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Huijsen condena al Madrid en el derbi ante el Atlético

José Mourinho acudía al Metropolitano a lo que estos últimos años ha sido el test de estrés del final del verano del Real Madrid, pero un agarrón de Dean Huijsen provocó que saltara por los aires cualquier posible prueba del nivel de su equipo medido ante la competitividad extrema del Atlético de Simeone. El central derribó a Giuliano en el área, vio la roja y condenó al Madrid a casi toda la segunda parte con uno menos a merced del apetito del Cholo de seguir haciendo daño. La clásica tensión del derbi devino en éxtasis rojiblanco, gozoso mientras zarandeaba a un Real a la deriva. Grimaldo marcó el penalti y Jonathan David acertó con el segundo. La tarde era tan feliz en el Metropolitano que hasta volvieron a aplaudir al repudiado Julián, que rozó dos goles.

2

Jan Oblak, Alejandro Grimaldo, Marc Pubill (Koke, min. 45), Cristian Romero (Robin Le Normand, min. 88), Dávid Hancko, Marcos Llorente, Johnny Cardoso, Giuliano Simeone, Álex Baena (Ademola Lookman, min. 66), Lee Kang-In (Morten Hjulmand, min. 88) y Jonathan David (Julián Alvarez, min. 61)

1

Thibaut Courtois, Dean Huijsen, Marc Cucurella, Denzel Dumfries, Ibrahima Konaté, Aurélien Tchouaméni (Eduardo Camavinga, min. 70), Arda Güler (Antonio Rüdiger, min. 53), Vinícius Júnior (Yan Diomande, min. 53), Jude Bellingham (Bernardo Silva, min. 81), Federico Valverde y Kylian Mbappé

Goles 1-0 min. 52: Grimaldo. 2-0 min. 58: Jonathan David. 2-1 min. 88: Rüdiger

Arbitro Miguel Ángel Ortiz Arias

Tarjetas amarillas Simeone (min. 5), Pubill (min. 34), Cristian Romero (min. 38), Denzel Dumfries (min. 48), Bellingham (min. 77)

Tarjetas rojas Huijsen (min. 51)

No hubo más, y la grada rojiblanca recibió también su tradicional dosis de angustia después de que Rüdiger embocara un cabezazo y el Madrid se abalanzara al final sobre la portería de Oblak. Sin premio. Regresó a casa con la segunda derrota, quejándose de que Kang-in Lee y el Cuti Romero no vieran roja después de clavarle los tacos a Valverde y Bellingham, y a seis puntos ya del Barcelona con todo el largo parón de selecciones por delante para rumiar el desconcierto que una vez más le procuró el incombustible Atlético del Cholo.

Los derbis son citas siempre volcánicas, intercambio de colisiones, pierna dura y tipos haciéndose sitio con la crudeza del cuerpo a cuerpo. Así se desplegó también esta vez, con posiciones protegidas centímetro a centímetro y pizarras seguidas al pie de la letra. Los vecinos de la capital dispusieron un escenario asfixiante, apenas sin grietas, con precaución extrema y mucha mirada a la espalda. Los cuatro laterales se conducían con una cautela que los constreñía a su propio campo.

Porque con el centro del campo poblado con jugadores muy sólidos, no especialmente creativos, el duelo parecía que solo podría abrirse por las bandas. El Atlético trataba de explotar el costado de Cucurella y Vinicius. Simeone juntaba por allí a Giuliano, Llorente, Kang-in Lee, a veces Baena, y otras se acercaba hasta Grimaldo, aunque menos que otras tardes.

El Madrid y el Atleti se rascaban mucho, pero se amenazaban poco. O se rascaban mucho y así permitían poca amenaza. El primer tiempo se cerró con un único tiro a puerta, un lanzamiento lejano de Güler que se sacó de encima Oblak. El primer acto dejó más pendencias que juego. Simeone había decretado cautela. Empezó con Llorente y Cardoso en el medio, mientras Koke contemplaba la refriega desde el banquillo.

Sin el capitán, y con Barrios lesionado, al Atlético le faltaba fluidez, una frecuencia que tampoco sintonizaba el Madrid pese a los intentos de Güler de desencuadernar al contrario. Pero ni uno ni otro hilaban. Ni uno ni otro permitían fugas. Vinicius y Mbappé no encontraban la vía para pisar el acelerador.

A Simeone le bastó con el primer tiempo de acertijo posicional. Tras el descanso, envió a Koke al campo. Sacó a Pubill, colocó a Llorente en el lateral derecho y el capitán empezó a avivar el encuentro con maestría. En poco más de dos minutos habían tirado a puerta Baena y Grimaldo, que se toparon con Courtois. Con Koke todo era distinto. Funcionó como interruptor para que el Atlético se lanzara a por el Madrid, que recibió la avalancha con pasmo.

Ya todos se atrevían. Hancko lanzó un balón largo a la espalda de la defensa, Giuliano le ganó la posición con un fogonazo de velocidad a Huijsen. Cuando el argentino entró al área solo tenía enfrente a Courtois. Y allí le derribó el central. El árbitro pitó penalti, le sacó amarilla y luego, roja, reconvenido por el VAR. Antes de que Grimaldo acertara con la pena máxima, el partido ya había emitido todas las señales posibles de que había saltado por los aires de manera definitiva.

Mourinho retiró a Güler y Vinicius y metió a Rüdiger y Diomande. Los cambios no solo no sirvieron para responder al gol del Atlético. Tampoco ayudaron a que el Real se recompusiera y aplacara al equipo del Cholo, que quería más. Y llegó más, de nuevo a partir de una carrera de Giuliano, esta vez más pegado a la banda derecha, desde donde asistió a Jonathan David, que lleva tres goles en tres partidos de rojiblanco.

El Madrid estaba sonado y Simeone quería seguir castigándole. En ventaja y con un futbolista más, optó por meter a Julián, silbado por el Metropolitano como los peores adversarios. Le cayó muy pronto una pelota para la redención, el despeje de una parada formidable de Courtois a un cabezazo de Romero. Pero Rüdiger sacó de cabeza el remate y pospuso la reconciliación, que hasta eso llegó en la tarde de éxtasis rojiblanco en la que se derretía el Madrid. Después de su siguiente tiro, el Metropolitano volvió a aplaudir a Julián. Y no fue la única vez. El argentino rondó el gol, que no llegó y abrió una breve ventana al arreón final del Madrid. Bernardo puso una falta en la cabeza de Rüdiger, el alemán acertó con la red y el Real se lanzó durante el añadido a un imposible. El Atleti tembló, pero no se derritió, y dejó al Madrid sonado, con más preguntas aún de las que ya traía.


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