La victoria en primera vuelta de Bolsonaro impulsa a la ola ultra de América Latina
La ola ultra que avanza por América Latina recibió este domingo nuevo impulso con la victoria de los Bolsonaro en las elecciones presidenciales y legislativas de Brasil. El clan fortalece su papel como pieza clave para que la doctrina Donroe, diseñada por Washington, alcance nuevos territorios. Flávio Bolsonaro, 45 años —un senador con una agenda similar a la de su padre, pero sin sus formas groseras y más dialogante—, logró imponerse por casi dos puntos al presidente Luiz Inácio Lula da Silva en primera vuelta. Ambos se disputarán la presidencia el 25 de octubre. Bolsonaro hijo tiene el viento a favor para derrotar a Lula y que Brasil (la segunda democracia más poblada de América) se sume a la alianza de gobiernos derechistas ultraconservadores que el presidente Donald Trump está forjando para ampliar su influencia al sur del río Bravo. Lula necesita prácticamente un milagro para superar uno de los retos más difíciles de su larga carrera política. Nadie en sus circunstancias ha ganado en segunda vuelta desde que Brasil restauró la democracia.
Un dato ayuda a entender la tracción que le ha dado al bolsonarismo el desencanto y el hartazgo del electorado, que se ha cebado con Lula, el veterano líder del Partido de los Trabajadores (PT) y figura central de la política brasileña desde hace medio siglo. El senador Bolsonaro logró cinco millones de votos más que los que su padre sumó en el primer asalto en 2022. Lula perdió tres millones entre ambas citas.
Lunes de resaca electoral. Jair Messias Bolsonaro, 71, espera, encarcelado en el chalet familiar, a que su primogénito protagonice un jaque mate electoral a fin de mes, asuma la jefatura del Estado y decrete su indulto. La Bolsa de São Paulo aplaude con un alza del 8% el veredicto del electorado.
El bolsonarismo festeja un triunfo en la carrera presidencial, y en las otras disputas en juego, mayor del pronosticado por las encuestas. El primogénito venció la carrera presidencial tras liderar todo el recuento. Conquistó con sus aliados la mitad de los Estados decididos en primera vuelta, incluidos los dos más poblados —São Paulo, con una humillante derrota a Lula, y Minas Gerais—, amplió su mayoría en la Cámara de Diputados a un récord desde los noventa y desembarcó con fuerza en el Senado. La Cámara alta se perfila como la gran trinchera en la anunciada guerra contra el Tribunal Supremo. El próximo presidente nombrará al menos cuatro de los 11 jueces.
El vencedor de la jornada, Bolsonaro hijo, habló en Brasilia. Resumió el resultado como un doble mensaje del electorado: uno, “Brasil quiere cambio”. Y dos, “queda decretado el fin de la era del PT”. No mencionó a su padre, ni a Dios.
En cuando terminó, Lula compareció en São Paulo. “El resultado, a menudo, es inesperado. Nunca se consigue todo lo que uno quiere. Confieso que estaba convencido de que íbamos a ganar en primera vuelta”, arrancó el mandatario, que atacó con dureza a su rival. Mencionó “las biografías truculentas de los Bolsonaro”, los lazos del senador con milicias parapoliciales y con la corrupción del caso Master, un fraude millonario.
Queda por ver si los contendientes aceptarán un cara a cara en directo en televisión, una ocasión que en primera vuelta le han hurtado a sus compatriotas.
El radical Javier Milei, presidente de Argentina, se apresuró a felicitar a su aliado brasileño celebrando “esta victoria histórica ante el comunista de Lula”. Por la tarde, Abelardo de la Espriella, de Colombia, le mandó un mensaje al candidato: “Dios se apiade del hermano país como lo hizo con Colombia. El verdadero cambio es derrotar a la izquierda (…) ¡Firme por la patria! ¡Que viva Cristo Rey!”.
