Política

La instalación de una planta china junto a la base naval de Ferrol enciende las alertas en Defensa y el CNI



La Conselleria de Economía e Industria de Galicia, Marísa Jesús Lorenzana, lo ha calificado como “el mayor proyecto internacional que llegó a Galicia en las últimas décadas”. Se trata de la construcción en Ferrol (A Coruña) de la primera planta en Europa del mayor fabricante de vehículos eléctricos de China, SAIC Motor, dueño de la marca MG, que vende más de 350.000 vehículos anuales en el mercado europeo. Su objetivo es esquivar los altos aranceles que la UE ha impuesto a los coches chinos ―hasta el 45%― , a los que se acusa de inundar con su bajo precio el mercado comunitario, instalándose dentro de las fronteras de la Unión.

El presupuesto inicial del proyecto es de 200 millones de euros y su previsión la de crear 1.000 empleos directos, con una producción anual de 120.000 vehículos. El Gobierno gallego ha dado a la futura planta el carácter de “proyecto industrial estratégico”, con el objetivo de acelerar los trámites, para que puedan iniciarse las obras en 2027 y estar operativa antes de que finalice 2028. Además de la fábrica en el puerto exterior de Ferrol, está previsto que el polígono de Mandiá, a 13 kilómetros de distancia, albergue a medio plazo a las industrias auxiliares, y que se instale un centro logístico en el municipio de As Pontes, que podría generar otros 300 puestos de trabajo.

Su puesta en marcha requiere la aprobación del Consejo de Ministros, al tratarse de una inversión directa extranjera, pero el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, confía en que no haya problemas e incluso ha agradecido al Gobierno central su colaboración “ejemplar” para conseguir que Galicia se adjudicara el proyecto.

El entusiasmo de las autoridades gallegas contrasta con la preocupación del Ministerio de Defensa y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), donde el desembarco de la compañía china ha encendido todas las alertas. La distancia entre el arsenal de Ferrol y el puerto exterior, donde se ubicará la planta de ensamblaje de SAIC Motor, es de unos 5 kilómetros en línea recta. El arsenal es la principal instalación de la Armada española en el norte de España y sirve de base a las cinco fragatas de la clase Álvaro de Bazán (F-100) y a los dos buques de aprovisionamiento en combate (BAC), el Cantabria y el Patiño.

Además, Ferrol alberga numerosos talleres y dependencias de apoyo logístico de la Armada, algunas especialmente sensibles, como el centro de certificación y mantenimiento de misiles y torpedos, instalado en unas naves y polvorines subterráneos en Mougá. Contiguo a la base naval de Ferrol se encuentra el astillero de Navantia, donde se construyen las fragatas F-110, la última generación de buques escolta de la Armada, y se van a modernizar las F-100. Ambos están equipados con el sistema de combate Aegis, de la empresa estadounidense Lockheed Martin, el más avanzado del mundo para la detección e interceptación de misiles desde plataformas navales. En el astillero de Navantia se han construido también buques de guerra para terceros países, como Australia, Noruega o Reino Unido.

La posibilidad de que la fábrica de SAIC Motor, una empresa propiedad del Estado chino, se utilice como plataforma para espiar las vecinas instalaciones de la Armada y Navantia es un riesgo que el Ministerio de Defensa se toma muy en serio. La ministra Margarita Robles le transmitió recientemente su preocupación al presidente gallego, pero este está muy comprometido con el proyecto, que considera estratégico para la recuperación industrial de su comunidad, según las fuentes consultadas. La prueba de ello es que la Xunta ha creado una oficina específica para facilitar los trámites de la empresa china con los ayuntamientos afectados y el resto de administraciones.

“Basta con sentarse en el puerto exterior de Ferrol [donde estará la planta de coches eléctricos] para tomar nota de todos los buques que entran y salen de la base naval y el astillero”, alega un militar que conoce la zona. No es el único factor que despierta los recelos de los servicios de inteligencia: a la compañía china se le ofrecieron otros emplazamientos que disponían también de puerto y no afectaban a intereses militares, como los de Vigo y Gijón, pero prefirió Ferrol. Además, el patrón de elegir un emplazamiento próximo a una instalación militar parece repetirse: la compañía china planea levantar una planta en México y, según algunas fuentes, la ubicación elegida es Tijuana, a solo 25 kilómetros de la base naval de San Diego, la mayor de la Navy en el Pacífico.

Tanto la Armada como Navantia, explica otra fuente, reforzarán sus sistemas de protección para blindar sus instalaciones y evitar ser víctimas de ciberataques y otras formas de espionaje electrónico. La mayor preocupación, sin embargo, está en las industrias auxiliares. La base y el astillero recurren al tejido industrial de la zona para subcontratar trabajos ―la actividad de Navantia genera más de 2.500 empleos indirectos, además de 1.500 directos― y esas mismas empresas, en su mayoría pymes, trabajarán también para SAIC Motor. La posibilidad de que algún trabajador sea captado por los servicios de inteligencia chinos ―el factor humano (Humint) del espionaje clásico― es lo que más preocupa.

No hace falta que el riesgo de intrusión en las instalaciones de interés militar de Ferrol llegue a materializarse. La sola percepción de que este existe puede causar daños reputacionales y tener consecuencias prácticas muy graves, advierten los expertos.

La imagen de Navantia como empresa segura que trabaja con equipos altamente sensibles podría resultar dañada ante sus clientes extranjeros y lo mismo sucede con la credibilidad de la Armada frente a sus suministradores estadounidenses. EE UU ha demostrado que lo que más le preocupa de la política exterior española, más que la negativa a invertir el 5% en gasto militar o a ceder las bases de Rota y Morón para los ataques a Irán, son sus coqueteos con China, a la que Washington considera su rival estratégico. España no consiguió despejar del todo los recelos por comprar a la compañía china Huawei los servidores de almacenamiento del sistema SITEL de escuchas judiciales, por más que explicara que se trataba de una instalación estanca y de grabaciones que no afectaban a la seguridad nacional. Ahora se trata de ofrecer garantías de que los servicios chinos no tendrán acceso en ningún caso a tecnología militar clasificada como secreta.

La diferencia está en que los populares, que hicieron un escándalo del contrato de Interior con Huawei y criticaron duramente a Pedro Sánchez por su acercamiento a China, guardan ahora silencio. La razón de este cambio está en la apuesta personal del presidente gallego por el proyecto. Rueda y Sánchez se disputan el éxito de haber conseguido que la empresa china eligiera Galicia y descartara otras opciones en Europa, como Hungría. Rueda visitó a China entre el 22 y el 26 de abril pasado. Acompañado por Lorenzana, visitó la planta de SAIC Motor en Zhengzhou, donde condujo un coche de la marca. Sánchez le precedió solo unos días antes. Estuvo del 13 al 15 de abril en China, donde se reunió con el presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Quiang con un objetivo: reducir el déficit comercial y atraer inversiones chinas a España. Rechazar ahora la inversión en Galicia resulta problemático.

La Xunta ve el desembarco de la automovilística china como una oportunidad para Ferrol, que en las últimas décadas ha sufrido un fuerte proceso de desindustrialización y cuya tasa de paro (12,1%) casi dobla a la provincial (6,4%). Los críticos con el proyecto creen, sin embargo, que SAIC Motor apenas aportará empleo, ya que, en una primera fase, se limitará a ensamblar los vehículos desmontados que lleguen en contenedores desde China y la planta estará altamente robotizada. Habrá que esperar para comprobar si se cumple el compromiso de que muchos componentes se fabriquen en Galicia o sean, al menos, Made in Europe.



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