Joe Biden en la Casa Blanca, sostiene que ambos presidentes “siempre fueron respetuosos de nuestra soberanía”, por lo que les expresa gratitud. Sin embargo, precisa que en el regreso del republicano a la Casa Blanca “se ha hecho más evidente e ilegal la intromisión de la embajada de Estados Unidos y de las agencias (CIA, DEA, FBI) con la excusa de combatir al narcotráfico cuando en realidad es un asunto de carácter político”. López Obrador afirma que es “importantísimo denunciar la campaña de desprestigio contra México emprendida desde Washington, con sus medios de manipulación y con la cooperación de algunos, no muchos, neoconservadores de nuestro país”.
Autor de una decena de libros, el exmandatario centra sus dardos en algunos de los colaboradores más radicales de Trump. Por ejemplo, menciona al embajador estadounidense en México, Ronald Johnson, y recuerda la ocasión, en abril de este año, en que el funcionario advirtió en Sinaloa —“en tono desafiante”— de que su Gobierno emprendería una agresiva cruzada contra narcopolíticos de México. “Este embajador, que no es diplomático ni tampoco político, que más bien actúa como un excitado y entrometido policía, debería ser más ecuánime y menos prepotente. […] En política exterior no se debe pontificar en territorio ajeno”, escribe el expresidente.
El Gobierno de Sheinbaum mantiene un pulso reciente con Johnson, coronel retirado con amplia experiencia en el aparato de inteligencia de EE UU, tras revelarse que la embajada de Estados Unidos y el Gobierno de Querétaro —encabezado por Mauricio Kuri, del conservador PAN— acordaron la apertura de una academia de adiestramiento policial, con participación de Washington, sin haber informado de ello a las autoridades federales, únicas habilitadas para validar ese tipo de intercambios en materia de seguridad.
López Obrador también se refiere en su libro al secretario del Departamento de Estado de Trump, Marco Rubio, al que responsabiliza de haber dado su consentimiento a la decisión “dogmática y canallesca” de que se le retirase la visa para viajar a EE UU a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente. Lo han hecho, sostiene, “sin ningún motivo ni razón, pensando que con ello les harían el caldo gordo a sus aliados corruptos de la derecha mexicana para buscar afectar nuestra autoridad moral y política”.
El expresidente hace un repaso por los casos recientes que, a su juicio, exponen el constante asedio de Washington, del fallido operativo Rápido y Furioso en tiempos de Felipe Calderón —con el que se traficaron miles de armas a México— a la operación para secuestrar a Ismael El Mayo Zambada —que desató una cruel guerra entre facciones del Cartel de Sinaloa—, pasando por la “fabricación” de un expediente contra el exsecretario de la Defensa Salvador Cienfuegos y la acusación contra el exgobernador de Sinaloa Rubén Rocha por presuntos nexos con el narco.
Sobre el caso de Rocha, López Obrador respalda la decisión de Sheinbaum de no emprender acciones si EE UU no presentaba pruebas, lo que no ocurrió. “No ha pasado, en esencia, nada nuevo; lo predecible: nuestros vecinos han aplicado el modus operandi de casi siempre; el del uso de testigos protegidos, el manejo de publicidad, las filtraciones, calumnias, los guiones a modo que entregan sus abogados a los acusados, la fabricación de expedientes con pruebas hechizas, premio o castigo y muchos viejos trucos. No hay duda de ese sucio proceder, ni que se trata de un asunto político o electorero para impresionar o seguir manipulando a los ciudadanos estadounidenses sobre que México es el causante de la drogadicción en Estados Unidos”, ha escrito.
López Obrador cuestiona la exigencia de entregar a EE UU a ciudadanos mexicanos para que se les juzgue en ese país, una práctica al margen del mecanismo formal de extradición a la que se ha recurrido en la era de Sheinbaum. “Independientemente del nada superficial principio de soberanía, baste preguntarnos por qué entregar la custodia de nuestros ciudadanos a las autoridades del Departamento de Estado, del de Justicia o a las agencias de Estados Unidos, cuando es evidente que no hay garantías de honestidad, apego a la verdad ni de un recto proceder”, plantea.
Descarta ruptura con Sheinbaum
López Obrador reconoce la manera en que Sheinbaum ha manejado las presiones de Washington, pues “ha sabido actuar con prudencia y firmeza en defensa de la soberanía nacional”, una “política que contrasta mucho con la actitud sumisa y rastrera de algunos gobernantes del mundo”. El expresidente hace elogios a Sheinbaum y confirma su apuesta de que era la mejor candidata para sucederle: “Es una mujer auténtica, sin complejos de inferioridad, con ideales, profundamente humana y suficientemente capaz e inteligente como para no dejarse seducir por oligarcas corruptos, achichincles o voceros serviles”. López Obrador descarta también un distanciamiento con la mandataria. “Es muy afectuosa, de buenos sentimientos, no de malas entrañas, coincidimos bastante en nuestra forma de ser y de pensar”, sopesa.
Más allá de las coincidencias de carácter, el expresidente sostiene que una pelea entre ambos solo sería provechosa para los “conservadores clasistas y racistas”. “Para pelear se necesitan cuando menos dos y considero que nuestra presidenta no está pensando en confrontarse conmigo, y yo menos, nunca me enfrentaría a quien respeto”, dice.
López Obrador, que hizo campaña presidencial tres veces y solo ganó hasta el tercer intento, en 2018, reitera su promesa de mantenerse al margen de la política, a menos de que se presenten escenarios de “causa mayor”, como “en un golpe de Estado o una intervención extranjera”. Por lo demás, sostiene que está feliz y relajado, dedicado a escribir, sin apego al poder o al dinero. Mirando atrás, a su sexenio, afirma que está “personalmente satisfecho” con “lo humanamente realizado” en sus tiempos de dirigente: “Tuve la virtud y la suerte de llegar al poder, y al dejarlo, luego de haber hecho el bien a muchos, me quedó el sentimiento de que merecía ejercerlo”.