El presidente Donald Trump, de EE UU, no mostró ninguna urgencia por pronunciarse sobre el resultado de unas elecciones que hace unos días dijo seguir “muy de cerca” y calificó de “muy importantes”. En esta primera vuelta en Brasil, el republicano evitó decantarse abiertamente por un candidato (a diferencia de Argentina, Honduras o Colombia). Y los temores de abierta injerencia de la Casa Blanca no se concretaron, aunque la Policía Federal brasileña investiga algunos indicios. Preguntado por la prensa, el jefe de la diplomacia, Marco Rubio, fue cauto: “Vamos a la segunda vuelta, creo que todo el mundo lo esperaba. Vamos a ver cómo se desarrolla esto”.
La demostración de fuerza protagonizada por los Bolsonaro este domingo llega cuando la victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú aún está fresca. Pero antes, candidatos de derechas se anotaron victorias electorales en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Honduras. Varios de estos países han estrechado la colaboración militar con Washington, que mantiene bajo tutela a Venezuela. Ahora mismo el marcador es Trump 8-izquierda 0 en las elecciones celebradas en América Latina desde que el republicano regresó a la Casa Blanca.
Si Bolsonaro derrota definitivamente a Lula a fin de mes, ha prometido que Brasil se sumará al Escudo de las Américas, la alianza diplomático-militar formada por Washington con 14 países latinoamericanos y caribeños. Contar con esta potencia media de 214 millones de habitantes supondría neutralizar a un país que con Lula ha ejercido de contrapeso diplomático y defiende el multilateralismo frente a la ley del más fuerte que prefiere Trump. Y significaría teñir de azul toda la región, con México y Uruguay como islas progresistas.
El resultado dominical confirma el peso del apellido Bolsonaro con cuatro nuevos parlamentarios en la familia. La esposa del patriarca, Michelle, 44 años, y el hijo Carlos, 42, entran en el Senado; el hijo Jair Renan, 28, y Renato, hermano de Jair, se estrenarán como diputados federales. Solo a la primera esposa, Rogéria, se le escapó el escaño.
Luis Mauro Silva, un repartidor de mediana edad, se considera un patriota. Por eso le gusta vestir una camiseta con los colores de la bandera, sea día de elecciones o no. Este domingo explicaba así por qué votó por Flávio Bolsonaro, que tampoco le entusiasma: “Mire, es el menos malo. Pero nadie es peor que Lula, que solo coloca a sus amigos en el Gobierno, no técnicos. Todo el mundo quiere echar a Lula y el único capaz es Flávio”, explicó. Como tanto derechistas conservadores, prefiere al Bolsonaro original: “Los hijos son más flexibles, más vulnerables. El padre sí que es un hombre de bien, que dice las cosas claras y entra de frente”.
Flávio Bolsonaro nació como candidato presidencial por un empeño paterno. Fue recibido con desconfianza entre las filas derechistas; como mal menor, por la militancia y con desdén por Lula. Pero ha demostrado ser un candidato teflón. Estar bajo investigación por corrupción en el caso Master, un fraude millonario, y las sospechas de lazos con el crimen que le persiguen hace años no lo han debilitado. Ha sobrevivido a cada escándalo y revelación.
Lula conoce bien el sabor amargo de la derrota. Perdió tres elecciones presidenciales antes de hacer historia como el primer obrero presidente. Ahora afronta el peligro real de que una copia del Bolsonaro original le amargue el final de la carrera política. Como concurre como candidato único de la izquierda, tiene un margen de maniobra limitado. Necesita casi un milagro. El domingo dejó claro que no se rinde. Dará la batalla. La artillería que le brinda el cargo de presidente —en la recta final aumentó Bolsa Familia, prohibió las apuestas deportivas,…— no le ha generado los réditos con los que soñaba.
Ahora busca atraer al electorado de centro, que se ha sentido poco mimado en este mandato tras ser crucial en la victoria de 2022 y movilizar a los abstencionista, sobre todo entre los mayores. Lula animó en los últimos días a los brasileños de más de 70 años, que no están obligados a votar, a acercarse a las urnas electrónicas. Pero la abstención engordó hasta superar el 21%.



