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La periferia de Burdeos, en vilo por los incendios: “Sabemos que en cualquier momento tendremos que irnos”


Desde el viernes, los hermanos Florian y Damien Oriol y su primo Thibault han convertido la pizzería que gestionan en Léognan, a una veintena de kilómetros de Burdeos, en el punto de suministro de pizzas para los bomberos que luchan en la zona contra el gigantesco fuego desatado el miércoles en el departamento de Gironda. Solo allí han ardido 42.000 hectáreas. Los domingos el local está cerrado, pero los bomberos no descansan, así que ellos tampoco y abren expresamente para hacer el pedido diario.

“Queremos ayudar en la medida de lo posible. Viendo lo grave de la situación, para nosotros ahora mismo esto es lo más importante”, explica Damien, de 26 años y el encargado de hornear. Funcionan en cadena: uno amasa, otro coloca ingredientes, el otro la introduce en el horno. En menos de una hora, han salido 16 unidades. Llevan medio centenar de pizzas solidarias en los últimos tres días.

Léogran, municipio de 10.600 habitantes, es conocido porque tiene una de las principales denominaciones de origen de Burdeos. Está rodeado de bosque y viñedos. También está a una veintena de kilómetros del fuego. Desde hace unos días suenan los rumores de que van a ser los próximos en ser evacuados, pues están sólo a 10 minutos de Cestas, donde la población tuvo que salir en la madrugada del sábado al domingo por la proximidad de las llamas.

“Dependemos del viento. Sabemos que los fuegos están muy cerca de nosotros y de pueblos próximos que ya han sido evacuados, así que lo vamos viendo minuto a minuto en función de la dirección del viento”, dice Thierry Othon, que trabaja en el Ayuntamiento de Léognan y al que se le ha ordenado que se encargue del dispositivo, si ocurre. “En cualquier momento pueden decirnos que tenemos que irnos”, agrega.

En el departamento de Gironda han sido desalojadas más de 220.000 personas, del total de 250.000 evacuados, y más de una decena de pueblos en las afueras de Burdeos han sido ya vaciados de población. Otros cercanos viven con la incertidumbre de tener que salir de un momento para otro, porque las llamas se acercan o por la toxicidad de las columnas de humo. Sin embargo, el fuego se ha estabilizado esta noche en la región y por primera vez no ha habido más evacuaciones nocturnas.

Cestas, a 20 kilómetros de Burdeos, fue evacuada el sábado de madrugada y las llamas alcanzaban el bosque el domingo por la tarde. En el municipio no quedaba ni un alma, salvo los efectivos del parque de bomberos. “¡Llegan las pizzas!”, grita uno. Son las que habían preparado, a un puñado de kilómetros, los jóvenes Oriol. “Hay que comerlas antes de salir o si no habrá que tirarlas”, grita a sus compañeros.

Adrien R. es jefe de otra unidad de bomberos venida de Lille, al norte del país, y cuenta que llegaron de madrugada el sábado y se fueron directamente al fuego de Gironda. “¿Dónde? Ya ni lo sé… Nada más llegar nos fuimos para allá, directamente”, relata, sin querer aportar más detalles.

El mayor en medio siglo

En los últimos días se han desviado efectivos de otras zonas del país para tratar de aplacar el mayor fuego que ha vivido el país en 50 años. Se han reforzado los medios terrestres, con casi un millar de bomberos, 1.700 gendarmes y un millar de militares sólo en el departamento de Gironda. El presidente, Emmanuel Macron, presidirá el lunes en París una célula interministerial de crisis para valorar la situación.

También se reunirán los ministros del área económica, pues la actividad en la zona evacuada, donde hay varias instalaciones de empresas de defensa y aeronáutica, va a quedar paralizada.

El ministro del interior, Laurent Nuñez dio parte de una situación que calificó como inédita, pues se han quemado 115.000 hectáreas en lo que va de año en todo el país, una cifra récord. Son 20.000 más que el día de antes.

Preocupa la virulencia del fuego y la proximidad a Burdeos. El Gobierno trabaja en todos los escenarios posibles, incluido el desalojo de esta ciudad, aunque de momento “no se está en ese punto”, dijo Nuñez. El alcalde de Burdeos, Thomas Cazenave, también presidente de la región metropolitana, insistió en que esto no está a la orden del día.

“Barajamos todos los escenarios pero insisto otra vez en que la evacuación de Burdeos no se plantea y no es bueno asustar a la población si esto no está sobre la mesa”, señaló. El incendio se acerca al límite del área metropolitana, pero no avanza por el flanco occidental”, señaló. Las llamas, ya no sólo las columnas de humo, se encuentran a una distancia de entre 20 y 30 kilómetros de la ciudad.

El fuego ha dejado desiertas zonas que ahora mismo estarían repletas de turistas, como la península de Cap Ferret, evacuada el jueves. En la rueda de prensa para dar parte de la situación, la prefecta de Gironda, Sophie Brocas, advirtió de que ninguno de los evacuados podrá volver a su casa hasta que el fuego esté controlado, y tampoco “aquellos municipios que ya lo han visto pasar”.

También pidió a los turistas que no vayan a la zona, pues en los próximos días se espera un aumento de las temperaturas, lo que “evidentemente no es favorable”. Insistió en que este fuego es un fenómeno “inédito, imprevisible y desconocido”, al que nunca se habían tenido que enfrentar. “Una tormenta de fuego que se alimenta día y noche, crea sus propias corrientes de viento”, explicó el jefe de bomberos de Gironda, Marc Vermeulen.

En Léognan, Daniel Turquay, conocido terrateniente de la zona, tiene 40 hectáreas de bosques de pinos, los que rodean algunos de los castillos de esta zona vitivinícola. También decenas de hectáreas en el departamento de Las Landas, más al sur, donde el otro segundo incendio más importante ha obligado a desalojar a 30.000 personas.

Algunas empezaban a regresar el domingo a sus casas . “No tengo miedo de que se quemen. Lo que tengo es rabia, porque cada año que pasa nos lamentamos pero no hemos aprendido la lección y es una toda una generación de nuestra naturaleza la que se quema y la que se pierde. Yo he vivido aquí toda mi vida y este es el peor fuego que he visto nunca”, señala.

Es mediodía y las columnas de humo cubren el cielo mientras los Oriol, los pizzeros solidarios de Léognan, no paran de mirar por dónde sopla el viento. Están inquietos porque, si tienen que ser evacuados, no podrán hacer la comanda de pizzas para los bomberos de Gironda.



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