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Ferran Torres, el héroe del Mundial regresa a su pueblo, Foios



Ferran Torres era un futbolista muy conocido. Ahora es una estrella mundial. Hace unos días, harto de una agenda sin fin, salió del hotel en Nueva York y se fue a dar un paseo con Vicent, su amigo del alma, por Central Park. Los corredores lo veían, lo reconocían y se paraban para decirle: ‘You are the guy!”. El autor del gol que convirtió a España en campeona del mundo en el MetLife apura una vida frenética antes de volver a convertirse en futbolista el miércoles, el día que se incorporará a la disciplina del Barcelona, si el Paris Saint Germain no lo impide.

Antes de desempolvar las botas ha tenido tiempo de celebrar el título en Madrid, de vivir las vacaciones más populares del verano en Ibiza junto a Marcos Llorente, de hacer una breve tournée por Estados Unidos de la mano de su patrocinador, Under Armour, y de volver a su pueblo, a Foios, ascendido ya a la categoría de héroe. En esta pequeña localidad valenciana de L’Horta Nord se dio un baño de multitudes ante miles de personas a quienes no importó un calor apabullante.

El Xiquet de Foios aterrizó en Madrid por la mañana y rápidamente cogió un avión privado para llegar a tiempo a su encuentro con el presidente de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca. Allí, en el Palau de la Generalitat, se anunció que el futbolista será embajador de la Comunitat Valenciana. “Pero Ferran puso una única condición, no cobrar por ello”, desveló Pérez Llorca.

La locura llegó por la tarde. Carreteras colapsadas, vagones de metro atiborrados de aficionados, vecinos de Foios haciendo cola desde varias horas antes. Los jóvenes han rescatado las camisetas de España. Las de una estrella. No parece que estén dispuestos a hacer otro gasto para llevar la segunda. Al menos hasta 2030. También se ve alguna del Barça. Y hasta un par del Valencia, de donde salió Ferran cuando aún se iba con mascarilla. El gentío espera paciente a las puertas del polideportivo. Es como si el eclipse se hubiera adelantado en Foios.

A las seis y media en punto, un detalle con la marabunta que se defiende con paraguas del sol abrasador, atruena la canción de El Tiburón, flotan en el aire los papelitos rojos y amarillos, y Ferran Torres, pantalón blanco, camiseta negra, sube al escenario donde una pantalla lanza imágenes del jugador bajo un lema en valenciano: ‘Que gran és ser de Foios’. En primera fila, su familia, sus amigos y hasta el Soro, el matador, el hombre más famoso del pueblo hasta que irrumpió el delantero. El animador del acto le pregunta qué supone para él ser de Foios y Ferran remata tan rápido como aquel día en el minuto 106 del partido de su vida. “Es fácil de resumir: es el pueblo perfecto”.

Luego contará que la mañana del partido mandó un mensaje al grupo de WhatsApp que tiene con los amigos y la familia. “Les dije que tenía el feeling de que iba a ser protagonista”. La noche anterior, un témpano de hielo, durmió nueve horas. Luego llegó el partido y el momento en el que Luis de la Fuente le dio entrada. “Se pasan más nervios cuando estás fuera que cuando estás dentro. Yo estaba disfrutando como un niño. No puedes desaprovechar la oportunidad . Cuando el balón se me quedó ahí botando, entendí las palabras de Iniesta, eso de que el mundo se para. Estábamos el balón y yo solos. Sentí una fuerza que no había sentido antes y era el gol de todo un país”.

Ferran Torres, a ratos futbolista, a ratos sex symbol, recordó la anécdota con la princesa Leonor, que le preguntó si se iba a cortar el pelo. El delantero miró al público y le preguntó si querían que lo hiciera. La respuesta fue unánime: el pelo largo, el corte que le sugirió hace meses su peluquero, Nando Díaz, no se toca.

Esa media melena le ha llevado a la portada de Vogue, a Men’s Health. En Estados Unidos ha comprobado la dimensión de su fama. El saque de honor en el mítico estadio de los Yankees de béisbol. Un entrenamiento de los Baltimore Ravens de fútbol americano. Entrevistas en la CNN, la NBC y la ESPN. “Intento estar tranquilo y no perder la cabeza”, le contó a Vogue. No es fácil mantenerse anclado. Por eso habla uno o dos días por semana con el psicólogo con el que trabaja desde hace cuatro años. No es fácil. Allá por donde pasa, todo el mundo le recuerda que es el futbolista de moda. Aunque en Foios, un poco más.



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