La emancipación en San Andrés, una reivindicación de la identidad raizal
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En San Andrés y Providencia la palabra emancipación se escucha más fuerte, se dice más alto. Es la forma en que el pueblo raizal se para frente al mundo y recuerda ese agosto de 1834 cuando entró en vigor la abolición de la esclavitud en el territorio y las personas negras africanas, esclavizadas por los colonos ingleses, iniciaron por fin el camino a la libertad. “Emancipación significa la reivindicación, el reconocimiento de una persona”, decía en 2013 Bill Francis, un destacado líder del pueblo raizal, en el documental Old Folk Tales, que buscaba preservar la memoria histórica de la isla. “Y cuando una persona es reivindicada y dignificada hay que celebrarlo. No es solo un día, sino todos los días”.
Pero esa libertad ha sido un largo y doloroso camino, recuerdan particularmente los mayores de la isla, que desde hace veintiséis años se reúnen durante julio y agosto a rememorar también la lucha por su autonomía. La conmemoración nació en el corazón de Archipielago Movement for Ethnic Native Self-Determination, AMEN-SD, una organización fundada en 1999 con el propósito de defender los derechos humanos y los derechos ancestrales del pueblo raizal. “Decidimos celebrarlo para recordarle al pueblo que ya había conquistado una vez su libertad y que, con unidad y determinación, podía volver a conquistar nuevas formas de libertad y dignidad” asegura Keshia Howard, la coordinadora general de este evento por más de cinco años.
Son días en los que se oyen los cantos de los coros de la primera iglesia Bautista, abunda la comida típica raizal, se ven presentaciones de reggae y calipso y los tradicionales trajes tradicionales africanos cargados de memoria. Como en uno de sus eventos llamado Back to África, las personas raizales celebran su existencia recordando siempre el sacrificio de sus antepasados africanos y reivindicando a quienes les entregaron la tierra, el mar, y la lengua que siguen hablando “aunque el colonialismo quiere obligarla a desaparecer”, explica Howard, que es escritora, lideresa raizal, licenciada en Lengua y Literatura Inglesa y docente de la Universidad Nacional de Colombia, sede Caribe.
La palabra emancipación también es sinónimo de autodeterminación. “Nosotros nos cansamos de celebrar las fechas de las guerras en Colombia y veíamos que otras islas del Caribe conmemoraban su libertad durante todo agosto. Decidimos entonces hacer este derroche de cultura el primero del mes, día en que nuestros antepasados fueron liberados de la esclavitud. Ellos pagaron un precio muy alto para entregarnos el territorio y abonaron esta tierra con sangre, sudor, lágrimas y trabajo forzado”, señala Corinne Duffis, lideresa raizal e integrante de AMEN-SD.
Para Howard, la emancipación no representó únicamente el fin de la esclavitud. Significó que personas que durante generaciones habían sido humilladas y privadas de sus derechos comenzaran a recuperar su dignidad y a construir una sociedad basada en la libertad, el trabajo y la esperanza. Sin embargo, la libertad no borró la injusticia: tras la abolición, los descendientes de aquellos hombres y mujeres libres enfrentaron nuevas formas de exclusión, marginación y desigualdad. “La experiencia de la emancipación en el archipiélago fue distinta a la de muchas otras islas del Caribe. Aquí no se establecieron sistemas prolongados de servidumbre por contrato, ni extensos períodos bajo un régimen de aprendizaje” agrega.
A diferencia de la mayoría del Caribe británico, tras la emancipación, se estableció un régimen de aprendizaje obligatorio mediante el cual los antiguos esclavizados africanos continuaban trabajando para sus viejos amos durante un período determinado antes de obtener su libertad plena. “En el archipiélago, muchos africanos emancipados recibieron parcelas de tierra como forma de reparación o compensación, lo que les permitió comenzar a trabajar de manera independiente y construir su propio futuro”, agrega la lideresa.



Solo una generación después, los descendientes de los africanos emancipados y de sus antiguos amos empezaron a participar, en gran medida, en igualdad de condiciones en el desarrollo económico, el emprendimiento y la construcción de la sociedad insular, explican las lideresas. Conmemorar este día es un recordatorio al pueblo de que la libertad es un proceso permanente. “Yo sigo hablando de colonización, seguimos en un estado colonialista, pasamos por los ingleses, luego los españoles y ahora el pueblo colombiano. Si el pueblo raizal no se une como pueblo nos van a desaparecer. El raizal debe despertarse, necesitamos más unión, el día que el pueblo raizal se una a luchar en un solo cuerpo, nos irá mucho mejor”, agrega Duffis.
La emancipación ahora tiene el desafío del relevo generacional. Por eso gran parte de los espacios académicos involucran a la juventud raizal y a atraer a los niños a su historia. Los jóvenes participan del Poetry Writing Contest, que, de acuerdo con la profesora de secundaria, Orlet O’neill Manuel, promueve el pensamiento crítico sobre su identidad raizal y su ancestralidad; mientras los más pequeños vuelven a los cuentos Anansi, que son considerados el pilar más importante de la tradición oral y la resistencia cultural de la diáspora africana en el Caribe.
“Aún debemos avanzar hacia una verdadera libertad cultural, económica, educativa y mental. No se trata simplemente de conmemorar un hecho del pasado; es reconocer las luchas, los sacrificios y la resiliencia de quienes nos antecedieron, y asumir la responsabilidad de preservar ese legado mientras construimos con mayor autonomía, dignidad y bienestar colectivo” afirma. Para los raizales, la emancipación es un punto de partida.


