La FIL de Guadalajara reconoce el mérito de Ekaré, la editorial infantil que rehúye las moralejas
A finales de los setenta, cuando la chilena Verónica Uribe y la venezolana Carmen Diana Dearden se aventuraron a crear una editorial infantil en Caracas, prácticamente no existían autores del género a los que pudieran echarle mano. Los ojos estaban puestos en Europa y Estados Unidos, pero ellas, que habían crecido leyendo a los grandes del boom latinoamericano, querían volcar la mirada al entorno de la región. Que los niños se empaparan de sus ciudades, personajes y cultura a través de libros con imágenes atractivas. Como la escasa oferta existente estaba cargada a educar desde la mirada de un adulto, acudieron a la tradición oral y a la poesía. La puerta de entrada fueron los pueblos originarios de Venezuela y desde ahí comenzaron a elaborar textos desde la mirada inexperta de los pequeños lectores. La fórmula vanguardista dio resultado. La editorial Ekaré lleva casi medio siglo alimentando bibliotecas, salas de clase y estanterías de casas en distintos rincones de América, y este martes ha recibido el reconocimiento al Mérito Editorial de la Feria del Libro de Guadalajara “por ser un referente en el mercado editorial infantil en Iberoamérica”.
La periodista Verónica Uribe (Santiago, 1942) tenía tres hijos -de 10, cinco y tres años- de su matrimonio con un médico cuando ocurrió el Golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende en septiembre de 1973. No era militante, pero sí activa en el mundo de la izquierda. Con la llegada de la dictadura de Augusto Pinochet perdió su trabajo en la Universidad de Chile y su esposo fue despedido del hospital en el que trabajaba. Varios de sus cercanos fueron detenidos y en diciembre decidieron exiliarse en Venezuela. Llegaron ahí porque años atrás habían recibido en su casa a unos amigos exiliados de la dictadura Marcos Pérez Jimenez. Ahora eran ellos los que le tocaban la puerta. Gracias a sus vínculos, Uribe consiguió un trabajo en el Banco del Libro. Ahí le hablaron de Carmen Diana Dearden, con fama de tener carácter fuerte y dominante. Esa temida mujer estaba empecinada en crear una editorial infantil y, cuando finalmente se lo permitieron, la jefa de Uribe la puso a trabajar con ella.
Uribe relata a EL PAÍS que a pesar de que tenían la misma edad, Dearden “era mucho más joven, sigue siendo”. La venezolana también había sido exiliada, en Costa Rica, por lo que nunca trató como extranjera a su compañera, porque sabía lo que significaba sentirse una extraña. A pesar del “pánico” inicial que le produjo a la periodista hacer equipo con Dearden, se convirtieron en grandes amigas y socias en Ekaré. “Tiene un gran olfato editorial. Yo siempre creo que los libros que estamos haciendo son todos excelentes, y ella va y dice ‘este sí, este no’. Yo le doy oportunidades a los que están bien escritos e ilustrados. Ella tiene olfato de mercado y lo que funciona de humor”, señala este martes por teléfono.
Al comienzo trabajaron con escuelas de diseño para formar una cantera de ilustradores, buscaron antropólogos y recopiladores de tradición oral, contactaron con jóvenes escritores latinoamericanos que escribieran buenas historias y evitaran los tratamientos edulcorados. “Fue difícil que escribieran sin dejar enseñanzas, sin ser paternalistas. Antes estaban centrados en los modales y ahora el feminismo. El propósito ahí es enseñar, no publicar un libro que tiene un valor literario”, describe Uribe, quien aboga por lo segundo. “Lo maravilloso es que los niños entren a un mundo de ficción que te hace sumergirte en caminos, en aguas, que no pensabas. Describir cosas nuevas. Nosotros damos libertad total al autor para que, en el formato que quiera, cuente una buena historia y eso es muy difícil”, añade.

Pero fueron descubriendo e impulsando plumas que les hacían sentido. La brasileña Ana Maria Machado, por ejemplo, el colombiano Ivar Da Coll, la cubana Alba Marina Rivera, o el español Javier Sáez Castán. También autores e ilustradores chilenos, como Marta Carrasco, Antonio Skármeta y María José Ferrada. Además, han traducido por primera vez a la lengua española nombres como Michael Rosen, Helen Oxenbury y Chris Van Allsburg.
A comienzos de los noventa volvió a Chile la democracia y con ella, Uribe y su marido. Trajo el amplio catálogo de libros que había publicado en Caracas, como Niña bonita, Margarita, La sorpresa de Nandi, La calle es libre o Vamos a cazar un oso. Ya instalada, fundó Ekaré Sur, editorial chilena que desde hace más de 20 años edita libros ilustrados para niños y jóvenes, el grueso de autores chilenos. De ahí han salido títulos como La composición, La otra orilla y La tortilla corredora. Hoy sus tres hijos trabajan con ella y Dearden hace de consultora. Además del sello independiente chileno, desde 2001 existe Ekaré Europa, en España, los que muchas veces se retroalimentan.
En Ekaré Sur publican dos o tres libros al año. “Me concentro profundamente y creo profundamente en cada uno de los proyectos. Los conversamos entre todos, por eso me parece bueno que el reconocimiento sea para la editorial, donde todos participamos, donde escuchamos todas las voces. A veces es difícil, incluso exasperante, pero el resultado es bueno”, apunta. La editorial ha publicado más de 450 libros, de los cuales dos tercios permanecen vivos en catálogo: una rareza en tiempos de sobreproducción de novedades. La Feria del Libro de Guadalajara también destacó a Ekaré “por mantener una reconocida labor de promoción de la lectura durante casi medio siglo y haber construido una sólida trayectoria internacional que ha logrado superar las dificultades derivadas de varias crisis políticas y económicas”.

